El estatus de banda de culto a veces se aplica con demasiada
generosidad a propuestas más o menos interesantes que pueden congregar a una
extensa minoría o una minoritaria legión de fans incondicionales. The Screamin’
Cheetah Wheelies es una de esas legendarias bandas de culto, que lo son por su
extraordinaria calidad, pero no por su ambición. Por lo menos en el momento en
el que estaban en activo. Hoy en día el grupo se reúne muy puntualmente. El
único que ha seguido al pie del cañón con una trabajada carrera en solitario ha
sido Mike Farris. Y transmiten la alegría de los que saben que tienen buena
música para aburrir, y además, no necesitan hoy en día ni éxito ni fortuna. Lo
que quieren es disfrutar ellos mismos y hacernos disfrutar a los que siempre
les hemos tenido presentes. Sin artificios, poses impostadas ni ganas de buscar
el aplauso fácil. Tres años después de su última visita como grupo, los
Wheelies volvían con la excusa del treinta aniversario de su obra maestra,
Magnolia.
Para los que formamos parte de este blog es un grupo fundamental en nuestra educación musical y sentimental. A principios de año les dedicamos un artículo con motivo del aniversario del disco, y al poco tiempo anunciaban su primera edición en vinilo y una gira para celebrarlo. El vinilo es una gozada y la gira española ha arrasado en todas sus fechas.
El concierto de Girona venía enmarcado dentro del festival
MiroRock que tiene lugar en diferentes fechas dentro de la magnífica sala La
Mirona, en Salt. Para abrir boca los veteranos Sol Lagarto calentaron al
personal, con su Rock tradicional trufado de Pop. Y demostraron que siguen
manteniendo una buena base de fans. A mí me dejaron un poco frío. Tienen
canciones que me gustan, pero hace tiempo que tomaron una deriva demasiado
parecida a la de los M Clan más Pop.
Con exquisita puntualidad los Wheelies saltaron al escenario,
y alguno se sorprendió al no ver al bajo al gran Steve Burgess, al que el
Parkinson ya no le permite salir de gira. Le sustituyó magistralmente Dean
Tomasek. Rick White tocó sentado casi todo el concierto demostrando que puede
que su cuerpo haya envejecido, pero está claro que sus manos no. Bob Watkins
también estuvo espléndido a la otra guitarra. Terry Thomas marcó el ritmo
detrás de la batería, y la prodigiosa garganta de Mike Farris elevó hasta el
infinito la grandeza que desprenden sus canciones.
Escuchar de un tirón y en orden todas las canciones de
Magnolia en directo, es un milagro. Backwoods Travelling, Gypsy Lullabye, Hello
From Venus, I Found Love, la compleja Magnolia, Good Time, Messenger’s Lament,
la sobrecogedora Father Speaks, I Dreamed y la jazzística y juguetona You Are.
Todas seguidas de un tirón. Una pasada.
Después de un breve descanso de unos diez minutos salieron
más ligeros y bajo un influjo más Soul. This Is The Time, la sorprendente Dandy
Lion, Halcyon Days, la cachonda Boogie King, su estupenda versión de Right
Place, Wrong Time de Dr. John, Rubbermaid Fiancee, Shakin’ The Blues, Leave
Your Pride y para acabar Ride The Tide. Mike tuvo tiempo para jugar en medio de
los temas con pinceladas de gemas como Go Little Queenie de Chuck Berry o Superstition de Stevie Wonder, y de
hacer cantar y dar palmas al público, demostrando que como frontman no tiene
rival encima de un escenario.
Después de las dos horas de concierto de los americanos, afrontar cualquier otro concierto se hacía muy cuesta arriba, y buena parte del
público abandonó la sala. Se perdieron un muy buen concierto de Silverflame.
Banda local que partiendo de las cenizas de otra gran banda, La Banda del Yuyu,
ofrece un repertorio de sonido americano muy setentero, y muy disfrutable.
Deseando ya que Mike Farris vuelva, en solitario, o
resucitando a The Screamin’ Cheetah Wheelies. Este tipo no tiene un día malo encima
de un escenario.
Fotos cortesía de Mario Olmos
Mr. Sheep






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