Si la presencia de todo un outlaw del nuevo Country como Jack Grelle en nuestros escenarios ya era una cita ineludible para los amantes de la música americana de raíces, el formato acústico, íntimo, en un lugar pequeño y acogedor como el Restaurante Cinc de Santa Coloma de Gramenet y al mediodía, hacían que el concierto fuera algo inusual y extraordinario. Jack Grelle viene de Missouri y lleva una maleta cargada del sonido de los outlaws del Country de los setenta, de honky Tonk y sonido Bakersfield.
El concierto fue tranquilo y relajado, con algunos ramalazos más roqueros y Jack Grelle estuvo muy simpático y cercano, paciente también con los parloteos del público y los juegos de algunos críos que le miraban un tanto intimidados.
Tocó los mejores temas de sus dos últimos discos, centrándose sobretodo en el excelente Steering meaway. Sonaron temas como Four doors, Don't follow a line, Forgot about the rain, la preciosa Winter wind, Only in my dreams, Tired hands, Hooked on your lovin', Chase you 'cross this country, Simpleneeds, Santa Fe,Hard thing to describe o Turnpike boogie. Tuvo tiempo también para brindarnos alguna versión como Gamblin' man de Woody Guthrie o la festiva Guitars, Cadillacs del gran Dwight Yoakam.
Buen concierto que nos ha dejado con ganas de más, esperemos verle pronto de regreso y respaldado por una banda a la altura de su talento.
Agradezco a Sergio Mas las fotos, las he utilizado porque evidentemente eran mucho mejores que las mías.
De manera íntima, solo en el escenario
y en acústico. Así hemos tenido oportunidad de ver a RichRobinson en esta gira. Mientras Rick
Astley agotaba entradas en la sala grande de Apolo
(para gustos...), en la pequeña unos cuantos afortunados teníamos
ante nosotros, y en las distancias cortas, a un músico de verdad; el
alma, junto a su hermano Chris, de los
Black Crowes. Garantía de calidad.
Estando él solo a la voz y guitarra,
el concierto corría peligro de convertirse en monótono o aburrido.
Tampoco su discografía en solitario, pese a ser destacable, no
alcanza el nivel conseguido con la banda de su vida. Pero la verdad
es que la noche pasó en un suspiro y no creo que nadie saliera
decepcionado de la sala. La relectura acústica de sus
canciones resultó sobresaliente, y Rich,
mostrándose comedido y poco locuaz, tampoco es un personaje huraño
como Bob Dylan o VanMorrison, que apenas miran a su público.
Hubo alguna broma por su parte, y al marcharse del escenario nos
emplazó para una futura gira el año próximo.
Evidentemente, hizo un repaso a su
trabajo en solitario, con Down the road, I have a feeling,
It's noteasy, Bye bye baby, Lost and found
(que mencionó como una de sus favoritas) o Trial and
faith, entre otras. Tampoco podía faltar algún recuerdo a los
Crowes, como esa preciosidad llamada OhJosephine. Y tratándose del señor Robinson,
gran aficionado a la música que tanto nos gusta, todos esperábamos
alguna versión. Y las hubo, claro, empezando por Dylan
y When I paint mymasterpiece, enlazada con Girl
from the north country. O el Glad and sorry de los Faces.
O el guiño a Zeppelin con Blackwater
side. Como siempre, derrochando clase en cada nota.
Un placer haber podido disfrutar de
esta gira de un músico excepcional. Sin banda pero llenando
por sí solo el escenario.
Lunes noche. Después del concierto de
los Waterboys las horas de sueño serán escasas, pero al día siguiente
la gran Stacie Collins toca en Rocksound. ¡Qué importa robarle más
horas al descanso! ¡Este espectáculo no nos lo podemos perder!
Es difícil decir algo que no se haya
dicho ya sobre los conciertos de esta mujer. Es una verdadera bestia
escénica que parece imposible de parar. Desde la primera canción se
deja la piel, para estar durante dos horas al mismo ritmo, y encima
tener luego las ganas de charlar, firmar y hacerse fotos con todo
aquel que se acerque a pedírselo. Para mí es un ejemplo.
Con nuevo disco en el mercado, Roll the
dice, el concierto fue lo que esperábamos: una sucesión de temas
vigorosamente interpretados por ella y su banda, con su marido, el
bajista Al Collins al frente. Fogonazos rockeros en nuestra cara,
como Lost & found, King of Rock, Carry me away, Top of that
mountain o Hey mister. Acertadísimas versiones marca de la casa,
cantadas por todos los miembros de la banda: Keep your hands to
yourself, de los Georgia Satellites (recordemos que Dan Baird es
amigo y colaborador de Stacie), Fire de Jimi Hendrix, un medley de
Jimmy Reed, un Baby pleasedon't go antológico, mezclado con Shakin'
all over, y como remate final, recuerdo a AC/DC y su It's a long way
to the top (if you wanna Rock'n'Roll). Para dejarnos sin resuello.
