Noche complicada para el madrileño Germán Salto y su banda para actuar en Barcelona. Quizá la sala era demasiado grande para su poder de convocatoria, y si a eso le sumamos la competencia musical que se encontró en la ciudad y alrededores, con el llenazo de Sharp Pins en Aclam Club o el gran Elliott Murphy en Sant Cugat el concierto suponía un más difícil todavía. Pese a ello, una cincuentena de irreductibles sí que nos congregamos en Upload, y según decía Germán estaban contentos teniendo en cuenta que la noche anterior en Pamplona tocaron para diez personas. Una pena para este talentoso músico con unos cuantos discos ya en su haber, el último ese Ojo de bife recientemente publicado.
Abrieron la velada The Ripples, unos mallorquines de los que debo reconocer mi total desconocimiento hasta el momento de verlos y que me encantaron con los temas de su álbum de debut One hell of a ride. Se mostraron potentes y divertidos con su Rock'n'Roll stoniano y de raíces con el que se ganaron unos cuantos seguidores sin duda. Os los recomiendo encarecidamente, no os perdáis sus conciertos cuando vuelvan por aquí. Banda a seguir.
Poco después Germán y los suyos abrieron fuego con Goliat, de su último trabajo, que lógicamente fue el más representado, con La carne y el hueso, Te oí decir (lástima que no estuviera ahí Nina de Morgan que sí aparece en el disco) o Aspas contrarias. También nos deleitaron con otras perlas de su discografía, como Arder humo y desparecer, Solo el tiempo o esa sublime Til the morning con la que casi tiran la sala abajo. Para las versiones, quedaron claras algunas de sus influencias (otras probablemente sean también Beatles o Bob Dylan) y tocaron ¿Quieres ser una estrella del Rock?, que es elSo you want to be a Rock'n'Roll star de los Byrds traducido con letra diferente, y un Refugee de Tom Petty en lo que resultó un final estelar que nos dejó a los presentes más que felices.
Una buena banda telonera y una buena banda principal liderada por un músico que merece toda la suerte posible, además siempre mostrándose cercano y simpático, incluso contando chistes. Unos con más fortuna que otros, no nos engañemos.
Me resulta sorprendente la meteórica carrera de The Last Dinner Party. Una banda de apenas cinco años y con dos discos publicados que está en boca de todo el mundo, siendo alabados tanto su directo como su música. Una música de sonido barroco que bebe tanto de Queen como de Sparks, por ejemplo. Me sorprende y me alegra, evidentemente, aunque ello suponga que para próximas visitas los precios de las entradas probablemente ya sean prohibitivos, si tenemos en cuenta que ya esta vez se habían disparado. Eso sí, me encontré una sala Razzmatazz a rebosar de un público variopinto y curioso: mucha chica joven, representantes del colectivo LGTBI, algún personaje estrafalariamente vestido, modernillos asiduos del Primavera Sound y, por supuesto, los habituales que siempre se ven en los conciertos de la ciudad.
Después de ver triunfar a un grupo telonero que a mí no me interesó demasiado aparecían en escena las cinco chicas que forman la banda junto al batería que las acompaña: la cantante Abigail Morris, la teclista Aurora Nishevci, las guitarristas Emily Roberts y Lizzie Mayland, y la bajista Georgia Davies. Y la verdad es que dos horas después la mayoría del público abandonaba extasiado la sala. Ofrecieron un concierto en el que prácticamente todos los movimientos están calculados al milímetro, algo que aunque pudiera parecer lo contrario no le resta frescura en absoluto al espectáculo. Además, Abigail derrocha carisma y simpatía y consigue llenar el escenario ella sola, aunque todas tuvieron sus momentos, como demostraron las buenas gargantas de Aurora y Lizzie cuando les tocó cantar.
El inicio no pudo ser mejor, con ese Agnus dei por el que siento una especial debilidad, y a partir de ahí repaso completo a su segundo trabajo, From the pyre, y casi entero al primero, Prelude to ecstasy, con algún tema nuevo que ya llevan un tiempo rodándolo en directo, como es Knocking at the sky. La gente no se hartó de corear temas que ya se sabe de memoria, como Count the ways, Caesar on a TV screen, Portrait of adead girl o el ya clásico Nothing matters. Ya en el bis, locura desatada de un público también desatado con This is the killer speaking,que fue el colofón final para el triunfo de las británicas en la noche barcelonesa.
Una banda en clara progresión a la que de momento no se le adivina techo ofreció una noche mágica, con una única objeción por mi parte. Las tres parrafadas en la parte final que soltó Abigail a mí me sobraron. Tanto celebrar el cumpleaños del técnico como el enseñarnos una coreografía en el bis únicamente consiguieron cortar momentos álgidos del espectáculo. Pese a ello, ya lo he dicho, noche mágica que provocó que haya gente diciendo que puede ser el concierto del año. Y no voy a ser yo quien les lleve la contraria.
