Nunca había tenido oportunidad de ver en concierto a este trío de Dallas. Las referencias siempre positivas sobre su directo me hacían desear verlos sobre las tablas, y la verdad es que no me decepcionaron en absoluto, y creo que nadie que estuviera en la sala (bastante buena entrada, por cierto) opinará lo contrario.
Cuando un grupo Rockabilly es capaz de combinar versiones de Black Sabbath, Stray Cats o Nirvana provocando el delirio en la audiencia demuestra una clara amplitud de miras y un buen saber hacer sobre el escenario. Además de versionar a los clásicos nos torpedearon con temazos como Indigo friends o Galaxy 500, derrocharon simpatía (esa imagen bonachona de JimHeath) y dieron espectáculo (Jimbo Wallace es imparable en escena). Como siempre pasa, todos echamos en falta algún tema, pero ciertamente la noche fue una auténtica fiesta, como pudo comprobar la banda viendo los terribles pogos que se formaron en varias ocasiones.
Fueron casi noventa minutos que algunos llevábamos tiempo esperando. Buen concierto.
El Magic tour de Bruce Springsteen ha recalado en Barcelona en dos fechas consecutivas en el Camp Nou, o sea que el mayor y mejor exponente del stadium rock a vuelto a dar dos lecciones de Rock n' roll; pero lo malo es que no solo te encuentras con la mejor banda de rock del mundo en sus conciertos, también has de aguantar las concesiones a los fanáticos papanatas que siguen al Boss como si fuese el mesías. Pero a pesar de esto y sobretodo a pesar del desastroso sonido, Springsteen volvió a dar un gran concierto (y esto es lo principal), en el que contentó a los que se contentan con cualquier cosa y deleitó a los fans más acérrimos y conocedores de su obra en profundidad.
Cuatro temas de su excelente último disco y un puñado de grandes canciones de su pasado, además muchas de ellas no eran los clásicos greatest hits, si no grandísimos temas que suelen quedar relegados en sus conciertos debido al brillo de sus temas más clásicos y conocidos. Así, fue especialmente emocionante escuchar temas como Spirit in the night, Light of day, Rosalita, o el Detroit medley que tocaba en los setenta y primeros ochenta y que muchos de los asistentes al concierto desconocian por completo. Springsteen se marcó un detalle también con los que acudieron a verle en los dos conciertos ya que sólo repitió doce temas en un set list de 28 temas el primer día y 27 el segundo; y es que desde que comenzó la gira ha interpretado más de 110 temas distintos en un alarde de trabajo, de memoria y técnico más que destacable. Esta gira conlleva un cierto aire de despedida de la E street band, a la muerte hace unos meses de Danny Federici hay que sumar el pésimo estado físico del gran Clarence Clemons, que no parece que esté en condiciones de aguantar las exigentes condiciones físicas y de trabajo que conlleva estar en la banda de Springsteen, con conciertos de tres horas y con una gran dosis de energia noche tras noche, así que ya veremos lo que nos depara el futuro, puede que el Boss se embarque en giras en solitario o con bandas al estilo clásico de la Seeger sessions band, pero yo creo que seguirá combinando esta faceta con el auténtico y enérgico Rock n' roll; de hecho Springsteen colabora con músicos jóvenes como Tom Morello, Marah o el cantante de Social distortion (Mike Ness) con el que ha colaborado tanto en directo como en sus discos. El punto curioso del concierto se produjo en los bises con la aparición en escena del hijo mayor de Springsteen (Evan James) que rasgó un poco la guitarra e hizo unos coros;qué manía les ha dado a los músicos veteranos últimamente de presentarnos las habilidades musicales de sus hijos. Para el recuerdo quedará ese mágico inicio de los bises con Thunder road o el crescendo rockero de Youngstown y Murder incorporated; te esperamos de vuelta Jefe.