Y sí, nos habríamos podido ir a dormir un rato antes, pero si Stacie aguanta dos horas cantando, saltando y tocando la armónica a ese ritmo, lo último que debemos hacer es quejarnos. Podemos considerarnos afortunados por tenerla aquí en cada gira.
Ya hacía unos cuantos años desde la
última vez que pude ver a los Waterboys, y debo reconocer que el
grupo de Mike Scott es uno de mis favoritos de siempre. Además,
venían presentando un buen disco, como es Modern Blues, así que las
ganas por verlos sobre un escenario eran inmensas. Y no era el único,
viendo como estaba de llena la sala Barts.
Actualmente, Mike se ha rodeado de una
banda de lujo. Además de su intermitente compañero, el violinista
Steve Wickham (muy aplaudido), hay que destacar al veterano bajista
David Hood, del mítico Muscle Shoals Sound Studio, o al
simpatiquísimo "Brother"Paul Brown al teclado, todo un espectáculo
durante las casi dos horas que duró el concierto. Un verdadero personaje.
Freddie Stevenson ejerció de telonero.
Buenas canciones en formato trío por parte de este amigo de Mike
Scott, aunque su set durara apenas unos veinte minutos. Le seguiremos
la pista.
The Waterboys dieron un amplio repaso a
Modern Blues, combinado con un buen puñado de los clásicos que
conocemos. Así, de la misma manera que abre el disco, Destinies
entwined abrió la velada, seguida de la también reciente Still a
freak. Rápidamente pudimos comprobar como las canciones nuevas
suenan aún mejor en directo. El siguiente tema, con Mike al teclado,
fue A girlcalled Johnny, que se convirtió en el primer momento
emocionante de la noche, al que siguió el fenomenal We will not be
lovers. Más temas nuevos, como Nearest thing to hip y Rosalind (you
married the wrong guy), para disfrutar con ese cañonazo llamado
Medicine bow y de Glastonburysong. Luego, el bonito I can see Elvis
y su tema por excelencia, The whole of the moon, en el que Mike y
Paul Brown nos obsequiaron con unos divertidos bailes. Para terminar,
un Don't bang thedrum en el que la presencia de la banda en escena
se redujo únicamente a Mike y Steve Wickham, y el épico Long
strange golden road, que cierra también su último disco. En el bis,
el otro clasicazo de la banda, Fisherman's Blues, seguido de un
divertido momento en el que se felicitó el cumpleaños de David
Hood, con todos los componentes habiéndose intercambiado sus
instrumentos (la verdad es que a unos se les vio más acertados que a
otros). Y como gran final, su emocionante versión del Purple rain
de Prince. Triunfo total y público entregado.
Aunque a Mike Scott ya se le vea mayor,
se sigue manteniendo bien de voz y de forma, grabando buenos discos y
ofreciendo buenos conciertos, como éste de Barcelona. ¿Qué más
podemos pedir?
Una verdadera exquisitez la visita de
The Delines, supergrupo con miembros de bandas como Richmond
Fontaine, The Damnations, The Decemberists o The Minus 5. Una noche
deliciosa de principio a fin por parte de cinco músicos veteranos y
con mucha clase. ¿Americana? ¿Country Folk? No importa. La velada
era para dejarse llevar y no pensar en etiquetas.
Apolo 2 presentaba una media entrada
(cierto es que tocaba competir con el fútbol) de un público
absolutamente respetuoso con la música intimista y reposada que
provenía del escenario. Hecho extraño el no tener que estar con el
fastidioso murmullo habitual de los conciertos. La escasa iluminación
también contribuía a la sensación de estar en el salón de tu casa
disfrutando de la música de la banda, que venía con su disco Colfax
bajo el brazo, a la espera ya próximamente de su segunda entrega.
He don't burn for me sirvió para dar
inicio a la noche. Bonita voz de Amy Boone, ideal para las bellas
canciones compuestas por el zurdo guitarrista, WillyVlautin, el verdadero artífice de este proyecto. Sin
querer entrar en comparaciones, por momentos me venían a la cabeza
los CowboyJunkies, o incluso Lucinda Williams en su faceta más
relajada. A la segunda, con Colfax avenue y sus preciosos coros ya
nos ganaron definitivamente para la causa. Y más: Wichita ain't so
far away, Coolyour jets o un tema, Ride on Freddy, cantado por el
simpático bajista, Freddy Trujillo, dedicado al desaparecido músico
Freddy Fender. Todo ello a un nivel muy, muy alto, que nos hizo
olvidar por completo la ausencia de Jenny Conlee-Drizos, de The
Decemberists, de la cual desconozco el motivo. Y es que todos los
músicos eran capaces de captar por igual nuestra atención, en un
concierto para paladares finos.
