Mantenerse durante treinta años tocando Rock n' Roll en este país es todo un milagro. Y más si lo haces desde el underground, currándotelo todo y con muy poca ayuda de medios de comunicación. Motosierras han llegado a su trigésimo cumpleaños con muy buena salud como banda. La perseverancia de Morton a lo largo de todos estos años ha mantenido a la banda en activo, y además siendo un referente para otras muchas bandas que han venido detrás, y siguiendo su estela se han lanzado al difícil mundo del Punk Rock.
Para celebrar un acontecimiento tan bonito como éste, Los Motosierras organizaron todo un festival en un lugar entrañable para la banda, y por supuesto jugando en casa, en Santako.
La lluvia matinal varió un poco las actuaciones previstas para la mañana y al final Morton salió a escena con algunos de los antiguos miembros de la banda para recordar sus años de trayecto musical. Jordi Rock-ola nos deleitó con su buena música entre las actuaciones y nos calentó para recibir a la primera banda invitada. Las Pésimas salieron a matar, con un muy buen sonido y una simpatía y actitud que se ganó al numeroso público congregado en el Casal. Por momentos sonaban como las mejores L7 con ramalazos más punkis, como unas Babes in Toyland de buen rollo. Gran concierto que cerraron con su particular versión del Nene de Barna. Los Diesel dogs vinieron desde Madrid para la celebración y salieron a escena como un cañón. La sección rítmica sonó perfectamente engrasada para el lucimiento de Javi Diesel a la guitarra y a la voz. Algún problemilla con el cable de la guitarra que solucionaron rápidamente, no deslució un intenso concierto cerrado con una buena versión del Rockin' in the free world. Ganas de verlos en una sala.
F.A.N.T.A. son como los alumnos aventajados de los Motosierras, Oscar, Beto y Gabi son más ramonianos y tienen una potencia y velocidad que te hace moverte desde el minuto uno. Temas como Fatal, Nunca vi en directo a los Ramones, La linea Maginot o Colecciono monstruos dejaron constancia de su calidad y simpatía. Sacaron a Morton disfrazado de faraón para tocar el cachondo Tablakamon I y dejaron perfectamente caldeado el ambiente para recibir a los putos Motosierras.
Los colomenses salieron aceleradísimos con el Rock n' Roll radio ramoniano. Julián Loza a la batería, Tony Metal al bajo y Mario Barbosa a la guitarra se acoplan perfectamente a Morton y suenan potentísimos. La máquina está perfectamente engrasada y suenan compactos y sólidos como una roca. Contaron con las colaboraciones especiales de Julen de El Legado en la versión del Maybe tomorrow de Mink deVille, y de Kike Barbosa en el Bonzo goes to Bitburg. El público respondió a las mil maravillas para llevar en volandas a una banda entregada, emocionada y agradecida. El concierto de ayer fue todo un acontecimiento histórico en la música colomense, y yo me sentí particularmente emocionado de ver a tantos músicos locales apoyando a Morton y a su legado. La histeria colectiva se fue haciendo cada vez mayor mientras iban cayendo temazos como Esta noche, My megasplash, La playa de los surfers muertos, las versiones de Motorhead, Ace of spades con Tony a la voz y R.A.M.O.N.E.S., Santa Coloma I reich de Pisando fuerte, y el final de fiesta perfecto con el escenario lleno de gente berreando y bailando con su himno Nene de Barna.
No se puede pedir más, gran jornada rockera. Ya queda menos para el concierto de Motosierras en el Sintonizza colomense.
Ya hace un tiempo que un domingo de cada mes la sala Jamboree lo dedica a repasar la música de determinados sellos discográficos. Todo ello de la mano de A Contra Blues, sin duda una de las mejores bandas que existen actualmente en este país. Otros meses les ha tocado a Stax o a Atlantic, y en esta ocasión el repaso musical era nada menos que dedicado a Sun Records. Allí empezó todo, amigos rockeros.