Los Lobos volvían a visitarnos después de muchos años, y la
sensación de que estábamos ante un acontecimiento cultural de primer orden,
reinaba en la sala Apolo, que lucía casi un lleno absoluto. Todos los
aficionados a la buena música de la ciudad estaban expectantes ante lo que se
les venía encima. Los Lobos tienen además la facultad de mezclar entre su
público a aficionados del Rockabilly, amantes de la música tradicional,
seguidores del Blues, rockeros con las orejas abiertas, o simplemente
nostálgicos melómanos. Llevan más de 50 años de una carrera intachable, y se
manejan en el escenario con una gran soltura. Con las recientes desapariciones
de referentes del tex-mex como Flaco Jiménez o de rockeros con raíces hispanas
como Raúl Malo, Los Lobos han quedado como el mayor referente, aunque ya lo
eran, de la cultura hispana en los Estados Unidos.
Foto cortesía de Ramrod
La banda del este de Los Ángeles saltó al escenario con una
baja sensible entre sus filas, ya que por un problema de salud, Louie Pérez no
les acompaña en esta gira. David Hidalgo a la voz, guitarra y acordeón, César
Rosas a la voz y guitarra, Conrad Lozano al bajo, Steve Berlin al saxo y
teclados y Alfredo Ortiz a la batería. Con esta sensacional alineación, la
banda nos ofreció un gran concierto que durante una hora y tres cuartos dibujó
una sonrisa en nuestros rostros.
Foto cortesía de Ramrod
Los seguidores más frikis de la banda comentábamos antes del
concierto el set list de su concierto del día anterior en Galicia, pero la
banda demostró tener la soltura y el repertorio suficientes como para variar
sensiblemente el listado de canciones, y demostrar que a estas alturas de su
carrera pueden tocar lo que les venga en gana.
Foto cortesía de Ramrod
Comenzaron con un sonido un tanto regulero con La Venganza
De Los Pelados y Love SpecialDelivery, la versión de Thee Midniters que
incluyeron en su disco Native Sons. Con Angel Dance el sonido ya mejoró
considerablemente, y a partir de Chuco’s Cumbia sonó de lujo. Flat Top Joint
sirvió para rendir homenaje a una de sus bandas hermanas, The Blasters. I Walk
Alone y mi canción favorita de su extenso cancionero, Will The Wolf Survive?,
supusieron uno de los puntos álgidos del show. The Valley, ThatTrain Don’t
Stop Here de su discazo Kiko fueron las siguientes. Georgia Slop y Emily nos
llevaron a rememorar su excelente disco The Neighborhood. Llegó el momento de
despendolarse y cantar a pleno pulmón sus rancheras y cumbias. Le dedicaron al
criminal de Donald Trump la canción de la revolución mexicana Carabina 30-30.
Se acordaron de Flaco Jiménez con la sensacional Ay Te Dejo En SanAntonio, y
de Vicente Fernández con su inmortal Volver, Volver. Cumbia Raza mostró el
orgullo que tienen de su identidad cultural chicana. Para acabar el concierto
antes de los bises nos sorprendieron con una lisérgicagran versión de Bertha de The Grateful Dead,
que dejó a los más melómanos levitando. Los Lobos siempre han estado
relacionados con el universo de los Dead, y decidieron rendir tributo a la
memoria de su amigo Bob Weir, fallecido recientemente.
Foto cortesía de Ramrod
Para los bises dejaron su particular homenaje a Ritchie
Valens, del que hace pocos días se cumplía el 67 aniversario de su trágica
muerte. Ohh My Head, Donna, Come On Let’s Go y La Bamba, del tirón, casi nada,
con la inclusión del clásico de The Olympics, pero tocado a la manera de The
Rascals, GoodLovin’ en medio de La Bamba. Un pletórico y maravilloso fin de
fiesta que se vio un tanto enturbiado cuando una mujer despistada y que no
sabía cantar ni La Bamba, se subió al escenario para hacerse selfies con los
músicos y molestar más que otra cosa al respetable público.
Foto cortesía de Ramrod
Los Lobos son una banda veterana, algunos de sus componentes
empiezan a tener problemillas de salud, y puede que no se muestren tan
desafiantes en directo como en el pasado. Pero hoy en día no sólo son una de
las mejores bandas de Rock de la historia. Con el contexto social y político que
se vive en los Estados Unidos, su mensaje y su actitud son más necesarios que
nunca. Larga vida a Los Lobos.
Lee Fields volvía a visitarnos acompañado de los Expressions,
de la mano de la promotora HoustonParty. Una cita ineludible para todos los
amantes de la música en general, y del Soul en particular. El de Carolina del
Norte no tiene disco nuevo que presentar. Su último disco, Sentimental Fool, es
de 2022. Así que el risueño Elmer Lee Fields vuela libre en esta gira, sin el
encorsetamiento que a veces supone en el repertorio la presentación de un disco.
Foto de Mario Olmos
Para poner a tono al personal, Eneida Fever sentó cátedra
con una pinchada estupenda, con una gran selección de vinilos Soul. Perfecto
aperitivo para el menú de después.
Foto de Mario Olmos
En Barcelona, Lee Fields & The Expressions siguieron los
parámetros de los otros conciertos de su gira española.
