Los Lobos volvían a visitarnos después de muchos años, y la
sensación de que estábamos ante un acontecimiento cultural de primer orden,
reinaba en la sala Apolo, que lucía casi un lleno absoluto. Todos los
aficionados a la buena música de la ciudad estaban expectantes ante lo que se
les venía encima. Los Lobos tienen además la facultad de mezclar entre su
público a aficionados del Rockabilly, amantes de la música tradicional,
seguidores del Blues, rockeros con las orejas abiertas, o simplemente
nostálgicos melómanos. Llevan más de 50 años de una carrera intachable, y se
manejan en el escenario con una gran soltura. Con las recientes desapariciones
de referentes del tex-mex como Flaco Jiménez o de rockeros con raíces hispanas
como Raúl Malo, Los Lobos han quedado como el mayor referente, aunque ya lo
eran, de la cultura hispana en los Estados Unidos.
La banda del este de Los Ángeles saltó al escenario con una
baja sensible entre sus filas, ya que por un problema de salud, Louie Pérez no
les acompaña en esta gira. David Hidalgo a la voz, guitarra y acordeón, César
Rosas a la voz y guitarra, Conrad Lozano al bajo, Steve Berlin al saxo y
teclados y Alfredo Ortiz a la batería. Con esta sensacional alineación, la
banda nos ofreció un gran concierto que durante una hora y tres cuartos dibujó
una sonrisa en nuestros rostros.
Los seguidores más frikis de la banda comentábamos antes del
concierto el set list de su concierto del día anterior en Galicia, pero la
banda demostró tener la soltura y el repertorio suficientes como para variar
sensiblemente el listado de canciones, y demostrar que a estas alturas de su
carrera pueden tocar lo que les venga en gana.
Comenzaron con un sonido un tanto regulero con La Venganza
De Los Pelados y Love Special Delivery, la versión de Thee Midniters que
incluyeron en su disco Native Sons. Con Angel Dance el sonido ya mejoró
considerablemente, y a partir de Chuco’s Cumbia sonó de lujo. Flat Top Joint
sirvió para rendir homenaje a una de sus bandas hermanas, The Blasters. I Walk
Alone y mi canción favorita de su extenso cancionero, Will The Wolf Survive?,
supusieron uno de los puntos álgidos del show. The Valley, That Train Don’t
Stop Here de su discazo Kiko fueron las siguientes. Georgia Slop y Emily nos
llevaron a rememorar su excelente disco The Neighborhood. Llegó el momento de
despendolarse y cantar a pleno pulmón sus rancheras y cumbias. Le dedicaron al
criminal de Donald Trump la canción de la revolución mexicana Carabina 30-30.
Se acordaron de Flaco Jiménez con la sensacional Ay Te Dejo En San Antonio, y
de Vicente Fernández con su inmortal Volver, Volver. Cumbia Raza mostró el
orgullo que tienen de su identidad cultural chicana. Para acabar el concierto
antes de los bises nos sorprendieron con una lisérgica gran versión de Bertha de The Grateful Dead,
que dejó a los más melómanos levitando. Los Lobos siempre han estado
relacionados con el universo de los Dead, y decidieron rendir tributo a la
memoria de su amigo Bob Weir, fallecido recientemente.
Para los bises dejaron su particular homenaje a Ritchie
Valens, del que hace pocos días se cumplía el 67 aniversario de su trágica
muerte. Ohh My Head, Donna, Come On Let’s Go y La Bamba, del tirón, casi nada,
con la inclusión del clásico de The Olympics, pero tocado a la manera de The
Rascals, Good Lovin’ en medio de La Bamba. Un pletórico y maravilloso fin de
fiesta que se vio un tanto enturbiado cuando una mujer despistada y que no
sabía cantar ni La Bamba, se subió al escenario para hacerse selfies con los
músicos y molestar más que otra cosa al respetable público.
Los Lobos son una banda veterana, algunos de sus componentes
empiezan a tener problemillas de salud, y puede que no se muestren tan
desafiantes en directo como en el pasado. Pero hoy en día no sólo son una de
las mejores bandas de Rock de la historia. Con el contexto social y político que
se vive en los Estados Unidos, su mensaje y su actitud son más necesarios que
nunca. Larga vida a Los Lobos.
Mr. Sheep
Más info en la web de Los Lobos
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