Lo primero que debo decir es que adoro la música de este hombre desde que era prácticamente un niño, aunque tengo claro que sus últimas grabaciones brillantes quedan ya muy lejanas en el tiempo. Desde Born in the U.S.A. ha publicado discos buenos, correctos o flojitos (Humantouch y Lucky town se acercan bastante a discos malos, directamente), pero en directo siempre ha sido un seguro. Lo que no acabo de entender es ese fanatismo springsteeniano que hay por aquí. ¿Dónde están todos esos supuestos rockeros el resto del año? ¿Sólo salen de casa para el Boss, U2 o Police? ¿Cuántos de los que pagan esos precios abusivos pagarían la mitad por ver a Tom Petty o John Mellencamp? ¿Cuántos conocen a Tom Petty o John Mellencamp? Creo que son preguntas sin respuesta. Como decía antes, cuando vas a un concierto del de New Jersey sabes que no te decepcionará. Sigue siendo un monstruo sobre las tablas, sólo Jagger domina como él el rock de estadio y sigue teniendo detrás suyo a la mejor banda del mundo. Con un sonido algo falto de fuerza comenzó el espectáculo con No surrender y Radio nowhere, una de las cuatro canciones de su último trabajo que tocó. Sonaron también las más festivas de The rising y el resto fue material con más de veinte años de antigüedad: Out in the street, Promised land, la versión de Summertime blues, Hungry heart, Atlantic city, Janey don't you lose heart, Backstreets, Because the night o Badlands. Una locura. El bis de ensueño, con Jungleland, Born torun, Bobby Jean, Glory days, una potenteDancing in the dark y American land. Para acabar un largo Twist and shout/La bamba que sonó a gloria, como en su mítico concierto del 88 en el mismo lugar. Lugar que después de tres horas abandonamos con el horrible grito de "Bruce, Bruce, Bruce" resonando en nuestras cabezas. La falta de Danny Federici y los problemas físicos de Clarence Clemons han dado pie a diversas especulaciones sobre el futuro de la banda. Pase lo que pase, para el recuerdo siempre quedarán las espectaculares noches de Rock & Roll que nos ha dado Springsteen con su grupo de toda la vida. Os dejo con Mr. Sheep, que os comentará el segundo concierto, último de la gira.
P.D. Todas y cada una de las palabras aquí escritas están dedicadas a la memoria de Danny Federici. Con respeto y emoción.
Con más de treinta años de retraso, por fin hemos saldado la deuda que teníamos en esta ciudad con Tom Waits; el trovador imposible, el bluesman de vodevil nos ha deleitado con dos conciertos históricos. Durante dos horas nos han transportado a un mundo de fantasía en el que un crooner salido del infierno nos ha guiado por una feria ambulante hasta un espectáculo de vodevil circense. A sus casi sesenta años Tom Waits está pletórico no sólo con su voz rota, si no también con sus dotes interpretativas, domina el escenario como nadie y su presencia escénica es demoledora; pero además está su banda que es una auténtica máquina de precisión con unos músicos de un altísimo nivel que arropan al cantante en todo momento. La banda está formada por su hijo Casey Waits a la batería, Larry Taylor al bajo, Omar Torrez a la guitarra, PatrickWarren a los teclados y Vincent Henry a los vientos, con la esporádica colaboración de su otro hijo Sullivan Waits. El recinto del Auditori del fórum puede resultar un tanto frío, pero a su favor hay que decir que es muy cómodo y sobretodo que posee una acústica excelente. El repertorio estuvo basado en sus obras más recientes, olvidando por completo sus grandes discos de los setenta, pero no seré yo el que me queje habiendo podido disfrutar de temas maravillosos como Lucinda, way down in the hole, jockey full of bourbon, falling down, innocent when you dream, Johnsburg, Illinois, hold on, all the world is green, Singapore, get behind the mule, hoist that rag, make it rain o rain dogs. El concierto estuvo aderezado además por unos monólogos extraños, cargados con su peculiar sentido del humor; esperemos que a partir de ahora se prodigue un poco más a menudo por nuestra ciudad.