Inmersos en la grabación de su nuevo disco, A Contra Blues desgranaron una tras otra algunas de las joyas que se grabaron en tan mítico sello, huyendo bastante de los clásicos conocidos por todos. Así, sonaron temas no siempre famosos de monstruos como Elvis Presley, Roy Orbison, Jerry Lee Lewis, Johnny Cash (¡cómo sonó ese Big river!) o Merle Haggard. Pero la banda barcelonesa también dejó espacio para otros músicos menos reconocidos históricamente, como es el caso de Charlie Rich o Jack Earls, atacando con igual maestría canciones Country, Rock'n'Roll o Blues. Y dejando para el bis el tema más famoso que sonó esa noche, como fue el Whole lotta shakin' goin' on del Killer, en el que nos hicieron levantar a todos de nuestros asientos, en un vibrante broche de oro al concierto. Aunque otro momento igualmente destacable fue después de la bonita Just walkin' in the rain, de ThePrisonaires, en el que el cantante Jonathan Herrero llamó la atención a los que se dedican a entablar tertulia en vez de estar pendientes de lo que ocurre sobre el escenario. Todo ello sin perder sus maneras simpáticas, que lució durante toda la noche. Bien por él.
Una buena iniciativa, el homenajear la música realizada en su día por todos estos sellos. Y si encima lo hace una banda con la calidad de A Contra Blues, mejor que mejor.
Bien, ya han transcurrido unos días desde el concierto de Cordovas y la sensación sigue siendo la misma que sentí a la salida de Rocksound. La de haber vivido una noche absolutamente mágica por parte de una banda que bebe de fuentes con las mejores aguas. A través de sus dos trabajos discográficos ya se apuntan grandes maneras, pero su traslación al directo es espectacular, con momentos que recuerdan a The Band, Allman Brothers o Jayhawks. Y no hace falta decir que esas influencias son enormes.
Al llegar a la sala me encontré con que ofrecía una buena entrada, pese a la competencia del fútbol, y que el ambiente era de expectación. Sabía que en otras ciudades, como Bilbao, habían triunfado por todo lo alto y la verdad es que tenía muchas ganas de que empezara el concierto. Y con razón.
Lo ocurrido a lo largo de la noche fue una lección magistral de música americana de raíces. Sonaron muchos temas de sus dos discos, Cordovas (2012) y That Santa Fe channel (2018), como ese Louisiana hurricane que pone los pelos de punta. O Southern rain, Step back red, Frozen rose... Una maravilla tras otra. Esos juegos de voces, esas guitarras dobladas, las dos baterías y ese piano fueron un auténtico regalo para los presentes. Como regalo fueron las versiones: de Tom Petty y su MaryJane's last dance a varias de Grateful Dead, con Truckin' revelándose como uno de los momentazos del concierto. Y momentazo también, pero de lo más surrealista, al tocar una canción en castellano, que según me dijeron, era de Jarabe de Palo (???). Y por supuesto, ese Sweet home Chicago sublime prácticamente a capella.
Gran concierto y gran banda de la que, desde ya, me declaro ferviente seguidor.
Nueva visita a Barcelona por parte de Glenn Hughes, todo un veterano de los 70 que se ha mantenido en activo con una carrera de lo más activa e interesante, y que ya hace años que es un habitual de nuestras salas. En esta ocasión, revisionando su gloriosa etapa en Deep Purple, cuando David Coverdale y él entraron en la banda sustituyendo a Ian Gillan y Roger Glover, respectivamente. Unas incorporaciones que dieron una aportación enorme, insuflando aires nuevos, con sonidos negroides y juegos de voces a cargo de dos gargantas privilegiadas. Y que conste que adoro igualmente la anterior etapa de Deep Purple, por supuesto. Así pues, en esta gira todo el repertorio pertenece al grupo púrpura. Apetecible, ¿verdad? Más teniendo en cuenta que ya hace mucho tiempo que no hay color entre un concierto de Glenn Hughes y uno de Purple. Me sabe mal pero creo que es una evidencia que la banda madre ya no es lo que era.
Así pues, Glenn y su banda nos ofrecieron únicamente temas clásicos y no tan clásicos de aquellos años, según él reproducidos fielmente como hacían en su época. De hecho, él mismo lucía una imagen muy similar a la de esos tiempos. Para empezar la noche, Stormbringer, el que fuera tema título del álbum de 1974, segundo con la nueva formación tras Burn. Y luego, una joya tras otra: Might just take your life, Sail away, You fool no one, Gettin' tighter (dedicada al malogrado Tommy Bolin), esa fascinante You keep on moving, y, cómo no, la joya de la corona que no suele faltar en sus conciertos, esa espeluznanteMistreated, en la que nuestro querido bajista deja claro porqué es conocido como The voice. Para acabar, aunque en mi opinión estaba un poco de más, Smoke on thewater enlazado con el clásico Gerogia on my mind, con nueva exhibición vocal del señor Hughes. ¿Y el bis? No podía ser otro más que Burn, esa maravilla de tema que no me cansaré nunca de escuchar.