Los Expressions salieron primero a calentar al personal y tras una frenética y
cachonda intro, Strawberry, presentaron con toda la épica que se merece al
pequeño predicador americano. You CanCount On Me demostró que su voz sigue
siendo la que era, a pesar de sus 75 años, y que está perfectamente engrasado
con la banda. El sonido en la sala 2 de Razzmatazz fue muy bueno, la sala registró
un lleno hasta la bandera, y el público se mostró muy receptivo con el señor
Fields. Por momentos el concierto parecía una espiritual sesión de Gospel, a
veces animaba al público a cantar, aplaudir, mover los brazos y saltar. Seguro
que no se suda tanto en una clase de aerobic. Y por supuesto, cuando le da por
ser un pícaro, parece reencarnarse en el mejor Marvin Gaye, como en Work To Do.
En la cachonda Ladies jugó con el personal buscando parejas entre el público. Con
Time ya fueron palabras mayores, con todo el público rendido y una
interpretación sobresaliente. No bajaron las revoluciones con Still Hanging On.
En Talk To Somebody nos animó a confraternizar con los que tengamos al lado.
Foto de Mario Olmos
Lee Fields no dejó de bailar en ningún momento, especialmente
en las canciones más rítmicas, como My World, en la que pudimos apreciar el
porqué de su mote, Little JB, y es que por momentos parecía que teníamos
delante al mismísimo James Brown. Se puso muy emotivo cuando recordó la muerte
de su padre al interpretar Wish U were Here. Volvió a calentar al personal con
la estupenda Don’t Talk. NeverBe Another Youes otro temazo que nos hizo ser conscientes del lujo que supone tener a
un artista del calibre de Lee Fields, el eslabón que nos queda de los clásicos
cantantes del Soul, mezclado con la que posiblemente sea, hoy por hoy, la mejor
banda de acompañamiento del género. Los Expressions han acompañado a los
mejores representantes de escena Soul más reciente, como Amy Winehouse, incluso
a Lady Gaga. Las continuas risas y miradas de complicidad entre sus miembros
demuestran lo mucho que disfrutan acompañando a Lee Fields. Got To Get Throught
To You y su himno Forever nos fueron acercando al finalde un espectáculo soberbio.
Foto de Mario Olmos
Por supuesto, hubo tiempo para un Bis, con Goosh, Goosh y
Honey Dove, dibujando una sonrisa en nuestras caras, que respondió con
rotundidad a la pregunta que durante todo el concierto nos hacía el señor
Fields, “Are you happy?”. Por supuesto que durante todo el tiempo que duró el
concierto fuimos felices. Después tocó volver a la insensata realidad que nos
acompaña en estos tiempos tan convulsos. Esperemos que vuelvan pronto a
visitarnos, parece que tienen previsto publicar nuevo disco en 2026.
Morgan volvían a Barcelona nueve meses después de su
espectacular concierto en el Palau de laMúsica, con una segunda parte del tour
de presentación de su cuarto álbum de estudio, Hotel Morgan. La primera parte
del tour estuvo enfocada en teatros, y la segunda está dirigida a las salas.
Aunque su propuesta es perfectamente válida para degustar en los dos ámbitos,
creo que es en una sala donde pueden mostrar mejor su música. La cercanía del
público, y el hecho de poder estar de pie, bailando y en comunión con el resto
del público, hacen que te metas en su particular universo sonoro con mucha más
facilidad.
Carolina de Juan, Nina, sigue con su particular timidez,
aunque está un poco más suelta. Cada vez se atreve más a dejar el piano y
acercarse al centro del escenario para cantar y dirigirse al respetable. Su
registro vocal sigue emocionando en cada inflexión, tiene una voz espectacular.
Paco López es un guitarrista versátil, y colabora mucho más que antes en el
aspecto vocal. Ekain Elorza es el motor de la nave a la batería, y David
“Chuches” Schulthess, es el colchón perfecto para las canciones de Morgan con
su piano, su órgano y sus sintetizadores. Willy Planas al bajo y su hermano
Gabi, a los teclados, guitarras y percusiones, les acompañan desde que
Alejandro Ovejero abandonara al grupo en 2021.
Morgan ofrecen un directo muy brillante, en el que pueden
pasar de sonar como una banda progresiva a lo Pink Floyd, a convertirse en una
orquesta de baile con mucho groove, practicando un Funk más que resultón. Y
luego están esas canciones tan poderosas que se clavan como puñales, esos
tsunamis emocionales que te dejan tiritando de emoción.
Empezaron con la atmosférica Planet Earth, para ir subiendo
las revoluciones con Blue Eyes. De su último disco, Hotel Morgan, tocaron como
primer tema, El Jimador. Nina se levantó de la butaca para animar al público
con Attempting. Momento para una de las mejores canciones del último disco,
Pyra. Goodbye fue el perfecto preludio para el universo sonoro de la grandísima
Alone. River fue coreada por todo el público. Cruel y Radio también del nuevo
disco, demostraron que cada vez tienen más peso sus composiciones en
castellano. A Kind Of Love y el agradecimiento hecho canción, Thank You,
sirvieron para cerrar la primera parte del concierto. Para los bises reservaron
tres bombas emocionales para dejarnos desarmados a su merced. Nina sola al
piano nos hizo acompañarla en Volver. Home volvió a demostrar que es una de las
mejores canciones del Pop Rock nacional. Y Sargento de Hierro nos erizó la
piel, como siempre. Con un rush final tan emocional, no podían dejarnos salir tiritando
al frío de la noche de Barcelona. Así que decidieron ponernos a bailar para que
entrásemos en calor al ritmo de Another Road. La mezclaron con la discotequera
versión de Good Times de Chic, y la vacilona Rapper’sDelight de The Sugarhill
Gang, con un sorprendente Paco López ejerciendo de rapero.