Mr. Sheep
Acabo de presenciar un concierto histórico que además por su calidad va a quedar ya grabado en mi memoria como uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida; pero todo esto no me hace olvidar el cabreo que desde que se anunciaron las características del concierto me ha acompañado. En primer lugar el promotor ( Cap cap ) aprovechándose de la pasión de los fans de Tom Waits por verle por primera vez nos castigó con unos precios ABUSIVOS y totalmente DESPROPORCIONADOS, entre 108 y 133 euros; precios que superan con creces los de la mayoría de festivales, con muchos artistas en el cartel, y que duplican el coste de los conciertos de artistas como Springsteen, Rolling stones, U2 o the Police por poner unos ejemplos. El colmo del recochineo era además que sólo se permitían sacar dos entradas por persona para evitar la reventa y así pagar un precio más justo (?) por las entradas; hay que tener mucha cara para decir algo así cuando estas soplando al público 130 euros por una entrada. Además estuvo el lío de la forma de sacar las entradas, sólo por teléfono a un número que durante días no funcionó, fue angustioso y desesperante llamar durante días a un número fantasma que sólo tenía que gestionar la venta de 6000 entradas, al final yo las conseguí llamando al número que en teoría atendía las llamadas desde el extranjero, como veis todo confuso y turbio. El día del concierto te meten más miedo en el cuerpo con la amenaza de que si no llevas el DNI y llegas pasadas las 21:30 horas (hora de inicio del concierto) no podrás acceder al recinto; pero curiosamente los dos conciertos comenzaron con más de media hora de retraso sin ninguna explicación para el respetable. En fin es una lástima la AVARICIA y la CARA DURA de unos promotores que juegan con las ilusiones de mucha gente y que demuestran una vez más que el concierto de ROCK sigue siendo el espectáculo que más maltrata a sus espectadores, por unas razones o por otras los retrasos, el reventar los aforos, los precios desorbitados y demás inconvenientes nos quitan las ganas de seguir disfrutando de nuestra pasión por la música en vivo. Por cierto Tom ya que era tu primera visita a nuestro pais podrías haber tocado Tom Traubert's blues.
Tenía muchísimas ganas de ver este concierto. Willy DeVille es uno de mis iconos particulares y sólo había tenido oportunidad de verlo en una ocasión, en Zeleste, y de aquella noche han pasado ya más de catorce años. Tiempo en el que pese a seguir publicando buenos discos parece haber sido olvidado por el público en general, aunque en Bikini nos sorprendimos con una muy buena entrada. ¿Y que nos encontramos esa noche? La verdad es que no sabría como calificar lo que vimos los allí presentes. Tras un retraso de quince minutos (que suerte, esta vez fue poco tiempo), apareció la banda y empezó a caldear el ambiente antes de la salida de la estrella, momento sin duda difícil en mi vida. La verdad es que no tenía noticias sobre el estado físico de Willy, y después de verlo sólo lo podría catalogar como lamentable. Esquelético, casi todo el concierto sentado en un taburete, leyendo las letras de las canciones, con un más que evidente temblor de manos, gestos extraños, comentarios extraños.....No hay duda de que la mala vida le está pasando factura. Y pese a todo ello, no podemos decir que fuera un mal concierto. Vivimos la belleza de Mixedup, shook up girl o Heart and soul, la fuerza de las enlazadas Savoir faire y Cadillac walk, como no Spanish stroll, además de temas de sus últimos trabajos, referencias a Elvis y un Demasiado corazon que, curiosamente para mí, fue lo más jaleado por el público. Digo curiosamente porque con un repertorio tan brillante como tiene este hombre, pasarse el show esperando a que suene esta canción me parece cuanto menos curioso. La banda estuvo bien, con el granKenny Margolis al teclado y acordeón, y la extraña presencia de dos orondas chicas de color a los coros cuya presencia pasó más que desapercibida. En fin, sensación agridulce. Afortunadamente no fue una situación patética como la que vivimos hace nueve años en el Poble Espanyol los asistentes al concierto de Johnny Winter (lo puedo catalogar como el peor y más triste de mi vida), pero realmente el estado de Willy DeVille no ofrece muchas esperanzas de cara al futuro de su carrera.
En estos últimos años estamos viendo en concierto a grandes músicos que vivieron sus mejores días en los 70. Músicos que sin llegar a un nivel de máxima popularidad sí que se hicieron con un nombre y un prestigio destacables. Así, últimamente hemos podido ver por aquí a gente como Pat Travers, Robin Trower o quien hoy nos ocupa: el pequeño guitar-heroRick Derringer. Ya tuvimos oportunidad de verlo en el Festival de Blues de Cerdanyola 2003 con su banda acompañante, y esta vez se nos presentó con la formación original y clásica de Derringer. Ellos son el guitarrista Danny Johnson, el reputado bajista Kenny Aaronson y el batería Vinny Appice. Como era de esperar, el repertorio se centró en su época dorada y así, desde la inicial Let me in hasta el fin de fiesta con Hang on sloopy tuvimos justo lo que deseábamos, es decir, temas como Still alive and well, Beyond the universe y, por supuesto Rock and Roll hoochie koo. Llevaban 32 años sin tocar juntos, pero no lo pareció en ningún momento, habiendo buen rollo y simpatía sobre las tablas, destacando Kenny con la misma imagen de tipo enrollado que ha tenido siempre. Y como dijo Rick, todos contentos al seguir manteniendo el pelo sobre la cabeza después de tanto tiempo. Buen concierto, lástima del solo de batería. Eres muy grande Vinny, pero estas exhibiciones de técnica instrumental me parecen tremendamente aburridas.