Un concierto especial y una nueva constatación de que Glenn Hughes es uno de los grandes y se mantiene como uno de los músicos más en forma hoy en día de la saga Purple. Probablemente el que mejor se mantiene de todos.
Reencontrar a Danny George Wilson encima de un escenario, en Badalona, cerquita de casa, es todo un lujo. El Blues & Ritmes cerraba su edición número 30 con el concierto del pequeño gran artista australiano, y no pudo poner un mejor broche de oro para celebrarlo. Su música lleva muchos años acompañándome, y le hemos visto varias veces con los Champions en Barcelona, aunque sin duda el concierto más especial que he disfrutado suyo fue el que ofrecieron en Frías, en el festival de homenaje al Último vals de The Band. Qué maravilla de noche.
Desde entonces Danny ha publicado un notable álbum con los Champs, Brillian light, y un disco acompañado de Robin Bennett y Tony Poole, que ha funcionado muy bien en las islas británicas, Bennett, Wilson, Poole. Este último proyecto le ha tenido alejado de su banda por un tiempo y el concierto de Badalona suponía el regreso a los escenarios de la banda. Aunque en el inicio del concierto parecía que estaban un pelín oxidados, rápidamente fueron ganando en seguridad, arropados por un público entusiasta, para acabar sonando como un cañón, con el respetable rendido a sus pies y con ganas de que aquello no se acabase. Una pena que el teatro no estuviera lleno, aunque no hubiera una mala entrada, porque estos músicos se merecen mucho más.
El repertorio mezcló lo mejor de sus influencias, ecos de Graham Parker, Springsteen, y del mejor Van Morrison, con temazos como Waiting for the right time, Consider me, Gotta get things right inmy life, Never in the moment, This is not a love song, Stay true, Heart and arrow, Every beat of myheart, y ya con la banda sonando a todo trapo (Never stop building) that old space rocket, It's just a game (that we were playing), una coreadísima Clear water y gemas como Red tree song o These days.
Danny George Wilson estuvo acompañado por Chris Clarke al bajo, el gran Paul Lush a la guitarra, Steve Brookes a la batería, Andy Fairclough a los teclados y el tímido Henry Senior Jr. al pedal steel.
El bueno de Danny está en todo, hubo un momento del concierto en el que se quedó mirando mi camiseta, conmemorativa del festival El Último vals, me miró, alzó el pulgar y exclamó un " Frías,Yes". Parece guardar un gran recuerdo de aquel mágico festival. A ver si vuelven a cruzarse pronto nuestros caminos.
La gira española de Levi Parham ha sido todo un éxito, todas las crónicas y referencias de los asistentes a sus conciertos han sido positivas, así que las expectativas ante el último concierto de la gira en la barcelonesa sala Rocksound eran muy altas. Levi Parham y sus chicos cumplieron con creces. Simpatía, cercanía y comunión total con el público en casi dos horas de música americana en la que tienen cabida referencias como Allman Brothers o The Band.
Estuvo acompañado por Dylan Aycock a la batería, Aaron Boehler al bajo, y de las guitarras de Dustin Pittsley y Jesse Aycock. Muy buen sonido en general y un sobresaliente trabajo a las guitarras, hubo tiempo incluso para que los dos guitarristas cantaran algún tema, mucho mejor Dustin que Jesse en esos menesteres. Los largos fraseos guitarrísticos en los que se alternaban las tres guitarras, o incluso se doblaban fueron de lo mejor de la noche. Excelente trabajo de Jesse Aycock con la Steel guitar.
El repertorio estuvo basado en el último y excelente disco del señor Parham, It's all good del que sonaron Boxmeer blues, Borderline, Turn your love around, Shade me, la cañera Badass Bob, la preciosa Kiss me in the morning, All the ways I feel you, y ese temazo llamado My finest hour. Hubo tiempo para escuchar temas más antiguos como Steal me, First or last, wrong way to hold a man y para cerrar el set ese temazo llamado These american blues.
