Si un grande como Willie Nile no se acerca a Barcelona habrá que ir a verlo al lugar más cercano en el que toque, y un rato de coche vale la pena para vivir nuevamente una noche de genuino Rock'n'Roll con este veterano. Todo un cronista de la sociedad americana que actualmente nos habla con desespero de la terrible situación que vive su país, y por extensión el resto del mundo.
En mi primera visita, el bonito Rockòdrom de Hostalets me dio a conocer a la telonera Laura Silverstone, de la que apenas había escuchado un par de temas. Pues bien, ahora puedo decir que soy seguidor de esta chica y espero poder volver a verla en directo más pronto que tarde. Ella sola, con su guitarra, una esporádica armónica, algún efecto y su voz, además de una imborrable sonrisa en su rostro y una simpatía desbordante se ganó al público. Ya con la primera instrumental que abrió el concierto nos dejó con la boca abierta. ¡¡Qué manera de tocar la guitarra!! Y con temas como el vibrante Home o Dream on acabó de convencernos del diamante que teníamos delante, más aún con las historias que nos iba contando sobre su vida en la carretera con una furgoneta un poco ajada ya.
Recordad este nombre: Laura Silverstone, vale mucho la pena.
Apenas unos minutos de descanso y aparecía Willie Nile ataviado con una cazadora bien molona y con su banda de acompañamiento, nada menos que los StormyMondays, como suele ser habitual cuando gira por estas tierras. Y qué podemos decir, lo de Willie la verdad es que es tremendo. Un tipo que se va acercando ya a los 80, pero que se mantiene en plena forma, sigue publicando buenos discos y su actitud sigue siendo la misma que cuando le descubriera un cuarto de siglo atrás con aquel Beautiful wreck of the world (del que no tocó ni un solo tema) y un histórico concierto en La Boite. Poseedor de una discografía perfecta toque lo que toque sabemos que es de calidad, como ese inicio con Welcome to my head. O ese acertado y necesario Wake up America. O un precioso Streets of New York en el que se sentó al piano, seguido de un fenomenalAcross the river, en el que Jorge Otero sacó fuego de su guitarra. O esa maravilla llamada Heaven help the lonely. O ese épico final con Laura Silverstone y un joven guitarrista para One guitar. En fin, que podría cambiar completamente el repertorio que el concierto sería igual de bueno. Este hombre sabemos que no falla.
Después de una hora cuarenta dándolo todo sobre el escenario, con su simpatía habitual (que se lo digan al teclista Pablo Bertrand, principal blanco de sus bromas), rápidamente lo tuvimos en la zona del merchandising para hacerse fotos, firmar y charlar con todo aquel que se le acercara. ¡Qué grande, Willie!
Segunda fecha de celebración del aniversario de Rocksound. Y si Rambalaya llenó Razzmatazz 3 en laprimera, los australianos The Southern River Band tuvieron que pasar su concierto de esa sala pequeña a la mediana de Razzmatazz, acotada para la ocasión, y en la que consiguieron finalmente agotar todo el papel. Desde aquí nos alegramos por los organizadores, se lo merecen más que nadie en esta ciudad.
El cuarteto comandado por el cantante y guitarrista Cal Kramer (siempre luciendo su espantoso bigotito) ya dispone de un puñado de álbumes cargados de Rock'n'Roll sin concesiones. El más reciente, Easiersaid than done, del que sonaron más canciones, aunque yo personalmente prefiera el anterior, D.I.Y.
¿Han inventado algo nuevo? No. ¿Son el summum de la originalidad? No. Claramente su música es deudora de AC/DC o Rose Tattoo, entre otros. Pero lo que hacen lo hacen bien, y tienen algún que otro tema ideal para ponerte las pilas como ese pequeño clásico ya en su carrera que es Stan Qualen, que llevó la locura a la sala. Nos mostraron duelos guitarreros estilo Thin Lizzy entre Cal y Dan Carroll, una poderosa base rítmica con Pat Smith al bajo y Tyler Michie a la batería, y unas canciones que ganan mucho en directo viendo como van a muerte con ellas desde el primer minuto de concierto. De ejemplos unos cuantos: la sureña de irresistible estribillo Watch yourself (you're gonna hurt somebody), las tremendas Cigarettes (ain't helping me none), Fuck you pay me o las tres llamadas Vice city. Y también algún momento más relajado como con One of these nights (I'll be gone), aunque la mayor parte de la noche fue de no parar de moverse ante la marcha de la banda. Y todo ello con los músicos llevando un ritmo alcohólico con el que a mí me tumbarían a los diez minutos. ¡Qué manera de beber!
Un año más feliz aniversario a Rocksound y que nos sigan trayendo todas estas bandas interesantes como han hecho siempre.