Se contrata un grupo con cara y ojos, negociando precios y tiempo en el escenario.
Se invita a grupillos desconocidos hoy y mañana, inflando su relevancia en los medios con declaraciones como "todos tienen coincidencias con Radiohead, recomendados por Thom, etc". Supongo que se les paga una miseria.
Se contrata un espacio gigante convertido en un parque temático "sacapasta" (merchandising, bebidas a 4 euros, etc).
Se sigue sacando pasta de unas firmas comerciales que empapelan el festival (carteles, pins, globos aerostáticos, stands, etc) a cambio de figurar.
Es estira un poco más la máquina tragaperras: si quieres sentarte a ver esos grupillos en el Auditori encima has de pagar un recargo allí mismo de 2 míseros euros.
Se cobra por todo ello unas entradas a precio desorbitado a la medida del típico Fiber (moderno-pijo con pasta que lo mismo le da Radiohead que David Bisbal: lo que importa es la fiesta, el lucir, el folleteo y la kurda).
Resultado: la cagada del Daydream Festival.
Nos jodemos los que nos gusta realmente Radiohead y que hubiéramos pagado gustosos 45-50 euros sin grupitos, sin parque temático, sin firmas comerciales, sin suplementos, sin Fibers, etc.
Pero mucho me temo que ésto es la consecuencia directa de la piratería en internet. La consigna ahora es "ya que no podemos sacar pasta de los discos, exprimamos el tema conciertos". Así que hay que joderse, digo.
Y ahora, el concierto:
Me gustó la puntualidad, Me gustó el diseño del escenario con esos fluorescentes multifunción cayendo del techo. Me gustó la iluminación con contínuos cambios de tono. Me gustaron las pantallas, centradas en ellos y no en dibujitos e imágenes. Y me gustó la nitidez del sonido. Y las tablas de Thom Yorke, con esos bailes espasmódicos únicos. Y su pinta de desgarbado con su misterioso ojo (ha convertido una discapacidad en la imagen del grupo. Parece decir "Radiohead es diferente"). Me gustó la banda, comedida pero concentrada, cristalina y dura. Me gustó el repertorio, ni muy raro ni muy complaciente, con cosas del excelente nuevo disco, con grandes éxitos del OK Computer y con algún single de los otros, pero también con espacio para la experimentación marca de la casa. Me gustó la duración, dos horitas muy bien llevadas. Y me gustó especialmente la puesta en escena de Banger and Mash con esas dos baterías a tope y la de You and Whose Army? con ese magnífico efecto de la webcam centrada en su cara (ver video)
No me gustó que el escenario estuviese un poco bajo, ni la insuficiente potencia del sonido para un espacio abierto, ni que se dejaran algún gran éxito (Karma Police o Creep, pero ya sabemos que este último no lo tocan nunca), pero sobretodo, sobretodo...no les paso que se presten a estos engaños del falso festival. Y no me vale el rollo de que el grupo no tiene culpa. En este caso hablamos de Radiohead, osea, la banda que puede hacer y deshacer lo que quiera que para eso son los más influyentes músicos del planeta ahora mismo.
Mataron a los discos y matarán los conciertos si sigue así la cosa.
