Tras la correcta actuación de Blues Rock (y alguna baladita que estuvo de más) de los locales Delta Power Trio, la sala, con buena entrada pero sin reventar, ya estaba a punto para el grupo principal.
Con el inicio del concierto, primer momento de originalidad, como fue la aparición del batería con la camiseta del Barça. Bueno, se lo perdonamos, al fin y al cabo nombres más importantes también lo hacen. Pero lo que vino a partir de ahí, pues...que queréis que os diga. Una banda que no me pareció absolutamente nada. Reputación de tener un directo matador. Será si por eso se entiende pasarse una hora y media viendo a su guitarra-estrella dando saltitos, o a su bajista con un comportamiento supuestamente gracioso, o a alargar canciones hasta el infinito sin motivo. Comparaciones de Jason Barwick con Hendrix y otros monstruos sagrados. ¡Por favor! No diré que el chaval toque mal, pero esas comparaciones son de risa. Lo mismo que la de Kurtis Smith con John Bonham. Momentazo: tocar la Les Paul con un arco de violín. Mmmmm, esto me recuerda a alguien. Por no hablar del pesadísimo solo de batería (¡cerca de los 10 minutos!) del último tema antes del bis.
Entre las jóvenes primeras filas, caras de auténtico éxtasis, como si estuvieran viendo a la banda de su vida. Ok, muy respetable, pero mi opinión ya véis que no es la misma.
¿Todo negativo? No. También tienen buenas canciones, y Every gig has a neighbour es una prueba de ello. También tengo la sensación de que creen en lo que hacen; y al fin y al cabo, mejor que tenga éxito una banda que se pueda catalogar como rockera que no engendros como Justin Bieber, ¿no?
Una última cosa. Ya lo hemos comentado alguna vez, pero es que es de libro. ¡Qué frío hace en las primeras filas de Bikini! Que el aire esté enfocado al escenario es totalmente lógico, pero que el público salga congelado de la sala no me parece muy normal. Para redondear la noche.
Mr. Wolf
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