Aunque lamentablemente ya no exista, cada año se sigue celebrando el aniversario de la sala Rocksound, y como cada año eso significa interesantes conciertos. En esta ocasión, debían tocar el mismo fin de semana The Summit y The Southern River Band, pero un desgraciado accidente de los primeros nos privó de esa dupla. Eso sí, los sustitutos de lujo: nuestros Rambalaya, como ya hemos comentado otras veces, uno de los mejores grupos que tenemos por aquí.
Ante una sala llena ocurrió lo que todos esperábamos, que la banda arrasara con todo. Los que ya habíamos disfrutado otras veces de su directo salimos de nuevo satisfechos y felices. Y para los que significaba su primera vez acabaron también adscritos al mundo Rambalaya para siempre, como pude comprobar con comentarios que me hicieron algunos asistentes al finalizar el concierto.
En sus tres discos publicados hasta la fecha podemos encontrar de todo: Rock'n'Roll, Rhthym & Blues, Country o algo de Jazz. Incluso hay momentos en los que, gracias al saxo de Pol Prats y la trompeta de Álex López, podemos apreciar influencias mexicanas. Esa mezcla les sale realmente bien y temas interesantes no les faltan. Desde el inicio divertido con Back in the race, la épica de Take your ownadvice (su canción de estadio, según dijo el cantante Jonathan Herrero), la potencia de Cabin fever y Can't take it nomore (brutales), o la belleza de Only in my dreams. Además, con la participación de tres jóvenes coristas alumnas de Jonathan para The border. ¿Qué más se puede pedir?
Espléndido inicio de celebración para el XVIII aniversario de nuestra añorada sala favorita. Al día siguiente, la segunda fecha con los australianos The Southern River Band que pronto comentaremos aquí.
Rocksound siempre en nuestros corazones y larga vida a Rambalaya.
Una de las artistas más interesantes de las que podemos disfrutar por estos lares es Maika Makovski, que el año pasado celebró sus dos décadas en el mundo de la música, y que en Barcelona ha conmemorado esa efeméride a lo grande, con un concierto en todo un Palau de la Música en el que hizo un repaso a toda su carrera acompañándose de un montón de músicos que han pasado por su banda, compañeros de profesión e incluso del actor Asier Etxeandia, también cantante.
Después de un retraso de quince minutos, algo habitual en el Palau y que no alcanzo a comprender tratándose de un lugar así, apareció a solas una emocionada Maika para interpretar Song of distance mientras se le iba uniendo el Quartet Brossa. Ese hermoso momento fue el inicio de una noche que, en mi opinión, resultó memorable, en la que hubo espacio para diseccionar toda la ecléctica carrera que lleva esta mujer. Ya de su primer trabajo, Kradiaw, pudimos degustar ese James Dean's alive a dúo con Nina de Morgan, que a mí personalmente me puso la piel de gallina. Hubo cabida para todo, con temas más rockeros, como Reaching out to you junto a Niña Coyote Eta Chico Tornado, Si tú me quieres, con los hermanos Tormo de Los Zigarros (marido y cuñado de Maika), Love you til I die o He's got the power con The Mani-las, sus compañeras en formato power trio. También hubo espacio para otras cosas diferentes que ha hecho la cantante en estos años, y Makedonija con el Quartet Brossa sería un buen ejemplo. Otras colaboraciones fueron las de Christina Rosenvinge y Anni B Sweet para The brotherhood y My head is avampire respectivamente, canciones de su último disco, Bunker rococo. También salió su amigo Mikel Erentxun para la preciosa Places where we used to sit, adaptada al castellano como Lugares donde nos solíamos sentar. Aquí quiero decir que en aquellos 80 en los que Duncan Dhu triunfaban no eran precisamente mi grupo favorito, aunque con las hordas de triunfitos y reguetoneros que han venido después ahora me parecen casi una ambrosía musical. Aunque, desde luego, para colaboración estelar la de Howe Gelb al piano y voz en The bastard & the tramp, aunque por problemas técnicos no pudo colgarse la guitarra como pretendía en un principio.
Y así, con un I live in a boat espectacular, en la que salieron casi todos los colaboradores de la noche, sumando una treintena de personas sobre el escenario daba fin una velada de casi tres horas.
Inolvidable y emocionante concierto que me reafirmó aún más como seguidor de Maika Makovski. Además en un lugar precioso y con numeroso público, aunque muchos ya se fueron antes de hora. Si tenemos en cuenta que acabó a medianoche y a esa hora sale el último metro nos tocó correr a más de uno. Y maldecir ese inicial cuarto de hora de retraso también, claro.
La edición número 13 del Santako Blues Festival ha vuelto a
llenar de buena música los locales y las calles de Santa Coloma de Gramenet.