New York Dolls, sin duda una de las mejores bandas de la historia. ¿Que ya no se encuentra entre nosotros el insustituible Johnny Thunders? Cierto. ¿Tampoco están ya Arthur Kane ni Jerry Nolan? Cierto también. Pero se mantienen, y de que manera, David Johansen (cada día más parecido físicamente a Mick Jagger) y el simpático Sylvain Sylvain, y además tienen al hombre más apropiado para tocar el bajo en este grupo, como es Sami Yaffa. Tener a estos músicos en un lugar como Apolo es un lujo que no nos podemos perder. Mientras los insufribles teloneros se dedican a masacrar el sagrado repertorio de los Stooges vemos como la sala se va llenando. Parece ser que por fin tendremos una buena entrada en un concierto, ya era hora. Pasan unos minutos de las 22.00 horas, suena música operística, se apagan las luces y ahí tenemos frente a nosotros a las muñecas neoyorkinas. Steve Conte da el clásico silbido y arrancan con Babylon, seguida de Puss n' Boots y la coreada We're all in love, primer tema que tocan de su último trabajo. Nos dejan su típica versión de Piece of my heart. Van combinando los temas históricos con otros más nuevos, y así caen Plenty of music, Lookingfor a kiss, Dance like a monkey, Human being y el recuerdo a Thunders de You can't put yourarms around a memory junto a Lonely planet boy. Regalan rosas al público. Suena un atronador Trash y enlazan con Jet boy. Apoteósico. Huele a final de show y así es. Ha pasado una hora y veinte. ¿Ya? No nos hemos dado cuenta. Sylvain nos hace corear el nombre de la banda y vuelven en el bis con Personality crisis. Las primeras filas enloquecen. Demasiado. Que se lo digan al roadie que acaba entre el público en un conato de pelea. Los ánimos se calman y tocan Gotta get away from Tommy. Es el final, ahora sí. Se encienden las luces. Se acabó. Hemos visto a una de las mejores bandas de la historia.
Muchas veces se habla sobre la edad de algunos músicos de manera incluso despectiva, diciéndose que deberían retirarse y dejar paso a gente más joven. Eso me parece una auténtica estupidez. Y es que deberíamos sentirnos agradecidos de que muchos de estos "viejos" sigan al pie del cañón, alegrándonos con sus discos y conciertos. Obviamente hay algunos que no han grabado nada digno en años, incluso hay quien se ha convertido en un personaje patético, pero meter a todos en el mismo saco lo considero un grave error. Al Kooper, el músico, el productor, el hombre que ha colaborado en decenas de grabaciones míticas pasó por Bikini y dió una auténtica lección a esos listillos que lo consideran un abuelete desfasado. Y es que se puede decir que nos arrasó con esa exhibición que impartió en algo más de hora y media, acompañado de una brillante banda. Con guiños a Bob Dylan y Jimi Hendrix, versiones de Ray Charles y RollingStones, una emotiva dedicatoria a los desaparecidos miembros de The Band y clase, mucha clase. Inolvidable el final de concierto, cantando mientras se paseaba por la sala y bailando con una afortunada asistente. Su buen humor y simpatía sobre el escenario siguieron luego en la sala contigua, donde firmó discos y entradas a todos los que se lo pedimos. Gracias Al, esperamos que vuelvas por aquí.
No voy a engañar a nadie. La verdad es que desconocía a esta banda hasta hace muy poco, pero pensé que si Lemmy los avala por algo debe ser. Así que ahora, tras varias visitas a YouTube, entre otras webs, y la compra de sus discos el problema ha sido subsanado. Apenas había una treintena de personas para ver el concierto, siendo chocante la frialdad de la entrañable Mephisto para los que hemos vivido noches de calor insoportableen este mismo lugar. Muchos podemos recordar a Gluecifer o Michael Monroepor poner dos ejemplos de concierto-sauna, aunque esta vez no fue el caso, lógicamente. Pese a estar en familia, el grupo de Nina C. Alice no se limitó a cumplir tocando un rato, sino que estuvo sobre las tablas durante más de hora y media, lo cual es de agradecer en esta época de conciertos de sesenta minutos. Sonaron impecablemente temas como The Goddess, Life's a bitch o la explícita Fuck you, haciendo olvidar al personal el frío ambiente de la sala. A la salida, los rostros sonrientes demostraban que la noche había valido la pena. Y es que si Lemmy los avala por algo debe ser.