Al finalizar, entre sonrisas, firmas y
fotos, la promesa de un retorno y de su próximo trabajo
discográfico. Lo estamos esperando.
Probablemente con Enuff ZNuff tengamos
uno de los ejemplos más claros de lo que se conoce como una banda de
culto, por lo menos a este lado del Atlántico. Con un buen puñado
de espléndidos discos grabados, cargados de canciones memorables de
sonido Beatles y Cheap Trick que podrían darles un éxito masivo,
pero....la nada. Por aquí ya hace años que vienen girando
habitualmente, aunque sin su carismático cantante, Donnie Vie. Y de
repente, en verano y de manera inesperada salta la noticia: ¡Donnie
Vie en Rocksound! Desde luego, no iba a ser servidor quien dejara
escapar semejante evento. La noche prometía, y mucho.
El concierto sería en formato dúo
junto a su colega Baz Francis, quien también ejerció de telonero.
Media hora él solo mostrando su música, sin duda influenciada
también por los cuatro de Liverpool. Interesante. Eso sí, se trata
de un hombre con un más que dudoso gusto en lo que a imagen se
refiere, con un peinado propio de una película de Mad Max y una
indumentaria imposible de describir. Un tipo simpático, eso sí, y
que luego cubriría perfectamente las espaldas al protagonista de la
noche.
Donnie se presentó en una baja forma
física evidente. Con una pierna lesionada, algo pasado de peso y con
problemas en las manos cuando ya llevaba un rato tocando la guitarra.
Aún así, sacó adelante el concierto y nos obsequió con una velada
inolvidable. No hubo más que ver la ovación final, que fue de
traca. El bis, en esta ocasión, se convirtió en algo más que
obligado. Y es que menudo repertorio. Mucho tema de sus discos en
solitario, con especial hincapié en su último trabajo, The White
Album (otra vez los Beatles). Sonaron, entre otros, Spider web,
Better love next time o You're my favouritething to do. Y mucho tema
también de su banda madre, con clásicos como el maravilloso Baby
lovesyou, New thing, Fly high Michelle o el coreadísimo Right by
your side. Y para acabar, sentado al piano para interpretar Imagine
(sí, el de Lennon. Más Beatles) Un momentazo tras otro.
Al finalizar, a Donnie se le veía
cansado pero feliz. Otros estábamos deseando ponernos a escuchar una vez más
esas joyas inmortales en las que su participación ha sido básica.
Uno de los mejores conciertos de Blues
que he visto en mi vida fue el que ofreció Joe Louis Walker junto a
sus Bosstalkers en Luz de Gas...¡en 1995! Dios, qué rápido pasa el
tiempo. Aquella noche fui por curiosidad, sin conocer en absoluto a
este músico, y la verdad es que salí de la sala con la boca abierta
ante la exhibición que ofreció al lado de su banda. Unos años más
tarde repetía en Apolo, y ahora, mucho tiempo después, y ya sin los
Bosstalkers, lo teníamos bien cerca en el entrañable Jamboree por
dos noches consecutivas. Aquí comentaremos la primera de ellas.
A la llegada a la sala, nos encontramos
al guitarrista ya en el escenario preparándose, y la verdad es que
estaba muy serio y daba un poco de miedo. Nada más lejos de la
realidad. Durante toda la noche estuvo de lo más simpático, tanto
él como el resto de la banda, repartiendo sonrisas y comentarios
graciosos todo el tiempo. De hecho, se mostraron de lo más cariñosos
con una señora de avanzada edad (probablemente superaba los 80 de
largo) que disponía de una silla en primera fila. Imagen curiosa
para un concierto.
Unos minutos más tarde de la hora
prevista, ahí teníamos en escena a Joe Louis Walker, ataviado con
una camisa que le encantaría al personaje de Charlie Sheen en la
serie Dos hombres y medio, contrastando con la elegancia del teclista
Philip Young y el batería Byron Cage. El bajista Lenny Bradford iba
más informal, como su jefe. Tras cuarenta minutos de concierto, y
cuando ya estábamos metidos de lleno en faena, nos obsequiaron con
un larguísimo parón. No sé si se trata de una imposición por
parte de la sala para que la gente consuma, pero es algo que no
comparto en absoluto. En fin, a la vuelta tuvimos hora y cuarto más
de buen Blues para disfrutar. Temas como I'm not messin'around, Jack
of diamonds, Don't let go, In the morning when I rise o el tremendo
Soldier forJesus no se olvidan. Como tampoco la maestría a la
guitarra del señor Walker, su simpático paseo entre el público
cantando y tocando la armónica sin micro, o el lucimiento estelar
del enorme Philip Young cuando cogió el saxo. Soberbio.
Varios recuerdos a B. B. King durante
la noche y emplazamiento para el día siguiente, que según dijo,
tocarían las mismas canciones en diferente clave. Un tipo cachondo,
y un excelente músico, pese a no encontrarse entre los más
reconocidos de su género. Pero ahí sigue, y que sea por muchos
años.