Otro gran concierto de los madrileños, que continúan con su
particular relación de amor con el público de Barcelona. Un público que llenó
la sala grande de Razzmatazz y que salió del recinto con una enorme sonrisa.
Guadalupe Plata es uno de los grupos más personales de la
escena nacional. Los de Úbeda han creado un universo propio que bebe de los
grandes del Blues como Skip James, Howlin’ Wolf , Elmore James o John Lee
Hooker, los mezclan con el histrionismo, la imaginería voodoo adaptada al sur
de España de tipos como Screamin’ Jay Hawkins, el sonido misterioso y
polvoriento de Ry Cooder, y la grandeza spaguetti western de genios como Ennio
Morricone. El resultado es una banda de blues moderna y genuinamente española,
construida con unos mimbres clásicos.
Foto de Mario Olmos
Pedro de Dios Barceló a la guitarra y voz, y Carlos Jimena a
la batería son un dúo espectacular cuando se suben a un escenario. Consiguieron
que la marcha de Paco Luis Martos en 2019, que se ocupaba del barreño y tenía
una gran fuerza escénica, no se notara en exceso cuando se reinventaron en
directo. Cuando sale al escenario Luis Aróstegui a hacer coros y tocar la
botella de anís, todavía enriquecen más su sonido e imagen. Han conseguido en
cada uno de sus conciertos, convertir la sala donde tocan en una especie de
cueva oscura, donde practican más un aquelarre que un concierto propiamente
dicho. El surrealismo de sus letras y su oscura forma de hacer blues no es que
tenga fans, es que consigue que sus seguidores sean como una secta, que los
sigue fielmente en todos sus conciertos y en cada lanzamiento discográfico.
Foto de Mario Olmos
La coqueta sala Upload de Barcelona volvió a llenarse de
seguidores y devotos de los Guadalupe Plata, y durante una hora y media vibró
con la entrega y las canciones de los jienenses.
El concierto comenzó con algo de retraso, pero cuando el dúo
saltó al escenario, nadie se quejó. Salieron a saco desde el principio, sin
saludos o sonrisas de acercamiento al respetable. Con una primera parte quizás
más psicodélica que otras veces, y fueron ganando fuerza a medida que avanzaba
el show. La oscuridad en el escenario era casi total, tan sólo un poco de luz
roja en los focos y un único punto de luz amarillenta que salía del bombo. No
son una banda que se lo ponga fácil a los fotógrafos.
Foto de Mario Olmos
Tocaron temas de todos sus discos. No tienen disco nuevo que
presentar, el último es de 2023. Así que elaboraron un repertorio muy variado
que hizo las delicias del público, que coreó las extrañas y mínimas letras de
sus canciones, arropando a la extraña y tímida voz de Pedro de Dios. Rata,
Gatito, la antigua Cementerio, Demasiado, La Cigüeña, No Te Vayas, Mecha Corta,
Serpientes Negras, la abrasiva Al Infierno Que Vayas, No Voy a Llorar, la
lasciva Tengo El Diablo En El Cuerpo, Milana, instrumentales como El Cóndor
Pasa o Filo De Navaja, y una parte final extraordinaria con canciones como
Duermo Con Serpientes, Lo Mataron, Tormenta, Esclavo y El Boogie De La Muerte.
Para los bises pusieron a todos a cantar Calle 24, Huele a Rata y Hoy Como
Perro.
Foto de Mario Olmos
Extraordinario concierto con una banda en estado de gracia,
en una sala preciosa llena de público, y con un gran sonido. Noche perfecta
para empezar la temporada de conciertos en Barcelona en 2026.
Lagartija Nick es uno de los mejores grupos del
panorama nacional. Llevan más de treinta años de una carrera valiente,
arriesgada y personal. Partiendo del post Punk ochentero han sido capaces de
hacer crecer una carrera impoluta, al margen de modas y presiones de las
discográficas. Han defendido y reivindicado la cultura con mayúsculas. Les han
dedicado trabajos a figuras icónicas de la cultura como Lorca o Buñuel, también
a artistas de culto como Val del Omar, e incluso han sido protagonistas de uno
de los discos más importantes de la historia de la música española, su inmortal
colaboración con el maestro del flamenco Enrique Morente, Omega.