Gran concierto y la confirmación de que estamos ante un talento en alza que estoy seguro de que nos va a hacer muy felices en el futuro. Ya estamos deseando que vuelva.
El festival Blues & Ritmes cumple 30 años de vida. Hemos disfrutado a lo largo de los años de muchos y grandes conciertos, y les estamos agradecidos, porque no es nada fácil aguantar y conseguir año tras año, que músicos de gran talento nos visiten en conciertos que en muchos de los casos se han convertido en ocasiones únicas para verlos en nuestros escenarios. Enhorabuena.
Eric Bibb se presentó en el Teatre Principal de Badalona con el aura de los grandes, su cadenciosa forma de hablar nos hizo entrar en un estado de tranquilidad que nos preparó para una noche de disfrute musical sin estridencias. Música auténtica y real que no necesita de fuegos artificiales musicales para enganchar al personal. Eric Bibb se mostró cercano y simpático en todo momento, y a sus músicos se les vio relajados, disfrutando de cada nota y cada fraseo. A la guitarra eléctrica Staffan Astner demostró que tiene una calidad como guitarrista capaz de colmar al más exigente. En el bajo Neville Malcom se mostró seguro y preciso. Paul Robinson ofreció una master class de batería y percusión, sólo utilizó las baquetas en un par de temas, con las escobillas y sus propias manos demostró poseer un enorme sentido del ritmo. Este hombre fue batería de Nina Simone durante 20 años, casi nada.
En el concierto se mezcló el Blues con el Soul, hasta un poquito de Blues africano, y nos deleitaron con unos maravillosos temas Gospel.
Entre lo más destacado del repertorio Silver spoon, On my way to Bamako, With my maker i am one, una preciosa Connected, With a dolla' in my pocket, I wish i was mole in the ground, cerrando con Needed time. Mención especial para un tema que interpretó a capella Refugee moan, uno de los mejores temas de su gran disco Migration Blues. Sólo me sobró una edulcorada Maybe I'll hear fromyou en la que les acompañó su esposa Ulrike Bibb. Gran concierto.
Una nueva banda procedente de Suecia aterriza en nuestra ciudad. Esto es un no parar y la pregunta es obvia: ¿qué les dan de comer en estos países? Y es que hay que ver la cantidad de grupos escandinavos que han aparecido en los últimos años. Y si además los juntamos con todos aquellos que explotaron dos décadas atrás, con Hellacopters o Turbonegro a la cabeza, no nos queda más que quitarnos el sombrero y envidiar esa escena. Svartanatt es una banda joven que cuenta ya con dos trabajos en su haber: un primer y homónimo disco, de 2016, y Starry eagle eye, publicado el pasado año. Facturan un Rock potente, claramente setentero, con unas clásicas guitarras dobladas, una base rítmica de granito y un teclado que enriquece de manera evidente su sonido. Escuchad esos dos discos y comprobadlo vosotros mismos. Además lucen una imagen retro que les proporciona un atractivo especial, aunque actualmente no sean los únicos que lo hagan, claro.
Como inicio, el poderosoDrivin', un verdadero pelotazo que nos anunciaba lo que se nos venía encima. Pero temas que se te clavan en el cerebro tienen unos cuantos, entre los que podríamos citar Killer on the loose, Wrong side of town, Hit him down o los dos que quizá sean mis favoritos, el tremendo Demon y ese épico Thunderbirds whispering wind. Y para cerrar la noche, qué mejor que hacerlo con un espectacular Black heart que nos dejó a todos los presentes boquiabiertos.
Pero no todo van a ser alabanzas. Pese a todo lo positivo que he dicho hasta ahora, considero que fue una lástima que su tiempo sobre las tablas apenas superase la hora de duración. Esa racanería supone la diferencia entre un buen concierto y un concierto que podría haber sido sublime. A ver si la próxima vez se estiran un poco más.
Doble cartel de fantasía en la sala Apolo para rematar el fin de semana a cargo de dos tríos potentísimos con dos músicos de categoría al frente: Jesse Dayton y el gran Wilko Johnson. Imperdonable perdérselo.