Una verdadera apisonadora. Eso podríamos decir que fue el paso
de Little Caesar por un Razzmatazz 3 que, desafortunadamente, no se
acabó de llenar para ver a esta banda de culto. Aparecidos a finales
de los 80 en Los Angeles, grabaron un primer álbum homónimo que es
una auténtica joya de Hard Rock, con un buen puñado de canciones
irresisitibles. Después vendrían cambios de formación, nuevos
discos y la inevitable disolución. Ahora, los tenemos de nuevo
grabando, girando y en muy buena forma, visto lo visto.
Sí es cierto que viendo imágenes de
veinticinco años atrás, su cantante Ron Young parece haber
envejecido muchos más. Pero pese a ello, mantiene intactos el
carisma y la fuerza escénica. Y es que con temas como Rock'n'Roll
state of mind, Hard Rock hell, Down and dirty, Rum and coke o su
clásica versión del Chain of fools de Aretha Franklin resulta
difícil fallar. Son un tema adictivo detrás de otro. Además
interpretados todos ellos con pasión, entrega y energía. Eso por no
hablar de los diversos duelos de guitarras, que resultaron
espectaculares en algunos casos. Y todo ello con un RonYoung que,
aunque se le vea mayor, supo meterse al público (ya de por sí
bastante fiel) en el bolsillo de manera evidente. La única pega fue
verle en la recta final de la noche mirando continuamente el reloj,
se supone que para cumplir con el horario de la sala. Quizá de no
ser por ese impedimento habrían hecho un set más allá de la hora y
media que duró.
Gran noche de Rock'n'Roll con una banda
verdaderamente genuina. Un secreto muy bien guardado.
Idilio el de la irlandesa Imelda May con nuestras tierras. Ya son unas cuantas las visitas que ha realizado y su legión de seguidores ha aumentado de manera evidente. De hecho, Apolo presentaba una gran entrada, motivo de alegría para todos, porque esta mujer se lo merece.
Desafortunadamente llegamos a la sala en los instantes finales de la banda telonera, el trío Los Locos del Oeste, último proyecto del guitarrista Mario Cobo (desde luego este tío no para). Otro grupo a seguir, teniendo en cuenta el marchamo de calidad que imprime este hombre allí donde va. La próxima vez no se nos escapará.
Lo de la Imelda ya empieza a ser de otra liga, y el concierto que nos ofreció resultó espectacular. Su sola presencia sobre el escenario ya resulta cautivadora, con su elegancia, su simpatía, su saber estar y sobre todo su torrente de voz. Además, lleva consigo una banda que no le queda a la zaga, arropándola en todo momento a la perfección. Al inicio con el tema que da título a su último trabajo, Tribal, ya se metió a la gente en el bolsillo, y conforme se iban sucediendo los temas, la comunión artista-audiencia iba en aumento. Con Big bad handsome man, Love tattoo, Hellfire club, It's good to be alive (grande), Psycho o el inevitable Johnny got a boom boom nos quedamos todos rendidos a Imelda y su mezcla tan bien llevada de Rockabilly, Jazz o Blues. Hubo recuerdo para sus principales influencias, y según nos contó, Willie Dixon es una de las más importantes, y así arrancó con una majestuosa versión de Spoonful. De todas maneras, el momentazo de la noche llegó en el bis, con el simpático bajista Al Gare tocando el ukelele sentado junto a Imelda en el contrabajo. Así realizaron unas relecturas de Bang bang (my baby shot me down), de Cher, y del Dreaming de Blondie, que convirtieron en dos preciosidades, especialmente la segunda. Inolvidable. El idilio continúa, y después de conciertos como este, no hay duda de que seguirá así por mucho tiempo y aumentará el número de seguidores de esta gran dama. Que así sea.
Toda una sorpresa esta banda. Según dicen ellos mismos hacen Rock'n'Roll, Blues y Soul, pero la verdad es que a mí
personalmente me resultan bastante inclasificables. Sí, de
Rock'n'Roll acelerado hay bastante. También gotas de Blues
pantanoso. Incluso por momentos, viendo su directo me parecieron
bastante cercanos al universo Tom Waits, algo a lo que ayuda bastante
la voz rota de JohnRandall, claro. Otros que me vinieron a la cabeza fueron Left Lane Cruiser, tanto por el tipo de banda como por la música y la fuerza con que la defienden sobre las tablas.