Debo reconocer que siento una especial simpatía por estos canadienses. En primer lugar por ser unos auténticos supervivientes, con rupturas, abandonos de sus miembros en el peor momento y la indiferencia generalizada por parte de prensa y público. Pero Billy Hopeless y su eterno compañero Rob Zgaljic ahí siguen, sin tirar la toalla. En segundo lugar está su música, claro. Y es que adoro esas canciones de riffs potentes pero al mismo tiempo cargadas de melodía y estribillos contagiosos con que nos han obsequiado en cuatro discos hasta el día de hoy. Se presentaron en Apolo 2 con una formación renovada, y nos ofrecieron el que posiblemente ha sido su mejor concierto en Barcelona, donde pudimos ver a un grupo sólido en el que destacó de manera rotunda su frontman. Y es que lo de Billy Hopelessfue algo espectacular. Flirteó constantemente con la camarera del local, a la que improvisó un (You're the) Devil in disguise a capella, ofreció whisky a las primeras filas, cantó entre el público abrazado a la encantadora Rachel Arieff (del Anti-Karaoke), bailó con ella, se subió a la barra, se disfrazó de esqueleto imitando a Glenn Danzig y acabó casi desnudo y empapado en sudor. Brutal. Además nos regalaron un segundo bis que nadie esperaba ya con las luces encendidas....¡y un tercero! según dijeron por sugerencia de su querida camarera (graciasPaula). Gran concierto, cuyo único punto negativo fue ver la sala medio vacía . Y mi pregunta es: ¿Dónde estaba el público rockero esa noche?
La banda de los hermanos Lee volvió a nuestra ciudad, en esta ocasión a una sala de mayor aforo bastante llena de un público entregado de antemano. Y la verdad es que no fallaron a nadie. Nos ofrecieron una buena noche de música, diversión y simpatía, con temas como It takes balls, One for the money o Roll in smokin' que volvieron literalmente locos a los habituales de las primeras filas. Aunque para locura la que se desató con la primera canción del bis: nada menos que Panama de los grandiosos Van Halen. Es evidente que no son unos Zeppelin o Stones, pero sí una banda de lo más convincente y auténtica, y dentro de la imagen campechana de todos, destaca su pintoresco bajista Leif Robinson Swift, quien, salvando las distancias, recuerda al mítico Steve Dawson de Saxon. También es digno de resaltar el hecho de que actuaran como teloneros Men, cumplidora banda mallorquina, pero habría sido de agradecer que se hubiera notificado en la entrada o en la web de Apolo. Y es que no cuesta nada informar un poco al sufrido aficionado a la música en vivo de esta ciudad, ¿verdad?
Al escribir esta crónica tengo una sensación agridulce, por un lado es una gran noticia el poder disfrutar en 2008 de unos temas que creías que no escucharías nunca en vivo, pero por otro lado es inevitable el pensar qué habría sido de esta banda si hubieran tenido un poco de suerte en su momento. Hace veinte años lo tenían todo para triunfar, una buena compañía discográfica, imagen, y sobre todo grandes canciones; pero tras publicar dos álbumes fantásticos todo se vino abajo. Dos décadas después tenemos a tres miembros originales y dos competentes músicos de acompañamiento en una gira hispana que viene motivada por el capricho que hace unos años tuvieron los promotores del desaparecido festival Serie Z; los componentes de la banda se volvieron a juntar y disfrutaron tanto que decidieron volver a reunirse para disfrutar de la música sin presiones de tanto en tanto. Antes del concierto coincidimos con parte de la banda en un bar cercano y todo era buen rollo con los fans, fotos y charla distendida junto a unas cervezas, después en escena nos encontramos con una banda que disfruta en las distancias cortas con la interpretación de unos temas que suenan a clásicos, quizás el exceso de ganas con el que salieron a escena hizo que el concierto tuviera altibajos, no por el repertorio ni por la entrega, si no porque los dos líderes del grupo no están en su mejor momento físico; por un lado Chris Gates a la guitarra está gordísimo, lo que limita bastante sus movimientos, y por otro el vocalista David Roach estaba bastante pasado de vueltas y pese a su entrega y simpatía lo pasó mal para llegar en condiciones al final del concierto. Desgranaron casi en su totalidad sus dos discos y además versionaron a Rose tattoo y AC/DC en una hora y veinte minutos. La sala estaba prácticamente llena de fanáticos del grupo, y el sonido, como es habitual en esta sala fue bastante penoso. Para el recuerdo temas como Blooze, Lifesentence, Misery, Hot rod, Hollywood, Simple man o Hands off. Aunque sólo sea para recordar buenos tiempos esperemos verlos de nuevo por la ciudad.