Poco más de un año después de su anterior visita, Jesse Dayton volvía a la ciudad para ejercer de telonero, aunque ofreció una actuación mayúscula como en él es habitual. Y es que un tipo que se ha codeado con gente como Johnny Cash o Waylon Jennings difícilmente puede decepcionar. Le sale la clase por todos los poros de su cuerpo, y dispone de una discografía bien sólida, siendo su última muestra el directo Onfire in Nashville (aunque yo diría que la foto de portada es de una sala barcelonesa muy querida por un servidor). Con temas como el vacilón May have to do it (don't have tolike it) o esa inesperada y curiosa versión de Whole lotta rosie, de AC/DC, se metió a todo el público en el bolsillo. Rock'n'Roll en estado puro, y listón muy alto para el cabeza de cartel.
Claro que si el cabeza de cartel es Wilko Johnson batirlo es tarea difícil. ¡Si este tipo incluso ha vencido a la muerte! Y si bien no ofreció un concierto tan arrasador como el de su última visita a Barcelona, tampoco se quedó corto. Ahora tocaba presentar su reciente trabajo, Blow your mind, con canciones como That's the way I love you o Marijuana, aunque hizo un repaso bastante completo por su discografía, con Take it easy, Letting the night go by o Everybody's carrying a gun, entre otras. Eso sí, los temas más aclamados, los de su etapa con Dr. Feelgood, claro. En esta ocasión únicamente cuatro, pero vaya cuatro: Going back home, Roxette, Back in the night y She does it right. Y en el bis, Bye bye Johnny, su habitual recuerdo al maestro Chuck Berry.
Me alegra enormemente poder seguir viendo a este hombre en directo. Además de los momentos difíciles que le ha tocado vivir, sus movimientos espasmódicos, su cara enloquecida y esa manera de tocar la guitarra tan distinta de lo que estamos acostumbrados lo convierten en un músico especial. Y encima, con un escudero al lado como es el bajista Norman Watt-Roy, también digno de ver sobre las tablas.
Gran noche, con dos actauciones soberbias. ¿Alguien dudaba que fuera así?
Siento un gran cariño por este grupo, prácticamente desde que era un niño. Es, sin duda, uno de los estandartes del Hard Rock setentero facturado en las islas británicas, aunque hoy en día parece haber quedado un poco a la sombra de otras grandes bandas de la época, como Deep Purple, por ejemplo. Para quien desconozca su música, recomiendo la escucha de algunas de las joyas de su discografía, caso de Demons and wizards, Sweet freedom, Abominog o ese imprescindible Live, de 1973. Una banda con decenas de cambios en su formación, por la que han pasado músicos de la talla de KenHensley, Trevor Bolder, John Wetton, Lee Kerslake o el añorado cantante David Byron. El único que ha permanecido estos cincuenta años al frente ha sido Mick Box, el simpático guitarrista, al que hay que agradecerle que en 2019 aún podamos seguir disfrutando de Uriah Heep. Además, con una espléndida entrada en la sala, lo que confirma algo que ya sabíamos, y es que el público veterano nunca falla
Llegué al final de la actuación de Imperial Jade, interesante grupo de Calella que, por lo que vi, provocó una reacción positiva por parte del respetable, hecho que me alegra al recordar su concierto en el festival de su ciudad de un par de años atrás, y que ya comentamos en este blog.
Poco después, los Heep demostraban no ser un grupo anclado en el pasado, y además de los temas que todos queríamos que sonasen, también tocaron unos cuantos de su Living the dream, publicado el año pasado. Iniciaron su concierto con el tema que también abre el disco, Grazed by heaven, que junto a otros nuevos, como Take away my soul o Knocking at my door no desentonaron para nada. Eso sí, los clásicos son los clásicos, y Return to fantasy, Too scared to run, Gypsy, Look at yourself o el épico July morning son de una grandeza absoluta. Y el final con Easy livin' nos dejó a todos con una sonrisa en los labios a la salida.
Me gustaría destacar a Bernie Shaw, el que es cantante más longevo de la banda con diferencia. ¡Más de treinta años! Y mira que ha tenido grandes predecesores, como el mencionado Byron, JohnLawton o Pete Goalby, por el que siento especial debilidad. Y sobre todo, me gustó el señor Box, al que sólo puedo darle las gracias por seguir ahí. Y aunque resulte difícil, que sea por muchos años aún.