Durante 10 días ha habido conciertos para todos los gustos. Los más blueseros
disfrutaron con los Why Nots en El Perdut, Tori Sparks volvió a encandilar al
público en la Ciba, los Swamp Preachers se entregaron durante tres horas en la
Taverna Gaudir. En fin, como siempre una gozada. El plato fuerte del festival
viene siempre con los dos días de conciertos en el TeatreSegarra. El Viernes
Las Balas Perdidas y el norteamericano Sax Gordon dieron dos grandes conciertos
que por motivos profesionales no pude degustar; pero me desquité el Sábado, con
el estupendo doble cartel formado por los barceloneses Doc & The Mads y los
polacos Boogie Boys.
Doc & The Mads es una banda que se mueve entre el Rock y
el Rhythm and Blues de los 50 y el sonido de la British invasión de los 60. La
banda la conforman Andreu Ros al piano y la voz, Javier Cortés al contrabajo,
Wilco Van Eijk a la batería y César Canut a la guitarra, que no pudo acompañar
a la banda en esta ocasión, siendo sustituido por el gran guitarrista argentino
Lega Caster. Además venían con el gran Spencer Evoy al saxo y a la voz. Y el
líder de los grandes MFC Chicken estuvo a la altura, como siempre, y le dio variedad,
tablas y diversión a una banda ya de por sí solvente.
Hacía un par de meses que había visto a Doc & The Mads
en directo, en las Sagrades Tanninnes de Barcelona, y ya estuvieron a un gran
nivel. El escenario del Teatre Segarra y sus quinientas localidades de aforo,
por supuesto sold out, no les quedaron grandes, y ofrecieron un gran concierto
que hizo disfrutar a todo el público. Repasaron a fondo su disco de debut y su
reciente Ep, Believe it or not, producido por Dani Nel.lo.
Arrancaron con Mama said no, Mean Little mama, That´s the
way i feel y Drinkin´wine Spo Dee O Dee. Spencer se encargó de cantar la
divertida Shim Sham Shimmy. Believe it or not nos puso a todos a bailar en
nuestros asientos. Forget about me, de la etapa de Andreu en los Sick Boys y el
inmortal Teenageheaven de Eddie Cochran continuaron la fiesta. Spencer volvió
a cantar en Midnighter, Hit Git and Split y nuevamente con Spencer a la voz, se
marcaron una enorme versión del Roll over Beethoven de ChuckBerry. Apareció en
escena Eneri para cantar una sentida y respetuosa versión del clásico de los
Sirex, San Carlos club, y ya no abandonó el escenario ocupándose de las
segundas voces. Continuaron con Moonlight Bay, Bike rider, Will i ever see you
again, That’s my way y una estupenda I gonna miss yourlove. Se metieron en un
charco bromeando sobre la carne y los vegetarianos con la divertida Where isthe Meat cantada por Spencer. Y acabaron el concierto con Magic eyes y The
senior class. Para los bises reservaron Last train, el clásico de MFC Chicken,
Chicken Shack, y encendieron a toda la sala con el inmortal Whole lotta shakin’
goin’ on de Jerry Lee Lewis.
Después del gran concierto de Doc & The Mads, saltaron
al escenario los polacos Boogie Boys, que debutaban en los escenarios españoles
después de más de veinte años de carrera. Son una banda muy respetada en el
extranjero y han llegado a ser finalistas en el International Blues Challenge
de Memphis. Salieron dispuestos a apabullar al público con su derroche musical
y físico, con un concepto de concierto muy ágil, moviéndose continuamente por
el escenario y realizando unas acrobacias con los teclados y el contrabajo que
ya quisieran poder realizar los del circo del Sol.
Saltaron al escenario después de un divertido vídeo de
presentación en el que aparecían en un viejo avión de Iberia. Y a partir de ahí
comenzaron una fiesta y una ración de boogie woogie, que sólo se pudo ver un
tanto lastrada por unas explicaciones en inglés, quizás excesivas, aunque igual
necesarias para recuperar un poco el resuello, después de su entrega en las
canciones. Están liderados por el showman, vocalista y teclista Bart Szopinski,
con Piotr Bienkiewocz a la guitarra, Michal Cholewinski al teclado, Janusz
Brzezinski al contrabajo y Milosz Szulkowski a la batería. Además venían con
una estupenda y animada sección de vientos que les daba un aire de fiesta
soulera a los temas muy disfrutable.
Tocaron canciones como My own way to Rock, Lonely weekends,
la estupenda Shakin’ goin’ on, su divertida canción que es casi como su himno
particular Full speed no brakes. Derrocharon actitud, y físico, en una brutal
versión instrumental de You never can tell de Chuck Berry, e incluso cantaron
un tema en polaco, el vacilón Lecz glupiego Zycia Zal. Y arrasaron con una
parte final donde nos hicieron cantar en Boogie boys are in town y acabaron con
una estupenda versión del inmortal Great balls of fire de Jerry Lee Lewis.