En escena resultan ser todo un
espectáculo. Prácticamente todo el tiempo a dos voces, con Randall como guitarrista, más la saxofonista Kellie Everett y Andy Rehm,
un batería que toca siempre de pie, lo cual debe resultar bastante
agotador, la verdad. Entrega de principio a fin, con chorros de sudor
ya desde el primer tema, un Missouri boy que es todo un puñetazo en
nuestros morros. Bonita manera de dar inicio a una noche que no tuvo
freno. Aunque el final no se quedó atrás, con los tres cantando a
capella, sin instrumentos, haciéndonos cantar también a la
treintena escasa de personas que allí estábamos. Highway sound, Old
baby Blues, Monkeyhead, Leave me alone......sin descanso, un tema tras otro, un cañonazo
tras otro. Así durante casi dos horas, que aún podían haber sido
más, porque si nosotros lo pasábamos bien, al trío protagonista se le
veía disfrutando, en su salsa.
Gente cercana, que hace la música que
le place, y que le importa lo mismo tocar ante treinta personas que
ante dos mil. Como debe ser, por supuesto.
Y Kiss volvieron a nuestra ciudad. Una de las bandas más icónicas de la historia, amada y odiada al mismo tiempo. Por mi parte, el amor hacia los neoyorkinos es absoluto, interesándome muy poco las habituales críticas de los de siempre, hecho que me convierte en una persona más feliz. Porque sí, si hay un grupo capaz de hacer felices a sus seguidores, ése es Kiss. Nos sabemos de memoria los números habituales de su directo, con Gene cantando a varios metros de altura; con Paul paseándose en tirolina sobre el público; con la guitarra de Tommy Thayer echando chispas; con el confetti....¡pero todo eso nos encanta! Y que sea por muchos años. Personalmente, pienso que cualquier persona mínimamente interesada en espectáculos en vivo debería ver, por lo menos una vez en la vida, a Kiss, a los Stones, a Springsteen y a AC/DC. Pese a que los conciertos en estadios y pabellones no son lo que prefiero, los considero a todos ellos imbatibles sobre un escenario y dignos de verse. Es mi opinión personal. Sí es cierto que el Sant Jordi no llegaba al lleno ni de lejos, aunque probablemente el precio de las entradas también colaborase en ello. Parece ser que seguimos pensando en que estos espectáculos son sólo para ricos. Lástima. Teloneros de lujo para una banda de lujo. The Dead Daisies abrían la velada con su potente HardRock. Se trata de un supergrupo que según tengo entendido va cambiando habitualmente de formación. En esta ocasión venían con el gran John Corabi a la voz, Marco Mendoza al bajo, Richard Fortus y David Lowy a las guitarras, Dizzy Reed a los teclados y Brian Tichy a la batería. Seguro que más de uno de estos nombres os suena. Y sí, ya sabemos de la dificultad de salir como teloneros en un recinto grande, pero la verdad es que cumplieron a la perfección y nos dejaron para el recuerdo una salvaje versión del más salvaje tema de los Beatles, que obviamente es Helter Skelter. Bravo por ellos. Aproximadamente quince minutos antes de la hora anunciada (???) Kiss aparecían en escena tras las clásicas palabras de introducción y la caída del telón. Saliendo a matar, con la batería de Eric Singer elevada, tocando Detroit Rock city con abundante pirotecnia y continuando con otro himno inmortal, como es Deuce. Rápidamente pudimos comprobar que el estado vocal de Paul Stanley se encuentra lejos de su mejor momento, algo que también vimos con Billy Gibbons en Azkena dos días antes. El tiempo no perdona. Psycho circus y Hell or hallelujah fueron los únicos temas que tocaron de sus trabajos más recientes, basando el set en su etapa de los 70 y los primeros 80. Y menudo set: I love it loud, Do you love me, Calling dr. love, Lick it up, Cold gin, Love gun o Black diamond, entre otras. En las dos últimas con Paul cantando en una plataforma en mitad del público. Y menudo bis: mi adorada Shout it out loud, Iwas made for lovin' you y el clásico final de Rock'n'Roll all nite y sus millones de papelitos de confetti. Maravilloso. Con las notas de God gave Rock'n'Roll to you II sonando de fondo, abandonábamos el Palau con una sonrisa en los labios y el olor a pólvora envolviéndonos. Y pensando: que esto no se acabe nunca. Kiss forever.
Tras el paréntesis del año pasado, los que formamos parte de
la familia de bcnenconcierto volvemos a reencontrarnos con nuestro festival
favorito. Es cierto que ya no dura tres días, que la calidad de los nombres que
lo componen no es la de hace unos años, pero también es verdad que el cartel
era más atractivo que el del año pasado y que echábamos de menos la
hospitalidad y los encantos de VitoriaGasteiz.
Este año se han retomado los conciertos en la plaza de la
virgen Blanca, algo que es todo un acierto al acercar el festival a la ciudad y
establecer una comunión que crea ambientes únicos. El Viernes al mediodía el
francés Nico Duportal & his Rhythm Dudes llenaron la plaza de Rhythm and
Blues y Swing en un mediodía lluvioso pero acogedor; afortunadamente la lluvia
no volvió a hacer acto de presencia en todo el fin de semana; estuvieron
correctos, voluntariosos y simpáticos pero la lluvia les resto público y calor. Bien para empezar el día.