Es cierto que hemos visto a Morgan varias veces en estos últimos años, pero la verdad es que no nos cansamos de verlos. Es un grupo que crece canción a canción, concierto a concierto, y que ya podemos decir que se han subido al carro de la primera división de bandas de Rock en España. Llenan recintos cada vez más grandes y han pasado de los festivales pequeños o medianos a los grandes y con solera como el Azkena donde tocarán éste año.
Casi un año después de verles en la sala Apolo, repetían con un sold out espectacular. La puesta en escena fue la misma, el sonido perfecto, el público entregado, y a pesar de casi repetir el set list, con la incorporación de su versión del The Chain de Fleetwood Mac y una relectura muy arriesgada de su Marry you, totalmente desenchufados y con la sala en un respetuoso silencio; la sensación fue tan satisfactoria o más que la del año pasado. Carolina estuvo un poquito más comedida con su graciosa e incontinente verborrea, ganándose las simpatías de los pocos que no les conocían. Pero es que cuando abre la boca para cantar te desarma y te gana desde el minuto uno. La banda sonó perfectamente engrasada y los juegos de voces sonaron de lujo. Paco López demostró que no hace falta meter notas de más para convencer como uno de los mejores guitarristas del país, David Schulthess rellenó todos los huecos que dejaba el piano de Nina con sus mágicos teclados, Alejandro Ovejero sobrio al bajo y brillante en los coros, y Ekain Elorza marcando el ritmo. Música de primera.
El grupo salió a escena con el bonito detalle de recordar a Pegi Young, con el precioso Unknownlegend de Neil Young saliendo de los altavoces. Comenzaron con la atmosférica Planet earth, Blueeyes, Attempting, la coreable Oh oh, Goodbye, Roar, Work, la preciosa The Child, seguida del The Chain de Fleetwood Mac, Praying y un bonito Sargento de hierro en el que invitaron al guitarrista de Rocking horse,David Muñoz a la fiesta. El encanto de Home dio paso al funky de Flying peacefully y Thank you. Para el bis el inevitable Volver, la festiva Another road (gettin' ready) y una sobrenatural Marry you con Nina y Paco en el frente del escenario, totalmente desenchufados y con el público literalmente hipnotizado. Brutal
Pueden visitarnos tantas veces como quieran. Les esperamos.
La verdad es que tenía una deuda histórica pendiente con Rosendo Mercado al no haberlo visto nunca en directo. Oportunidades no han faltado, desde luego, e incluso una vez estuve a punto, pero no llegó a ocurrir, aunque también es cierto que soy más seguidor de su etapa en Leño que de su carrera en solitario. Ahora, en la que es su gira de jubilación (aunque ya sabemos que este tipo de despedidas no acostumbran a ser demasiado reales) me apatecía saldar mi deuda con uno de los músicos más honestos que ha dado este país. Su segunda noche consecutiva en el Sant Jordi Club, y última de la gira, sería la noche. Rosendo se presentaba en formato trío, junto a Rafa J. Vegas al bajo y Mariano Montero a la batería, en un escenario sobrio con una gran pantalla detrás cuyo mejor momento resultó cuando fueron apareciendo uno a uno todos los discos grabados por el guitarrista de Carabanchel.
El repertorio sin sorpresas, repasando prácticamente toda su carrera, aunque los leñeros habríamos agradecido más temas de su banda madre. Pero es evidente que se siente orgulloso de todo lo que ha hecho en solitario, así que no hay nada que recriminarle. Y me parece que el público que llenó el recinto (creo que las dos noches agotó entradas) no opuso queja alguna con la multitud de himnos desplegados a lo largo de casi dos horas. Cosita, Flojos de pantalón, Pande higo, Navegando, Agradecido o Loco por incordiar fueron algunos. De Leño tres temas: El tren, Maneras de vivir y ¡Qué desilusión!. ¿Cómo lo llaman? ¿Rock urbano? Pues eso.
Como decíamos antes, Rosendo siempre ha sido un tipo honesto y coherente que se merece todo el éxito cosechado y al que le deseamos lo mejor en esta nueva etapa de su vida. Mucha suerte, amigo.
Y con Rosendo finaliza el año en lo que a conciertos se refiere para la gente que hacemos este blog, así que aprovechamos para desearos un feliz y rockero 2019.