Estupendo concierto que dejó muy buen sabor de boca entre el
público, quizás la única pega que le pondría yo, sería que lo de romper el
ritmo del concierto con un largo e innecesario solo de batería, se lo podrían
haber ahorrado. Por lo demás, fue un muy buen concierto de una banda que ojalá
nos visite en una sala en la que podamos bailar.
Enhorabuena a toda la organización del festival por realizar
un gran trabajo. El año que viene repetimos.
Streets os New York es el quinto álbum publicado por el
cantautor norteamericano Willie Nile. Salió en 2006, por lo que el 21 de
Febrero cumple 20 años. La publicación supuso su vuelta al mundo de la música
después de una carrera que hasta entonces había sido un tanto dispersa, con
algunas largas temporadas de silencio. A partir de este trabajo su carrera ha
sido mucho más constante, no ha dejado de publicar discos y de hacer giras;
unas giras que le han traído varias veces a nuestros escenarios, donde se ha
convertido en uno de los músicos norteamericanos más queridos por los fans del
Rock americano más atemporal.
Streets os New York es más una postal de amor hacia la
ciudad de los rascacielos, que un disco. Es un trabajo en el que Robert Anthony
Noonan, su verdadero nombre, vuelca todas sus influencias musicales para
ofrecer un disco largo y caleidoscópico, que puede pasar de sonar a Dylan, a
los Pogues, a los Clash, a Springsteen, y por supuesto a todos los poetas de la
Fender que surgieron en los setenta tras la estela dylaniana, gente como
Elliott Murphy, Steve Forbert o Warren Zevon.
La solvencia como compositor de Willie Nile no sólo viene
precedida de un vasto conocimiento de la música popular norteamericana y del
Punk inglés. Además, sus letras están muy bien trabajadas y responden a su
intención de reflejar la realidad de su tiempo, y también a explicar el
desencanto de una parte de la sociedad estadounidense con el sueño americano.
Aún así en sus discos siempre acaba trascendiendo un punto de optimismo, quizás
debido a su humanidad y a su empatía con los personajes que han tomado malas
decisiones en la vida, o a los que la sociedad se empeña en dejar atrás o a
invisibilizar. Es Doctor en Filosofía y Literatura inglesa. Un tipo culto que
cuenta sus historias a través de la música, y que además sabe transmitir muchas
emociones tanto en sus discos como en directo.
En sus comienzos tuvo que cargar con el peso de ser
catalogado como un nuevo Dylan, pero pronto rellenó el cuadro de sus
influencias con nuevos y más ruidosos colores. Después de una primera etapa en
la que publicó dos estupendos discos, Willie Nile (1980) y Golden Down (1981), su
estela se desvaneció hasta que volvió por sorpresa en 1991 con el disco Places
I Have Never Been. El disco no acabó de funcionar y después de varios años de
ostracismo decidió autoeditar el magnífico BeautifulWreck Of The World en
1999.
Tuvieron que pasar siete largos años hasta que viera la luz
el disco más ambicioso de su carrera. StreetsOf New York se publicó en Febrero
de 2006. A partir de ese momento la carrera del genio de Buffalo no ha vuelto a
tener parones, y se ha convertido en una de las más sólidas e independientes de
los cantautores norteamericanos.
El disco es una radiografía y una declaración de amor hacia
su ciudad. Así lo reflejó el crítico musical de la revista Time y guionista Jay
Cocks. “Las melodías que compone e interpreta con tanta vitalidad, hacen que el
mito, la magia, el peligro, la tristeza y el amor de esta ciudad, sean más
auténticos que cualquier otra cosa que haya escuchado desde Dion. Este disco es
desgarrador. Es Rock N’ Roll en su máxima expresión. Es Nueva York en su máxima
expresión, y no hay nada mejor que eso”.
El disco se grabó en varios estudios neoyorquinos, con
producción del propio Willie Nile con la ayuda de su banda, Andy York a la
guitarra, órgano, Mellotron y percusiones varias; Brad Albetta al bajo, RichPagano a la batería, y Frankie Lee a los coros y percusiones, y que además es
coautor en muchas de las canciones del disco.