Entramos al recinto de Mendizabala bajo los acordes
Rockabilly de los gallegos Mad Martin trío, pero nuestro primer concierto de
verdad correspondió a los holandeses Sven Hammond, tienen grandes canciones, su
último disco es muy bueno, pero por la razón que fuera no acabaron de ofrecer
un gran concierto, estuvieron correctos sin más, algo que arreglarían de sobras
al día siguiente cuando arrasaron la plaza de la virgen Blanca.
Una cosa que ha acabado por resultar bastante frustrante han
sido los solapes entre conciertos, es doloroso tener que escoger entre dos
conciertos que te interesan; el primero de ellos hacía que el Rock y Power Pop
de los australianos The Dubrovniks compitiera con el Rock de nuevo cuño que
facturan los neoyorkinos The Last Internationale. Escogimos a la banda del
guitarrista Edgey Pires y la bajista y vocalista Delila Paz, y nos ofrecieron
un intenso concierto donde interpretaron los temas más rockeros que componen su
primer álbum We will reign, como Wanted man, 1968, o Life, liberty,and the
pursuit of indian blood; además de una personalísima versión de la stoniana
Sympathy for the devil; gran concierto de un grupo con ganas de comerse el
mundo y de ganarse con su entrega a un público que mayoritariamente no les
conocía, Delila además de simpatía y belleza nos ganó con una voz espectacular,
gran banda, habrá que seguirles la pista. A continuación nos dirigimos al
escenario principal para ver a JD McPherson acompañado de una muy buena banda
en un concierto de Rock n’Roll clásico con aires blueseros y Rockabillys, gran
concierto y buena actitud que tuvieron que luchar con el mal sonido inicial
para ganarse al público, lo del sonido de ésta edición es algo que debería
mejorar en las próximas ediciones. El corazón y la nostalgia nos llevó a ver a
D-Generation en detrimento de los también interesantes The White Buffalo, y la
banda de Jesse Malin, Danny Sage, Howie Pyro y compañía no nos defraudó,
salieron a matar, enérgicos y cercanos a
un público que les quiere y que añoraba su presencia. Punk Rock de primera y
auténticos trallazos como No way out, Capital offender, Scorch o Degenerated;
anuncian nuevo disco y continuidad para la banda, a ver si es verdad.
Del concierto de Television salimos con sensaciones
agridulces, por un lado un auténtico grupazo ofreciendo una obra maestra como
Marquee Moon, buen sonido y ejecución sobria, aunque algo fría y distante por
parte de Tom Verlaine y los suyos; por otro lado la sensación de que una
propuesta como ésta sería mucho más disfrutable en una sala, fuera del marco de
un festival. De todos modos fue un
auténtico placer disfrutar de la guitarra marciana del señor Verlaine y de unos
temas capitales para entender todo el Rock que surgió después.
En la coincidencia de los conciertos de los canadienses
Black Mountain y Lee Bains III & and The GloryFires, nos decantamos por los
primeros, y la verdad es que no pudimos haber escogido peor, BlackMountain
venían por primera vez a España, poseen un sonido personal dentro del Rock con
ramalazos progresivos y muy buenos temas, entonces no entiendo que escogieran
un repertorio tan aburrido y que no se entregaran en sus interpretaciones para
ganarse a un público que les esperaba con muchas ganas y que salió claramente
decepcionado. Por el contrario en los
escasos veinte minutos en los que estuve presente en el concierto de Lee Bains me encontré con
una banda rockera dándolo todo para ganarse a un público que cayó rendido a sus
pies, insultantemente jóvenes y descarados se vaciaron en una gran actuación,
lástima no haber podido disfrutar de su concierto entero.
ZZ Top ofrecieron un concierto disfrutable pero
decepcionante, con un repertorio como el que tienen deberían arrasar en
directo, pero ya hace tiempo que ofrecen actuaciones correctas, sin más; además
un sonido bajo restó contundencia a unos temas que forman parte de la historia
del Rock, pero que han vivido días mejores; Billy Gibbons estuvo simpático,
pero lleva abusando de las mismas gracias desde hace muchos años. El repertorio
fue el esperado con La Grange, Sharp dressed man, Legs, Gimme all your lovin’ o
Tush como temas más destacados. Hay que exigirles más.
El colofón para la primera jornada de festival no pudo ser
mejor, L7 volvían después de muchos años y la verdad es que no sabíamos muy
bien lo que nos íbamos a encontrar, pero nuestras dudas se disiparon
rápidamente en cuanto Donita Sparks, Suzi Gardner, Jennifer Finch y Demetra
Plakas saltaron al escenario alegres, risueñas y con una energía, unas ganas y
un repertorio que hicieron palidecer al resto de actuaciones del día. Arrancaron con Deathwish, Andres y
Everglade en un arranque sensacional, continuaron con temas como Monster,
Scrap, Fuel my fire, Diet pill, (Right on)Thru, Freak magnet, One more thing,
I need, Slide, Shove, Mr. Integrity y Shitlist; brutales, para el bis dejaron
la versión de Eddie & The Subtitles American society, el clásico Pretend
we’re dead y Fast and frightening. El primer día no podia acabar mejor.