Su gira actual sirve como tarjeta de presentación
para el disco en directo que han publicado hace unos meses, un disco que repasa
toda su trayectoria. Sus últimas visitas habían sido para presentar discos que
requerían de una puesta en escena y de un repertorio, muy concretos. En esta
ocasión no tenían que supeditar el repertorio a nada, y eso hizo que se
sintieran totalmente libres para tocar temas de todos sus trabajos, y hacer
algo parecido a un concierto de grandes éxitos. Eso claro está, a la particular
manera de Lagartija Nick. El público que llenó la sala 2 de Apolo disfrutó de
lo lindo y coreó unas canciones que no fueron compuestas para ser coreadas.
Tienen un público muy fiel y variopinto que les sigue en cada una de sus
aventuras musicales. Y en directo están más en forma que nunca.
Abrió la velada Iván Andrés Valiente, músico
salmantino que trabaja bajo el maravilloso nombre de Vacaciones Permanentes.
Salió solo a escena, con un teclado que escupía samples y ritmos sobre los que
chirriaba su guitarra. Su electro Punk pilló al público un poco frío, pero poco
a poco fueron entrando en la propuesta. Me gustaría verle arropado por una
banda, para que pudiera sentirse más libre en el escenario, aunque sus
canciones funcionan muy bien en este formato tan austero. Tocó temas de su
primer disco, Vacaciones Permanentes, un disco sorprendente y adictivo que me
gustó mucho cuando se publicó en 2024. Temas como Tu Warhol, Cuchillos,
Vampiros, la maravillosa Eterna, e incluso algún tema más antiguo como Enfermo
de mí. Tuvo tiempo para hacer un pequeño homenaje a JorgeMartínez, tocó un
fragmento del clásico Soy un Macarra. Sacó al escenario a un amigo suyo llamado
Germán, para que le acompañara a la guitarra, momento que aprovechó para hacer
el salvaje y arrastrarse por el escenario. Breve pero intenso, me dejó con
ganas de verle en un concierto propio que le permita demostrar todo su talento.
Los granadinos Lagartija Nick saltaron a un
escenario en penumbra, y enseguida atacaron con un SonicCrash atronador.
Antonio Arias al bajo y voz, derrochó simpatía y se dirigió al público tanto en
catalán como en castellano. Juan Codorniu siempre sobrio y efectivo a la
guitarra, JJ Machuca a los teclados y David Fernández a la batería, sonaron
compactos, inspirados y con un punto de alegría en sus miradas, y de sonrisas
en sus caras, que mostraban que la ocasión era especial. En esta ocasión Eric
no se ocupó de la batería, pero no se notó demasiado. Se les veía satisfechos,
por la respuesta del público, por el sonidazo de la sala Apolo, y por poder
hacer un repertorio libre, y repasar su amplia discografía con una complicidad
total con su público. Siguieron con Lo Imprevisto, Hipnosis, Estratosfera, Mar
de laTranquilidad, Universal, Me gustaría para mí, Agonía Agonía, Crimen, Sabotaje y
Creación, la coreadísima LaCurva de las Cosas, Buenos Días Hiroshima ¡Qué
canción!, en la que cambiaron la letra para acordarse de Palestina. Un primer acercamiento a Omega con NiñaAhogada en el Pozo, 20
Versiones, Conmigo Crece el Caos, la conexión granadina de Strummer / Lorca, la
estupenda y añeja Nuevo Harlem, Celeste y Mecamística, de uno de mis discos
favoritos, Val delOmar. Satélite, El Signo de los Tiempos, Esa Extraña Inercia
(Anfetamina) y Ciudad Sin Sueño como final de un concierto espléndido. El
público todavía pedía más, pero en la sala les entraron las prisas para
echarnos del recinto y tuvimos que abandonar precipitadamente el local.
Deberían hacérselo mirar, la gente casi no tuvo tiempo ni de acabarse sus
copas, y por supuesto, tampoco hubo tiempo para que pudieran vender algo en el
puesto de merchandising. No tiene sentido. Hay que tratar con más respeto al
público y a los artistas.
The Molotovs son la nueva sensación aparecida en Inglaterra de la que todo el mundo habla, incluyendo a algunos respetados músicos de un lado y otro del Atlántico. He leído de todo sobre su música: New Wave, Power Pop, Punk... Lo de siempre, hay que oírlos y sacar conclusiones. ¿Y quiénes son estoschicos de nombreincendiario? Pues se trata de Matt Cartlidge a la guitarra y voz acompañado de su hermana Issey, bajista y coros, junto al batería Harry Castle. Y lo curioso es que hablamos de gente que, pese a llevar ya unos cuantos años en el negocio, creo que aún no han llegado a la veintena. Otra curiosidad es que su primer álbum, Wasted onyouth, no ha llegado a nuestras manos todavía y tendremos que esperar hasta inicios del próximo año para verlo publicado. Pese a ello, muy buena entrada en la sala Upload, con mucha gente curiosa por ver el directo de estos jovenzuelos y más de un enrojecido guiri también llegado de las islas británicas.