El disco comienza con un tema con cierto aroma a Springsteen
y a Power Pop, Welcome To My Head. Continúa con Asking Annie Out, una optimista
canción sobre un enamoramiento, con uno de los mejores riffs de guitarra del
disco. Game Of Fools es otro temazo de aires souleros en el que se luce la
guitarra de Andy York. Back Home puede que sea la canción en la que la sombra
dylaniana sea más alargada. The Day I Saw Bo Diddley In Washington Square es
uno de los highlights del disco. Colabora JakobDylan en las voces y tiene un
delicioso acento a canción folk irlandesa, una de las canciones más ThePogues
que he escuchado nunca, sin ser de The Pogues. Qué bien la hubiera cantado
Shane McGowan. Además tiene una letra curiosa por la que desfilan los extraños
personajes que deambulan por la famosa plaza neoyorquina, y en la que Bo
Diddley no aparece en ningún momento, curiosamente. Best FriendsMoney Can Buy
vuelve al Power Pop, y da paso a otra de las joyas del disco, Faded Flower OfBroadway. Con cierto aire a los mejores Byrds, explica la historia de una
desencantada mujer que transmite humanidad cuando baila entre lágrimas. La flor
marchita de Broadway es una de las mejores canciones de la carrera de Willie
Nile. Sorpresa en forma de Reggae con When One Stands, una canción llena de
esperanza y buenos deseos. Whole World With You devuelve el mejor Rock
americano al disco, con otra de las canciones de estribillo y puño en alto que
tan bien le salen a Willie. Qué bien canta en la balada On Some Rainy Day, y
cómo suena el slide guitar de Andy York. Su voluntad de cronista de su tiempo
se refleja en Cell Phones Ringing (In The Pockets Of The Dead), una canción que
surge tras los atentados del 11 M en Madrid. Un alegato contra la barbarie del
terrorismo, que comienza con una intro de guitarra española que se trunca con
el sonido de una llamada de teléfono móvil. Los que atendieron a las víctimas
después del atentado explicaban la tristeza de escuchar las llamadas a los
teléfonos de los pasajeros diseminados por el tren. Es un tema enérgico y
combativo, y otra de las cumbres del disco. Lonesome Dark-Eyed Beauty vuelve a
teñirse de Dylan, una emotiva y tierna canción llena de interrogantes, de
miedos y de esperanzas. La única versión del disco refleja el amor de Willie
Nile por The Clash, y está dedicada a Joe Strummer. Police on my Back es un
tema de los Equals de Eddy Grant, que llevaron a la fama The Clash en su disco
Sandinista! Es un temazo espectacular, con esa línea chillona de guitarra que
se te clava en la cabeza. De hecho el nombre de la discográfica que publicó el
disco Streets Of New York, y que prácticamente se convirtió en su propia
discográfica, fue 00:02:59, que se pronuncia “dos minutos cincuenta y nueve”
como en la canción Hitsville UK de The Clash. Un disco tan rico y variado en
instrumentos, acaba curiosamente con la canción más desnuda. En Streets OfNew
York la voz y el piano de Willie Nile muestran una balada épica a la manera de
Bruce Springsteen, en la que las esperanzas, las desilusiones, y el sueño
americano desfilan por las calles de la ciudad que nunca duerme.
El pequeño cantautor neoyorquino tiene muchos discos a sus
espaldas, pero para mí, ninguno supera a esta joya llamada Streets Of New York,
un disco que muestra todas las influencias y estilos que conforman el universo
musical de su autor.
Se cumplen 30 años desde la publicación de uno de los mejores discos de la extensa carrera de Dan Baird. Buffalo Nickel se publicó un 30 de Enero de 1996. En esa época todavía arrastraba la fama y fortuna que había conseguido con Georgia Satellites, y en la discográfica American Recordings, Rick Rubin pensaba que podría conseguir un éxito masivo con el Boogie Rock trotón y festivo del de San Diego.
A pesar de las buenas críticas y de la producción de todo un Brendan O’Brien, no lo había logrado del todo con su estupendo disco de debut en solitario, Love Songs For The HearingImpaired, publicado cuatro años antes. Y tampoco lo conseguiría con Buffalo Nickel. De hecho fue su última grabación para el prestigioso sello. A partir de este disco, DanBaird prefirió trabajar con sellos más pequeños en los que pudiera publicar sin presiones, a su vertiginoso ritmo y con sus múltiples proyectos y colaboraciones. Dan Baird & The Sofa Kings, The Yayhoos, Dan Baird and Homemade Sin, Mystic Knights Of The Sea, The Chefs, TheHangfires o The Bluefields.
Imágenes con Dan Baird en actuaciones. Cortesía del fotógrafo José Molina
Este cambio en las dimensiones y ambiciones de sus proyectos musicales fueron los que empezaron a traerle de visita a nuestros escenarios, en giras continuas en las que no paraba de tocar y en las que se granjeó su merecida fama de auténtico currante del Rock n’ Roll.
