lunes, 8 de junio de 2009

AC/DC. ESTADI OLÍMPIC. 07/06/09

Un concierto en un gran estadio conlleva una serie de graves inconvenientes. Entradas a precios desorbitados, masificaciones, sonido regular, problemas de visibilidad, atascos....¿Y el público asistente? ¡Uf, el público! En su gran mayoría gente no habitual de las salas (y que tiene todo el derecho de ir a los lugares que le plazca, por supuesto) que parece ser debe demostrar lo bien que se lo pasa compitiendo a ver quien salta más y quien berrea más, con la típica chica subida tres canciones a hombros de su novio sin dejarte ver nada (oye guapa, que he venido para ver a AC/DC, no tu culo), con los garrulos que se pasan la noche haciéndose fotos, y que incluso te piden que les hagas una...¡¡en pleno Back in black!! (sí, claro, ya puestos ¿por qué no se lo pedís a Angus Young?), o con el cabezón que quiere pasar cincuenta metros entre el gentío cargado con tres cervezas (vale chaval, gracias por dejarme la camiseta chorreando). En definitiva, situaciones bastante molestas, pero.......estamos hablando de AC/DC, una de las bandas más grandes del planeta. ¿Que importancia tiene todo lo demás?
Poco más de dos meses han pasado desde su anterior visita al Palau Sant Jordi, con lo que podemos considerarnos afortunados, y es que no sabemos cuantas oportunidades más tendremos de ver en directo a los hermanos Young y su tropa. Disfrutemos el momento.
En esta ocasión no llegué a tiempo para ver a The Answer, pero seguro que caldearon perfectamente el ambiente como llevan haciendo durante toda la gira. Deseamos un gran futuro para los irlandeses.
¿Y AC/DC? Pues lo que esperábamos. Lo mismo que en el Sant Jordi, salvo la inclusión de Dog eat dog en el repertorio, la imagen de Brian Johnson en el bis con la camiseta del Barça y los fuegos artificiales del final, todo ello en un imponente escenario coronado con dos gorras de colegial. Sacaron la campana, la gigantesca muñeca, los cañones, Angus hizo su striptease, correteó y se vació, Malcolm Young y Cliff Williams sólo se movieron de su sitio para hacer los coros, Brian Johnson demostró su solvencia en escena y nos avasallaron con sus riffs clásicos y nuevos, especialmente en ese final matador que es Whole lotta Rosie y Let there be Rock con Highway to hell y For those about to Rock (we salute you) en el bis. Total, dos horas de espectáculo insuperable.
Nada novedoso, pero nos gusta y es lo que queremos. Y si no que se lo pregunten a toda esa marea humana que se marchaba ya de madrugada para casa. Rockeros mayores, jóvenes y niños.
Ojalá podamos disfrutar de esta banda por muchos años.

Mr. Wolf

Más info en la web del grupo

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