Por mi parte, tras ver el concierto, me quedaron sensaciones tanto positivas como negativas. Por un lado, atacaron un sólido repertorio sin dar respiro, con fiereza, ímpetu, potencia y arrojo juvenil (obviamente). Matt un poco más discreto que su hermana, que sin manías llena el escenario con su Rickenbacker, teniendo más que estudiados los movimientos y las caras que pone. Y sorprendiendo al final, cuando apareció para tocar Get a life en el bis con una camiseta del Espanyol, hecho que provocó el regocijo en unos que no están acostumbrados a ver la camiseta de su equipo en un concierto con otros a los que no les acabó de hacer gracia la idea. Los temas, una buena colección de píldoras antidepresivas, como Today's gonna be ourday, Wasted on youth, More more more o Come on now, con un nuevo My metallic wife y una versión del Suffragette city de David Bowie.
Y la sensación negativa de la que hablaba antes, pues la escasa duración del concierto. Poco más de cincuenta minutos es una ridiculez por mucho que hayan salido como fieras desde el primer momento. También poca interactuación con el público por parte de Matt y un detalle final que me pareció escasamente empático cuando recogió las púas que tenía puestas en el pie de micro y se las metió en el bolsillo mientras la gente se las pedía. ¿Pecados de juventud que irán puliendo con el tiempo? Esperemos que sí.
La cuestión es que puede que aún haya futuro para el Rock'n'Roll mientras sigan apareciendo bandas como esta. Y en Enero se publica el disco, no lo olvidéis.
Para acabar me gustaría hacer un pequeño comentario sobre Upload. Es una de las mejores salas de Barcelona y con una programación interesante, pero lamentablemente no trata con respeto a la gente que vamos a sus conciertos. Los horarios de inicio habitualmente ya son bastante tardíos y además suele pasar como esta vez, con veinte minutos de retraso de la hora de apertura de puertas con lo que estaba anunciado. Y tener a la gente esperando una noche fría en la calle no tiene nombre.
Hace un par de años, siguiendo la estela de nuevas bandas de
Rock americano como los Red ClayStrays, descubrí a unos texanos que me
encantaron, y de los que no tenía referencias. Desde Odessa, Texas, Los Treaty
Oak Revival. Una banda que hasta entonces sólo había tocado en bares, y que se
formó en 2018 precisamente para eso, para tocar versiones de Rock sureño en
cualquier garito de Texas y alrededores. Los años han pasado muy deprisa para
ellos. En 2021 se dieron a conocer con el disco NoVacancy, un disco repleto de
himnos Country Rock cerveceros, que les dio a conocer y empezó a sacarles de su
zona de confort al empezar a tocar cada vez más lejos. En 2023 llegaría Have A
NiceDay, y con él los garitos cada vez más grandes, hasta que tocar en garitos
se les quedó pequeño y dieron el paso, poco a poco, pero sin pausa, hacia las
grandes salas de conciertos, tanto rockeras como country. Este mismo año
publicaron hace unos meses un mini LP acústico en directo, llamado The Talco
Tapes, con versiones de algunos de sus temas más conocidos, y que es una
delicia. La expectación era muy grande ante la publicación de su tercer álbum
de estudio, los dos adelantos publicados como single, Happy Face y Bad State Of
Mind, habían funcionado muy bien, y así, hace unos días, ha visto la luz West
Texas Degenerate. El disco que debe colocarlos en la élite del Rock sureño.
Mezclan sin ningún tipo de rubor la sonoridad del Country, el virtuosismo del Hard rock y la fuerza y energía del Punk.
El grupo debe su nombre al último de los 14 robles sagrados
para los Comanches y los Tonkawa. SamCanty es el vocalista y toca la guitarra
acústica, Jeremiah Vanley es el guitarra solista principal, y su tío, Lance
Vanley es el guitarrista rítmico, además de hacer los coros. Cody Holloway se
ocupa de la batería, y Dakota Hernández del bajo. Aunque en el disco el bajista
ha sido Andrew Carey, que dejó la banda el pasado verano.
El disco se abre con una introducción muy original, una
conversación sobre los primeros conciertos y héroes musicales con Edgar Viveros
del grupo de Oklahoma Ben Quad. Port A entra como un cañón con unas guitarras
que echan fuego, para contarnos cómo fueron unos modestos días de vacaciones de
Sam Canty. El tema que da título al disco, West Texas Degenerate, es un dueto
con el músico texano William Clark Green. Va a convertirse en su nuevo himno,
ya que es una canción con un estribillo irresistible, en el que se habla de
identidad y de los vicios que todo degenerado del oeste de Texas arrastra
consigo. Shit Hill baja un poco las revoluciones con su inicio de batería
sincopado, hasta que un redoble cambia completamente el tema y lo convierte en
una canción hard rockera con fuerte acento sureño. En Withdrawals se acompañan
de otro de los músicos con los que se han pateado los locales del sur de los
USA, Gannon Fremin & CCRV. El de Oklahoma empasta perfectamente con los
texanos para ofrecer un temazo que bien podrían haber firmado los mismísimos
Blackberry Smoke. El momento álgido del disco llega con su canción más
escuchada hasta el momento en plataformas, Bad State OfMine. Clásico southern
rock en el que la voz de Sam Canty destaca especialmente, con su acento sureño
tan marcado, y en el que las guitarras de los Vanley echan humo. En Dosin nos
hablan de una pérdida amorosa y de lamerse las heridas. En Misery colabora Gary
Stanton, otro colega de escenarios, que los ha acompañado varias veces con su
banda Muscadine Bloodline. Gran canción con otro estribillo irresistible marca
de la casa. Stay A While marca un ritmo trotón para llevarnos a un bombazo Hard
Rockero con unas guitarras incendiarias que en los solos recuerdan al añorado
Eddie Van Halen, Naders. No hay disco clásico de buen rock americano que no
tenga su bonita canción de amor, Sunflower es más un medio tiempo que una
balada, pero cumple con creces su función en el disco, y es que no todo puede
ser intensidad. Happy Face fue el primer adelanto del disco, se publicó en 2024
con la banda en plena expansión, y provocó mucha expectación. Gran canción
sobre una ruptura y el engañarse a uno mismo poniendo buena cara cuando estás
destrozado. Blue Star es la última canción del disco, y es otro temazo de Rock
sureño que te hace desear el momento en que se decidan a cruzar el charco y
venir a tocar por aquí. Sus directos tienen fama de incendiarios con Stage
Divin’ y gente lanzando cervezas por los aires en modo die hard fan. West Texas
Degenerate se cierra con un apunte acústico que sirve para presentar al nuevo
bajista, Dakota Hernández.