Buffalo Nickel es un disco perfecto para penetrar en el universo de Dan Baird. Encontramos todos los estilos musicales que lo definen, Americana, Country alternativo, Cow Punk, Power Pop, Boogie Rock, en definitiva, el Rock n’ Roll de toda la vida con referencias tan obvias como Chuck Berry, Neil Young, The Rolling Stones, The Beatles, Faces o Humble Pie. Unas influencias que bien mezcladas con sus ingeniosas y afiladas letras conforman unas canciones irresistibles. Además, este disco salió en una época en la que el Rock masivo todavía estaba dominado por el sonido Grunge, y su planteamiento simple, sencillo y enérgico a la manera del Rock n’ Roll Old School, fue como un rayo de luz y un chute de energía para la adormilada escena musical de la época.
Imágenes con Dan Baird en actuaciones. Cortesía del fotógrafo José Molina
El disco se grabó en los estudios Southern Tracks, en Atlanta. Lo produjo todo un productor de éxito como era Brendan O’Brien, viejo compañero de la época de Georgia Satellites, un tipo que ha grabado con todos los grandes y que además se ocupó de tocar guitarras, pianos, órganos, panderetas y lo que hizo falta. Keith Christopher se ocupó del bajo y algunas percusiones. Mauro Magellan estuvo a la batería. También contaron con la ayuda de TerryAnderson a las voces y la batería de Cumberland River, y Joe South a los coros en su propio tema, Hush.
Siete canciones fueron compuestas por Dan Baird, dos a medias entre Baird y TerryAnderson, On My Way y Birthday; y dos fabulosas versiones, I want You Bad de NRBQ y Hush, tema de Joe South llevado al éxito por Deep Purple.
Imágenes con Dan Baird en actuaciones. Cortesía del fotógrafo José Molina
El disco se abre con una de las canciones más emblemáticas de la carrera de Dan Baird, Younger Face es un temazo espectacular, con un sonido muy a lo Neil Young y una letra muy a lo Dylan, en la que se queja de un aspirante a leyenda local de pacotilla que viene a ocupar su lugar. Las guitarras echan humo en uno de los temas más definitorios de su repertorio. Sigue con el retrato de personajes fracasados en Cumberland River, que es un Boogie Rock de manual que haría moverse a un muerto.
Las revoluciones bajan un poco con la maravillosa versión del clásico Power pop de los nunca suficientemente valorados NRBQ, I Want You Bad es la gema que más brilla en el clásico “AtYankee Stadium” (1978), y por supuesto Dan Baird la impregna de Rock n’ Roll en uno de los mejores momentos del disco.On My Way es un clásico medio tiempo marca de la casa, compuesto a medias con su futuro compinche en los Yayhoos, Terry Anderson, y con un furioso final guitarrero que recuerda a los mejores Black Crowes.
L’il Bit es un Rock n’ Roll rápido y festivo que te hace sacudir la cabeza y mover los pies con sus primeros acordes. Hell To Pay es un tema lento y cadencioso que sirve para recuperar el aliento y que trata sobre un amigo que destruye su vida. La mezcla de sus guitarras, los coros y la voz de Dan son una gozada, y es una de las joyas ocultas del disco. Woke Up Jake vuelve al Rock enérgico y sirve como perfecto contrapunto para Birthday, un temazo muy a lo Beatles compuesto a medias también con Terry Anderson. La influencia de los de Liverpool flota por toda la canción, con sus coros y “crescendos” tan característicos.
Hush es un temazo irresistible que te conquista inmediatamente. Colabora a los coros el mismísimo autor de la canción, Joe South. Tomando como base la versión que hicieron los chicos de Deep Purple, la aromatizan de sabor sureño y mucho Groove y te sorprendes berreándola a pleno pulmón en cuanto la escuchas. Trivial As The Truth quizás sea la canción con un sonido más cercano al de su banda madre, Georgia Satellites, otro Boogie Rock perfecto para su colección de canciones. El supuesto final del disco es un tema de sabor stoniano que despide el álbum con uno de sus riffs más poderosos, Hit Me Like A Train.
Este disco se grabó en una época donde estaba de moda incluir canciones ocultas al final de las grabaciones. Unos ladridos de perro introducen una improvisada grabación casera de un tema country y fiestero compuesto con Terry Anderson y Eric Ambel, llamado Frozen HeadState Park, que es el nombre de un parque estatal de Tennessee. Así que el disco llega a su fin con una tonada fiestera que anuncia por dónde irán los tiros de su sonido en el futuro.
En el futuro Dan Baird nos visitaría muchas veces, con varias formaciones. Siempre dándolo todo en el escenario y contagiando su simpatía y amor por el Rock n’ Roll a toda su incondicional audiencia. Su vertiginoso ritmo de trabajo se frenó en 2017, para tratarse una leucemia y cuidar a su esposa, lo que le hizo retirarse de las largas giras y ralentizarse. Sigue trabajando en el estudio y hace conciertos de vez en cuando, pero parece que sus giras infinitas han llegado a su fin. Ojalá tengamos la oportunidad de volver a verlo encima del escenario y poder despedir como se merece a uno de los mejores talentos de la historia del Rock americano. Mientras tanto siempre será un placer escuchar discos como Buffalo Nickel.
