Las visitas de Will Hoge son todo un acontecimiento. Además
en los últimos años viene a menudo a visitarnos y a ofrecernos su particular
visión del Rock americano, y sus opiniones sobre el mundo oscuro al que nos
enfrentamos. Apenas hace un año y medio de su último concierto en Barcelona,
pero eso no supone un problema para los que amamos las canciones auténticas y
reales. Nunca tenemos bastante.
Su visita a la preciosa sala Aclam Club de Barcelona juntó a
un buen número de melómanos. Creo que no faltó ninguno de los asistentes a su
último concierto en la sala Upload. A mí me hubiera hecho mucha ilusión un
lleno hasta arriba, y veo con envidia el tirón que tiene en otros puntos de
España, como Valencia, donde tuvo que hacer dos conciertos. Pero aun así éramos
los suficientes, y lo suficientemente entregados, como para disfrutar de una
noche de Rock n’ Roll con mayúsculas.
Recuerdo el concierto de hace un año y medio algo más
cañero. Creo que las características de la sala Aclam Club invitan a hacer
temas más intimistas. De todas formas mezcló ramalazos rockeros con las
guitarras echando humo, con momentos más tranquilos en los que el piano, la
mandolina o el acordeón arropaban la voz rockera del de Nashville.
La banda era la misma que le acompañó en su anterior gira,
con John Tyler a la guitarra y mandolina, Mark Masefield a los teclados y el
acordeón, el simpático Christopher Griffiths al bajo y el único cambio en la
batería, donde el gran Brady Blade (Emmylou Harris, Dave Matthews, Lucinda
Williams, Steve Earle) demostró clase y contención y se amoldó a la banda
perfectamente.
El repertorio incluyó joyas como Deadbolt, Better off now
(that you’re gone), When I can afford to lose, en la que el acordeón de Mark
Masefield tuvo todo el protagonismo. La clásica Still a southern man, con la
que a más de uno se le humedecieron los ojos, Little bitty dreams, Too old to
die Young, It’s just you, Birmingham, Postcards & payphones, Sweet misery,
Til I do it again, Cold night in Santa Fe, Little bit of rust, Pocket full of
change, Lover tonight, las rockeras John Prine’s Cadillac, Long gone y la coreadísima Middle
of America, y un momentazo precioso en el que Will abandonó el escenario para
ir a un piano que estaba en la otra punta de la sala, para ofrecer una sentida
All the pretty horses. Durante el concierto Will explicó anécdotas divertidas,
bromeó con la decoración de la sala, que incluye un espacio museístico
espectacular, con cientos de guitarras de incalculable valor. Dijo que si al
día siguiente se daban cuenta de que faltaban un par, el culpable sería su
guitarrista, John Tyler. También nos contó que su bajista se había hecho un
tatuaje durante la gira española, y el divertido Christopher Griffiths nos
mostró su antebrazo donde pone “No ni ná”, hecho en el sur de España.
Gran concierto, una vez más, de un compositor e intérprete
fuera de serie. Un tipo amable y cercano al que esperamos ver pronto de vuelta.
Mr. Sheep







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