El disco ha sido producido por los propios Treaty Oak Revival con la ayuda de Taylor Kimball. SamCanty ha dejado el alcohol y dice que sus letras están madurando un poco, también dice que intenta fijarse en gente como Reckless Kelly o Ryan Bingham, pero lo que no ha perdido es la fuerza y el descaro. Y es que está al frente de una de las mejores bandas de Rock americano del momento. Esperemos que dure y que podamos constatarlo en nuestros escenarios.
Día de difícil elección para muchos, con los conciertos de The Waterboys y Cracker coincidiendo en Barcelona. Y si además le sumábamos al renacido Marilyn Manson en Badalona se complicaba aún más la cosa. Finalmente elegí ver a los de Mike Scott, aunque me habría encantado ir a Cracker. Lo que me sorprendió enormemente fue que los dos conciertos gozaron de una excelente entrada, de hecho en Paral·lel 62 colgaron el sold out. Me alegra que Barcelona haya respondido esta vez.
The Waterboys son una de las bandas de mi vida, y This is the sea uno de mis discos de cabecera. Uno de aquellos de los que te sabes cada una de las notas que suenan y que puedes volver a escuchar una y otra vez sin cansarte de él. Aunque no es el único gran disco que han grabado sí que es el más destacable en mi opinión. En este mismo año han publicado Life, death and Dennis Hopper, dedicado al genial actor, y para 2026 anuncian gira con Steve Earle como miembro del grupo que hará parada en Valencia.
La noche fue una gozada para todos los seguidores veteranos que nos congregamos allí, con tres partes diferenciadas. La inicial en la que descargaron sin descanso Glastonbury song, How long will I loveyou?, Medicine bow, Be my enemy, Fisherman's Blues y un épico This is the sea., además de una sorprendente versión del Knockin' on heaven's door. La segunda parte fue dedicada a su último trabajo, y pese a ser un buen disco significó un bajón tras ese inicio espectacular. A lo largo de una media hora tocaron unos cuantos temas de su obra, como Blues for Terry Southern, Michelle (alwaysstay) o Ten years gone, con proyecciones detrás y haciendo coros las componentes de The Deep Blue, la banda telonera que a mí personalmente no me entusiasmó y que sufrió un sonido nefasto, nada que ver con el de la banda principal. Ya la tercera parte fue la de la traca final, en la que se habían reservado Don'tbang the drum, A girl called Johnny, Spirit y The pan within, para rematar el bis con The whole of themoon enlazada con el Everyday people de Sly & The Family Stone, acabando a lo grande con las chicas de The Deep Blue de nuevo sumadas al fin de fiesta. Reconozco que me emocioné en varias ocasiones, y si llegan a tocar OldEngland caigo desmayado.
Dos horas de concierto, en las que vimos a un Mike Scott bajo su gorra, parapetado tras unas gafas de sol y con unos horrorosos pantalones rojos que parecían ser del chándal de la selección española, pero mostrando carisma y buen humor. Y por supuesto no olvidemos al teclista BrotherPaul Brown, un tipo divertido que es todo un espectáculo y que se ha convertido en una de las bazas del directo. Y si fichan a SteveEarle...qué más se puede pedir.
Hace unos días publicamos una crónica de la gira que ha
juntado a Santiago Auserón con el guitarrista Theodoros Karellas y Vaggelis
Tzeretas al Buzuki. La gira ha sido el fruto de la grabación de un disco
conjunto que se publicó en Octubre. El disco se nutre de composiciones de
Karellas y Tzeretas adaptadas al español por Santiago, además de versiones de
canciones griegas y un tema compuesto por el mismísimo cantante aragonés.