Siempre he sentido una especial debilidad por The Black Crowes. Son una de las bandas más importantes de los últimos 30 años y su fiabilidad tanto en disco como en directo ha sido total. Cuando los caminos de los hermanos Robinson se volvieron a separar, la decepción inicial dio paso a la esperanza de que sus proyectos en solitario estuvieran a la altura de su leyenda. Pasados ya unos años creo se han quedado a medias. Es cierto que Chris Robinson se ha arriesgado en un proyecto alejado de su banda madre. La Chris Robinson Brotherhood practica una suerte de Rock lisérgico que bebe principalmente de la psicodelia y de The Grateful Dead, y aunque tienen discos buenos y en directo por momentos están tocados por la varita de la inspiración, te dejan con la sensación de que estaría bien que encontraran un equilibrio entre las JAMS y las CANCIONES. Por su parte RichRobinson ha publicado algún disco interesante en solitario como Paper, pero su intento de emular el sonido Black Crowes ha quedado un tanto desangelado. The Magpie Salute es una banda formada por extraordinarios músicos, Rich Robinson y Marc Ford están soberbios a las guitarras, Sven Pipien es un valor seguro al bajo y a los coros, Matt Slocum cumple discretamente a los teclados y JoeMagistro a la batería lo hace francamente bien, por su parte John Hogg es un buen vocalista, pero tiene una evidente falta de carisma, y es que al buscar un sonido tan Crowes, las comparaciones con Chris Robinson son odiosas.
El concierto en una sala Razzmatazz 2 abarrotada fue de menos a más. Comenzaron con temas de su álbum en estudio High water I como High water, take it all, for the wind y open up. Fríos y con evidentes problemas de sonido para escuchar a John Hogg, levantaron el vuelo con las acertadas versiones de Blind Faith, Had to cry today, y la sorprendente The killing moon de Echo & theBunnymen. La verdad es que los temas que cantaron Marc Ford y Rich nos hicieron pensar en la necesidad de contar con otro vocalista. Marc bordó Smoke signals y Rich estuvo pletórico en Yesterday i saw you. Momento para una parte acústica que quedó deslucida por el sonido pobre del micro de John Hogg. Sister moon y Hand in hand sonaron bien en versión desnuda y la temperatura de la sala empezó a subir con Welcome to the goodtimes de los Crowes. A partir de aquí todo fluyó mucho mejor, Walk on water dio paso a ese temazo de Marc Ford llamado The Vulture, y una acertada revisión del What goes on de la Velvet Underground. Can you see y un poker de ases de The BlackCrowes como Ballad in urgency, Wiser time, Thorn in my pride y Jealous again, el final para el mejor tema de los Magpie, Send me an Omen.
Lo mejor del concierto fue el poder disfrutar de unos grandes músicos, ver recuperado a un Marc Ford al que vimos muy mal hace unos años cuando vino con la Steepwater band, y el poder disfrutar de algunos temas clásicos en la historia del Rock, pero por otro lado creo que si no consiguen alejarse un poco de los parámetros de los temas de los Crowes las comparaciones harán que pierdan fuelle e interés.
Habrá que confiar en que Chris y su hermano hagan las paces y reformen a los Black Crowes clásicos, creo que se necesitan mutuamente para brillar y conseguir la excelencia, mientras tanto estaremos atentos a sus siguientes pasos.
Niños Mutantes es una banda granadina formada en los 90 que habitualmente se ha movido en el indefinido mundo del Pop-rock. También forman parte de la vieja guardia de lo que se ha llamado indie-rock patrio. Algunas bandas actuales han reconocido sus influencias, hasta tal punto de reflejarlas en el disco de versiones Mutanciones donde aparece lo más florido del género (Havalina, Russian Red, Nada Surf, Lori Meyers...).
Pero en este caso lo que se celebra es el fin de gira de su disco 10 y medio, un recopilatorio que repasa su trayectoria y agrega algunas canciones nuevas.
Para la ocasión, citaron a sus fans en la sala Salamandra de L'Hospitalet. Un interesante plan para un sábado por la noche en una espacio que personalmente me gusta por dimensiones y acústica. Una buena entrada sin llegar a estar apretados. Me sorprende la homogeneidad del target: modern@s viejun@s de 35 a 45 años. El resto, si no tienen esa edad, lo parecen. Así pues, un grupo generacional a todas luces.