Noche complicada para el madrileño Germán Salto y su banda para actuar en Barcelona. Quizá la sala era demasiado grande para su poder de convocatoria, y si a eso le sumamos la competencia musical que se encontró en la ciudad y alrededores, con el llenazo de Sharp Pins en Aclam Club o el gran Elliott Murphy en Sant Cugat el concierto suponía un más difícil todavía. Pese a ello, una cincuentena de irreductibles sí que nos congregamos en Upload, y según decía Germán estaban contentos teniendo en cuenta que la noche anterior en Pamplona tocaron para diez personas. Una pena para este talentoso músico con unos cuantos discos ya en su haber, el último ese Ojo de bife recientemente publicado.
Abrieron la velada The Ripples, unos mallorquines de los que debo reconocer mi total desconocimiento hasta el momento de verlos y que me encantaron con los temas de su álbum de debut One hell of a ride. Se mostraron potentes y divertidos con su Rock'n'Roll stoniano y de raíces con el que se ganaron unos cuantos seguidores sin duda. Os los recomiendo encarecidamente, no os perdáis sus conciertos cuando vuelvan por aquí. Banda a seguir.
Poco después Germán y los suyos abrieron fuego con Goliat, de su último trabajo, que lógicamente fue el más representado, con La carne y el hueso, Te oí decir (lástima que no estuviera ahí Nina de Morgan que sí aparece en el disco) o Aspas contrarias. También nos deleitaron con otras perlas de su discografía, como Arder humo y desparecer, Solo el tiempo o esa sublime Til the morning con la que casi tiran la sala abajo. Para las versiones, quedaron claras algunas de sus influencias (otras probablemente sean también Beatles o Bob Dylan) y tocaron ¿Quieres ser una estrella del Rock?, que es elSo you want to be a Rock'n'Roll star de los Byrds traducido con letra diferente, y un Refugee de Tom Petty en lo que resultó un final estelar que nos dejó a los presentes más que felices.
Una buena banda telonera y una buena banda principal liderada por un músico que merece toda la suerte posible, además siempre mostrándose cercano y simpático, incluso contando chistes. Unos con más fortuna que otros, no nos engañemos.
Me resulta sorprendente la meteórica carrera de The Last Dinner Party. Una banda de apenas cinco años y con dos discos publicados que está en boca de todo el mundo, siendo alabados tanto su directo como su música. Una música de sonido barroco que bebe tanto de Queen como de Sparks, por ejemplo. Me sorprende y me alegra, evidentemente, aunque ello suponga que para próximas visitas los precios de las entradas probablemente ya sean prohibitivos, si tenemos en cuenta que ya esta vez se habían disparado. Eso sí, me encontré una sala Razzmatazz a rebosar de un público variopinto y curioso: mucha chica joven, representantes del colectivo LGTBI, algún personaje estrafalariamente vestido, modernillos asiduos del Primavera Sound y, por supuesto, los habituales que siempre se ven en los conciertos de la ciudad.
Después de ver triunfar a un grupo telonero que a mí no me interesó demasiado aparecían en escena las cinco chicas que forman la banda junto al batería que las acompaña: la cantante Abigail Morris, la teclista Aurora Nishevci, las guitarristas Emily Roberts y Lizzie Mayland, y la bajista Georgia Davies. Y la verdad es que dos horas después la mayoría del público abandonaba extasiado la sala. Ofrecieron un concierto en el que prácticamente todos los movimientos están calculados al milímetro, algo que aunque pudiera parecer lo contrario no le resta frescura en absoluto al espectáculo. Además, Abigail derrocha carisma y simpatía y consigue llenar el escenario ella sola, aunque todas tuvieron sus momentos, como demostraron las buenas gargantas de Aurora y Lizzie cuando les tocó cantar.
El inicio no pudo ser mejor, con ese Agnus dei por el que siento una especial debilidad, y a partir de ahí repaso completo a su segundo trabajo, From the pyre, y casi entero al primero, Prelude to ecstasy, con algún tema nuevo que ya llevan un tiempo rodándolo en directo, como es Knocking at the sky. La gente no se hartó de corear temas que ya se sabe de memoria, como Count the ways, Caesar on a TV screen, Portrait of adead girl o el ya clásico Nothing matters. Ya en el bis, locura desatada de un público también desatado con This is the killer speaking,que fue el colofón final para el triunfo de las británicas en la noche barcelonesa.