Lo que empezó como un juego, y un deseo de ahondar en el
universo musical griego por parte del inquieto Santiago Auserón, ha dado como
fruto, en este caso dulce, un disco precioso llamado Nerantzi. Lo que para
algunos podría sonar a un capricho de estrella de la música, buscando sonidos
exóticos para ampliar su rica paleta de sonidos, me atrevería a decir que ha
dado lugar a uno de los mejores discos de su carrera. La aparente sencillez de
su planteamiento, basado en guitarra y buzuki, dota de una calidez y una
belleza más que suficientes a la voz de Santiago.
No han sido muchos los acercamientos de la música Rock al
cancionero griego, si acaso la adaptación al Surf Rock de Dick Dale del tema
Misirlou, inmortalizado para la posteridad en la banda sonora de PulpFiction,
o los jugueteos de los Beatles en las líneas de guitarra de temas como Girl o
Michelle. En este disco lo que ha buscado el trío protagonista ha sido otra
cosa, sonar a canción tradicional griega, heredera del Rebético, y tan sólo dar
alguna pincelada de otras músicas.
El disco se abre con un tema de Theodoros Karellas llamado
El Desdén, que adaptan de forma brillante y desenfadada, para hablar del gran
tema del disco, el desamor. Continúan con la típica canción con temas clásicos
del Rebético, en este caso el alcohol para superar el dolor. Es un tema
original de Vaggelis Tzeretas, llamado Marea De Alcohol. Una de las cumbres
artísticas del disco viene de la versión del tema de Mikis Theodorakis, Fedra.
Una moderna adaptación del mito de Eurípides, que formó parte de la película
Fedra de Jules Dassin (1962) y que originalmente cantó la gran MelinaMercouri.
La versión es preciosa y por momentos da hasta escalofríos escuchar una
adaptación hecha con tanto gusto y sencillez. Batalla Por La Vida es un tema
compuesto por Theodoros Karellas y Thomas Psimmas, y es una canción de
trasfondo pacifista y naturalista, con unas bonitas escenas costumbristas. ¿De
qué color es tu alma?, nos cantan en la canción contra los prejuicios raciales,
ElColor Del Alma, original de Vaggelis Tzeretas. Una de mis favoritas es La
Espera, tema original de Theodoros Karellas y Menelaos Lountemis, una canción
que comienza con aire de Bossa Nova y tiene unos bonitos arreglos jazzísticos a
cargo de un sugerente clarinete. Nos habla del hastío de la vida, de la espera
eterna, y nos deja esa sensación de la espera como objetivo absurdo, que tan
bien retratara DinoBuzzati en su novela El Desierto De Los Tártaros. Irenita
es una canción original de PanagiotisTountas que nos habla de tomar algunas
drogas para olvidar el desafecto de Irenita, tiene unos bonitos fraseos de
violín que le dan un sonido muy particular. Otro de los grandes momentos del
disco es el dueto con Ani B Sweet en Alborada En Tono Menor, un tema original de
Minos Matsas y SpirosPeristeris que nos habla, cómo no, de un amor
desesperado. Ani B Sweet está pletórica y le da un toque de dulzura que conjuga
muy bien con la voz de Santiago. En directo es una canción que te hace levitar,
una joya. El disco se cierra con la única composición de Santiago Auserón,
Naranjo Amargo, que a ritmo de Sirtaki nos lleva a la confrontación y el
equilibrio entre lo dulce y lo amargo, con una obvia connotación sexual, pero
que no se queda sólo en eso. Es una canción que nos enseña que la vida se
resume en momentos dulces y también amargos, y que la belleza a veces esconde
trampas amargas en las que solemos caer los débiles mortales.
Nerantzi, es un disco precioso que esperemos que tenga
continuidad en el futuro. La complicidad entre el trío protagonista merece
seguir explorando en el universo de la música griega.
Nueva visita a nuestra ciudad de una banda ya acostumbrada a incluirnos en sus giras. Tocaron una vez en Rocksound cuando se llamaban Girls, Guns & Glory, y ya como Ward Hayden & The Outliers acumulan varios conciertos más en Barcelona. Y si a principios del año pasado nos presentaron en directo su homenaje a Hank Williams, ahora venían con dos discos bajo el brazo reinterpretando a BruceSpringsteen. Little by little y Piece by piece son sus títulos, y nos muestran un buen puñado de temas del Boss pasados por el filtro Country Rock de la banda.
Ward ha reformado al grupo, con varios miembros nuevos y cinco integrantes en lugar de cuatro, y la verdad es que en directo suenan de maravilla. Además, tuvieron la habilidad de hacer un repertorio en el que se vieran incluidas todas sus etapas, con temas como Rock'n'Roll, South shore, Empty bottles, Maryanne o I'd die for you. También alguna versión, como ese clásico de Willie Nelson llamado On theroad again que fue cantado por el simpático bajista Greg Hall. Y por supuesto los temas de Springsteen, que en este concierto fueron Glory days, Youngstown, Stolen car, Dancing in the dark, un maravillosoCadillac ranch y Brilliant disguise. Todo ello aderezado con las historias que nos contaba Ward mientras rasgaba su preciosa acústica, hablándonos sobre Boston, sobre su familia y cosas sobre el mismo Springsteen. Otro tipo simpático.
Triunfo sin paliativos en esta nueva visita, como se pudo comprobar viendo las ventas de vinilos, CDs y camisetas.