Mr Sheep
He de empezar esta crítica declarando mi amor eterno a este grupo por ese clásico olvidado que es su álbum homónimo de debut, y aunque fue grande escuchar sus grandes temas en vivo, también fue triste contemplar lo abandonado físicamente que está Chris Gates y el borracherón o colocón que llevaba el simpático David Roach. Concierto en la sala KGB es sinónimo de grandes problemas para aparcar, mal sonido, copas caras y mala ventilación; pero aún así la sala tiene cierto encanto. Los que no lo tienen para nada son esos clónicos de AC/DC llamados 77 que hicieron de teloneros y que tuvieron su momento de gloria interpretando junto a Junkyard el Whole lotta Rosie. La imagen triste de la noche fue contemplar a un solitario David Roach tirado en la calle al acabar el concierto y liándose un porro a duras penas, mientras cerca de él algunos asistentes al bolo lo miraban con una mezcla de admiración y de lástima. De todas formas si vuelven a venir allí estaré, aunque sólo sea para escuchar una vez más Shot in the dark o Longway home.
El pasado Lunes una leyenda visitó Barcelona para deleite de los aficionados al southern rock; uno de los pilares sobre los que los Allman brothers band sentaron las bases del rock sureño, el gran Dickey Betts. Los que esperaban un concierto correcto a cargo de un hombre de edad avanzada pronto se dieron cuenta de que a pesar de su aspecto, su talento y energia permanecen intactos. Durante tres horasDickey Betts desgranó parte del repertorio de los Allman brothers y de su trayectoria al frente de Great southern, al frente de una banda formada por tres guitarras, dos baterías, bajo y teclados. La banda técnicamente perfecta, en la que quizás la presencia un poco temerosa de su hijo Duane restaba presencia escénica. Por supuesto Dickey Betts dirige con autoridad a la banda y no permite despistes, y su fuerte carácter se dejó notar en las miradas, gestos y broncas dirigidas a toda la banda en general y a un atribulado roadie en particular. Hubo dos invitados sorpresa en el escenario: Raimundo Amador y Javier Vargas que disfrutaron de lo lindo acompañando a la banda. Algunos de los mejores temas de la noche fueron In memory of Elizabeth Reed (en una versión de treinta minutos), ramblin' man, Jessica o Southbound. En fin una noche histórica para la música en la ciudad condal.
Mr. Sheep
Otro concierto de vieja gloria venida a menos con ganas de ahorrar para la vejez, y bueno no seré yo el que niegue que este hombre tiene un glorioso pasado, pero es difícil que en su presente grabe canciones a la altura de sus himnos del pasado. La verdad es que me lo esperaba en peores condiciones, y aunque muy avejentado el hombre está en buena forma y sus manos son mágicas, pero es que el concepto global de show de tres horas, algún tema de media hora de duración, alternancia en los solos de las tres guitarras solistas, y cómo no, dos mega coñazos solos de batería es demasiado para el año 2008. La elección de los invitados hispanos fue un poco rara, con un Raimundo Amador totalmente fuera de lugar y un Javier Vargas que ha vivido días mejores, por lo menos a ellos se les vió disfrutar. No os creáis demasiado esta crítica, ya que a pesar de todo lo expuesto disfruté como un enano del concierto.
Unos años atrás nuestro hombre nos sorprendió agradablemente con su segundo disco Ride Free. Disco en el que conjugaba influencias como los Stoneso los Byrds sin perder su propia personalidad. Posteriormente giró por nuestro país dejándonos un buen sabor de boca, y ahora, casi un lustro más tarde ha vuelto para presentarnos su nuevo trabajo, llamado Seasons. Fue una lástima ver la sala pequeña de Apolo con tan escaso público (en claro contraste con la grande, en la que EinstürzendeNeubaten debieron tener un llenazo absoluto viendo como estaba de colapsada la entrada), pero eso no impidió que Jonny Kaplan y su banda nos ofrecieran una buena noche de Rock'n'Roll sin más pretensiones. Lógicamente tocaron mucho material del disco que venían a presentar, aunque las canciones mejor recibidas fueron las del anterior, como la preciosa Stick around, Greasy spoon o Will not follow, además de versionear el clásico Everybody knows this is nowhere de Neil Young. En definitiva, un hombre a seguir, aunque venga acompañado de un grupo algo insulso y falto de carisma. Pero competente, eso sí.