Una banda en clara progresión a la que de momento no se le adivina techo ofreció una noche mágica, con una única objeción por mi parte. Las tres parrafadas en la parte final que soltó Abigail a mí me sobraron. Tanto celebrar el cumpleaños del técnico como el enseñarnos una coreografía en el bis únicamente consiguieron cortar momentos álgidos del espectáculo. Pese a ello, ya lo he dicho, noche mágica que provocó que haya gente diciendo que puede ser el concierto del año. Y no voy a ser yo quien les lleve la contraria.
Los Lobos volvían a visitarnos después de muchos años, y la
sensación de que estábamos ante un acontecimiento cultural de primer orden,
reinaba en la sala Apolo, que lucía casi un lleno absoluto. Todos los
aficionados a la buena música de la ciudad estaban expectantes ante lo que se
les venía encima. Los Lobos tienen además la facultad de mezclar entre su
público a aficionados del Rockabilly, amantes de la música tradicional,
seguidores del Blues, rockeros con las orejas abiertas, o simplemente
nostálgicos melómanos. Llevan más de 50 años de una carrera intachable, y se
manejan en el escenario con una gran soltura. Con las recientes desapariciones
de referentes del tex-mex como Flaco Jiménez o de rockeros con raíces hispanas
como Raúl Malo, Los Lobos han quedado como el mayor referente, aunque ya lo
eran, de la cultura hispana en los Estados Unidos.
Foto cortesía de Ramrod
La banda del este de Los Ángeles saltó al escenario con una
baja sensible entre sus filas, ya que por un problema de salud, Louie Pérez no
les acompaña en esta gira. David Hidalgo a la voz, guitarra y acordeón, César
Rosas a la voz y guitarra, Conrad Lozano al bajo, Steve Berlin al saxo y
teclados y Alfredo Ortiz a la batería. Con esta sensacional alineación, la
banda nos ofreció un gran concierto que durante una hora y tres cuartos dibujó
una sonrisa en nuestros rostros.
Foto cortesía de Ramrod
Los seguidores más frikis de la banda comentábamos antes del
concierto el set list de su concierto del día anterior en Galicia, pero la
banda demostró tener la soltura y el repertorio suficientes como para variar
sensiblemente el listado de canciones, y demostrar que a estas alturas de su
carrera pueden tocar lo que les venga en gana.
Foto cortesía de Ramrod
Comenzaron con un sonido un tanto regulero con La Venganza
De Los Pelados y Love SpecialDelivery, la versión de Thee Midniters que
incluyeron en su disco Native Sons. Con Angel Dance el sonido ya mejoró
considerablemente, y a partir de Chuco’s Cumbia sonó de lujo. Flat Top Joint
sirvió para rendir homenaje a una de sus bandas hermanas, The Blasters. I Walk
Alone y mi canción favorita de su extenso cancionero, Will The Wolf Survive?,
supusieron uno de los puntos álgidos del show. The Valley, ThatTrain Don’t
Stop Here de su discazo Kiko fueron las siguientes. Georgia Slop y Emily nos
llevaron a rememorar su excelente disco The Neighborhood. Llegó el momento de
despendolarse y cantar a pleno pulmón sus rancheras y cumbias. Le dedicaron al
criminal de Donald Trump la canción de la revolución mexicana Carabina 30-30.
Se acordaron de Flaco Jiménez con la sensacional Ay Te Dejo En SanAntonio, y
de Vicente Fernández con su inmortal Volver, Volver. Cumbia Raza mostró el
orgullo que tienen de su identidad cultural chicana. Para acabar el concierto
antes de los bises nos sorprendieron con una lisérgicagran versión de Bertha de The Grateful Dead,
que dejó a los más melómanos levitando. Los Lobos siempre han estado
relacionados con el universo de los Dead, y decidieron rendir tributo a la
memoria de su amigo Bob Weir, fallecido recientemente.
Foto cortesía de Ramrod
Para los bises dejaron su particular homenaje a Ritchie
Valens, del que hace pocos días se cumplía el 67 aniversario de su trágica
muerte. Ohh My Head, Donna, Come On Let’s Go y La Bamba, del tirón, casi nada,
con la inclusión del clásico de The Olympics, pero tocado a la manera de The
Rascals, GoodLovin’ en medio de La Bamba. Un pletórico y maravilloso fin de
fiesta que se vio un tanto enturbiado cuando una mujer despistada y que no
sabía cantar ni La Bamba, se subió al escenario para hacerse selfies con los
músicos y molestar más que otra cosa al respetable público.
Foto cortesía de Ramrod
Los Lobos son una banda veterana, algunos de sus componentes
empiezan a tener problemillas de salud, y puede que no se muestren tan
desafiantes en directo como en el pasado. Pero hoy en día no sólo son una de
las mejores bandas de Rock de la historia. Con el contexto social y político que
se vive en los Estados Unidos, su mensaje y su actitud son más necesarios que
nunca. Larga vida a Los Lobos.