Un Sábado espléndido nos acogió en la plaza de la virgen
Blanca, y allí Sven Hammond triunfaron por todo lo alto en uno de los mejores
conciertos de ésta edición del Azkena, mucho más cercanos, concisos y certeros
que el día anterior pusieron a toda la plaza a bailar con un Soul garajero que
nos contagió su buen rollo a todos, el final del concierto con el escenario
repleto de público bailando y cantando con ellos es una de esas imágenes
imborrables de ésta edición de Azkena. Sven Figee, TimEijmaal, Gaddum Glenn
jr., Joost Kroom y el vocalista Ivan Perotti dieron una lección no sólo de
buena música, demostraron cómo hay que ganarse a un público que en su mayoría no te conoce. The Usual suspect, Empire o Happy people nos dejaron con ganas de
más. Deseando verles en una sala.
El Psychobilly de los daneses Powersolo nos recibió en
Mendizabala, pero el primer concierto del día para nosotros fue el de la banda
de Jesse Hugues Eagles of death metal, que bajo un sol de justicia y peleando
con un sonido infame derrocharon simpatía con su Hard Rock simple y divertido,
tuvieron como invitado en un tema al guitarrista de Mastodon Brent Hinds, pero
sólo consiguieron sonar decentemente en los últimos temas, una pena. Todo lo
contrario que Cracker, que nos dejaron encandilados con un sonido limpísimo y
unos temas Country Rock que supieron a gloria en un día marcadamente metálico,
la única pega para el concierto estaría en el horario tan tempranero para una
banda clásica como ellos. David Lowery y Johnny Hickman pasan del Country al
Rock, y del Rock al Pop con una facilidad pasmosa y nos dejaron joyas como Low,
Sweet potato, California country boy, This is Cracker soul o Teen angst (what
the world needs now), muy grandes, en el horario de Ocean colour scene hubieran
brillado más.
El cansancio, el hambre, y un poco de mala planificación nos
privó de los conciertos de Red Fang y de Reigning Sound, de los que sólo
pudimos entrever que son una gran banda y que necesitamos verles en una sala
ya. Puntuales como un reloj aparecieron Mastodon en el escenario principal para
dar una lección de metal progresivo que dejó con la boca abierta al personal;
han llegado a la primera división del Rock y viendo su entrega y su dominio
técnico entendemos el por qué, BrannDailor, Brent Hinds, Bill Kelliher y Troy
Sanders conjugan contundencia , harmonias vocales, juegan con el progresivo y
todo ello con un dominio del escenario y del público sorprendente; tocaron
muchos temas de su último disco como Tread lightly, Once more ‘round the Sun,
High road, Embercity o The Motherload, y temas de sus trabajos anteriores como
The Czar, Oblivion o Crystal Skull, gran concierto con un espectacular Brann
Dailor a las baquetas. Después de la contundencia de Mastodon nos decantamos
por el Rock clásico con aires de los 50 del señor John Paul Keith en el
escenario pequeño y disfrutamos mucho con sus canciones luminosas, su simpatía
y el arte de hilvanar melodías pegadizas, estribillos y simples pero efectivos
solos de guitarra, con traje negro, gafas de pasta y pelo repeinado parece un
descendiente de Buddy Holly, incluso su música puede recordarle también, gran
concierto. Una de las grandes decepciones del festival vino de la mano de los
británicos Ocean colour scene, que salieron desganados con un repertorio
lastrado de temas lentos en el inicio que ya no consiguió remontar cuando
aceleraron un poco su propuesta, la banda sonó mal conjuntada y en mi modesta
opinión en una franja horaria equivocada, una pena, recuerdo haberles visto en
muy buena forma en el pasado.
Las últimas actuaciones del festival compartían la
intensidad de la propuesta, los noruegos Kvelertak en forma de Hard Rock, Black
metal y Hardcore, sonando como una apisonadora y comandados por la gutural
garganta de Erlend Hjelvik, guitarras dobladas y buena música que ganaría
enteros si tuvieran un cantante de verdad. Después de haber visto en varias
ocasiones a David Eugene Edwards al frente de Wovenhand creo que la reiteración
de su propuesta les hace perder enteros, es innegable que se entrega en cada
concierto, pero creo sinceramente que su música se ha estancado en un círculo
vicioso cada vez menos atrayente.
Cansados pero contentos esperamos volver el año que viene al
Azkena.
Dentro de unos días dará comienzo el Azkena Rock Festival 2015. Tras el paréntesis del año pasado, la gente de Bcnenconcierto volveremos a viajar a Vitoria para vivir esta nueva edición de su reconocido festival. ZZ Top, L7, Mastodon, Cracker o D-Generation serán algunas de las bandas que podremos ver, y de las que os informaremos vía Twitter mientras estemos allí. Y a nuestro retorno, os contaremos en profundidad lo que ha dado de sí el fin de semana.
¡¡Azkena nos espera!!
En el momento en que descubres a una cantante con canciones tituladas Steve Earle o Chris Isaak, sabes que forzosamente se trata de alguien interesante, aparte de intuir de manera evidente por donde van los tiros de su música. Y puedo decir claramente que después de haber comprobado su directo, el interés ha ido en aumento. Muchos esperábamos una noche tranquila, agradable y relajada; y nos encontramos con una intensidad y una fuerza sobre el escenario que nos dejó con la boca abierta. Curioso viniendo de una chica tan joven (24 añitos), de aspecto tímido y físicamente muy pequeña. Con cuatro músicos respaldándola, entre ellos el bajista Ben Lamb, que creo que es su marido, y que es otro personaje bastante peculiar. Viendo su imagen es más fácil imaginárselo como el bajista de Testament que el de la banda de una cantautora de Ohio.
El inicio con Head fue el disparo inicial, y el pistón siguió toda la noche al mismo ritmo. Hurts sobad, Wine lips, Learn to say no o Verlaine shot Rimbaud fueron algunos de los temas que sonaron, con una banda más que compacta donde sobresalía un irresistible pedal steel guitar. Y el final, bueno, había que verlo. Lydia dejó en el suelo su guitarra y cantó sobre ella, o casi podríamos decir que tuvo sexo con ella mientras su grupo se desataba en un desenlace de la noche ciertamente muy Punk. Todo ello muy sorprendente e impactante al mismo tiempo, y que, desde luego, dudo que dejara a nadie indiferente.
Un EP y tres discos en el mercado alumbran una carrera que hoy por hoy tiene muy buena pinta. Incluso la enorme Lucinda Williams habla bien de Lydia. Y por la red podéis encontrar vídeos de ella tocando con Patterson Hood, de Drive-By Truckers. Con este tipo de padrinos ya merece la pena echar un vistazo a su música, ¿verdad?
Nunca he sido el mayor seguidor de la música de Loquillo, pero sí debo reconocer que todo lo que hace me merece el mayor de los respetos. Desde luego, su faceta más rockera es mi preferida, y además, estamos hablando de un tipo que ante todo es un fan. Lo recuerdo asistiendo a un lejano concierto de Iggy Pop en Studio 54. También lo ví en Zaragoza, en la visita de los Who de hace casi una década. Y aún no hace un par de años, no faltó en la gran noche de Kris Kristofferson. Y no es habitual ver a músicos reconocidos asistiendo a conciertos, por lo que mi respeto en este sentido hacia él es total. Otra cosa es su actitud. Ahí ya habrá opiniones para todos los gustos, y cada uno que decida la suya.
Por lo que respecta a esta gira, su alianza con los fantásticos Nu Niles no dejaba lugar a dudas: esperábamos Rock'n'Roll en mayúsculas y eso fue lo que tuvimos.
Los Velvet Candles abrieron la noche, con sus hermosas armonías vocales de los 50, levantando al público con temas propios y versiones como el clásico The wanderer, de Dion, que sonó a gloria. Inmejorable manera de iniciar la velada.
Más tarde, los Nu Niles abrieron fuego con el irresistible instrumental de Hawai 5.0, y ya con un elegante Loquillo en escena atacaron con Eres un rocker. Buena manera de dejar las cosas claras desde el inicio. A partir de ahí la noche fue una fiesta en todo momento, con un público entregado ya de antemano. Hubo tiempo para apariciones especiales de músicos invitados, caso de los propios Velvet Candles, que junto a Dani Nel·lo y un desatado Igor Paskual participaron de la fiesta. Aunque en mi opinión, el gran triunfador, con permiso de Loquillo, fue el guitarrista Mario Cobo. Como siempre, sensacional. No olvidemos que estamos hablando del hombre que sustituyó a Nick Curran en la banda de Kim Lenz. Palabras mayores. Con temas como Chanel, cocaína y Dom Perignon, El hombre de negro o Luché contra la ley, la noche fue transitando con brillantez, hasta llegar al éxtasis final de Quiero un camión; el coreado hasta la última letra Feo, fuerte y formal y, sobre todo el último en sonar, Esto no es Hawai, en una desenfrenada versión que desató una auténtica locura, con todos los músicos invitados sobre las tablas, sumando hasta trece personas en el escenario de Razzmatazz. Apoteosis total. Viendo lo llena que estaba la sala, apenas un año después de su última visita, y lo bien que se está vendiendo Código rocker, su nuevo disco, podemos afirmar que la alianza con Nu Niles ha sido un acierto. Y también, desde luego, que tenemos Loquillo para rato.