Para el concierto escogen un repertorio plagado de canciones que en su momento han tenido cierta volada en el mundillo alternativo nacional. Ninguna con un éxito atronador pero todas de calidad incuestionable. Así, suenan canciones muy pop como NM, Errante, La Voz, Todo Va a Cambiar, Hundir la Flota, Las Noches de Insomnio, Sin Pensar... pero también hermosas composiciones rockeras como Jovencita, Pura Vida o las enormes El Menú del Día y Glaciares y Volcanes. Mención especial para la emocionante versión de A Galopar, ese poema de Alberti musicado inicialmente por Paco Ibáñez, un himno indispensable en estos momentos de zozobra política.
La mayoría del público, muy fan, coreó todas y cada una de ellas. Y Juan Alberto Martínez, cantante y letrista de la banda, ejerció de frontman con ese gracejo andaluz típico. Así que se vivió una comunión bastante lograda hasta los bises.
De la parte técnica, destacar el excelente sonido y un sobrio pero efectivo juego de luces. Para qué más.
Buen concierto, en definitiva. Personalmente pienso que lucen bastante mejor en las composiciones rockeras y especialmente en las concisas (lo bueno en rock, si breve, tres veces bueno). Ahí es donde tienen un sonido bastante reconocible. Respeto sus canciones más poperas (alguna incluso me gusta mucho), pero hacer una canción pegadiza de calidad y, sobretodo, original, me parece muy difícil. Y el pop... lo reconozco, me resulta un tanto cansino.
De nuevo en el Calella Rockfest, un festival al que en esta ocasión volvíamos a acudir después de habernos perdido la edición anterior. Este año con un cartel correcto en el que destacaba con luz propia el señor Mike Farris, y también con una alarmante ausencia de público, presentando el recinto de la Fàbrica Llobet una pobre entrada en las dos noches. Esperemos que para la séptima edición las cosas mejoren.
El viernes se abría el festival con los castellonenses Dry River. Me merecen todo el respeto del mundo, pero su Progresivo a mí personalmente me resulta bastante aburrido, así que preferí desplazarme hasta el bar para cenar y coger fuerzas. Eso sí, había más de un seguidor ataviado con camiseta del grupo.
Después tocaba el turno de una banda que a mí me tiene enamorado desde mi primera vez con ellos en 2013. Ya hemos hablado varias veces en este blog de Hellsingland Underground, y nuevamente no decepcionaron. Siempre con las dobles guitarras, el carisma de su cantante Charlie Granberg y las canciones, sobre todo las canciones: Lost river band, Northern country boy o Evil will prevail, auténticas joyas de una banda sueca (aunque parezca netamente americana) a la que considero de las mejores que hay en la actualidad. Gran imagen final del guitarrista Mats Olsson bajando a abrazarnos a los que estábamos en primera fila, y gran ejemplo para otras bandas al estar todos un buen rato en el puesto de merchandising charlando y haciéndose fotos con la gente. Buenos tipos.
Los siguientes en aparecer sobre el escenario eran los finlandeses Lordi, famosos tras ganar años atrás el festival de Eurovisión, algo que tampoco me parece un bagaje como para sentirse orgullosos, desde luego. A mí me hacen gracia un rato con todos sus disfraces, pero me acaban cansando al fallarles lo más importante: la música. Canción por canción no están mal, pero me acaban resultando aburridos. Y sí, tocaron su éxito eurovisivo, Hard Rock hallelujah, con el que pusieron punto final a su actuación. Aunque una cosa hay que reconocerles, y es que tiene mérito aguantar hora y veinte con esos trajes, máscaras y maquillaje bajo los focos. Debe ser algo infernal.
Recta final de la noche, cansancio acumulado y espera interminable por problemas con el sonido de los siguientes protagonistas, nuestros queridos Nashville Pussy. Y como colofón de la primera jornada no estuvieron nada mal, saliendo a matar y sin dar respiro en toda su actuación. ¡Qué importa si siguen los problemas de sonido! Son los Pussy y van a lo que van. Con la cantidad de veces que los he visto en directo y me siguen noqueando con sus ritmos acelerados deudores de AC/DC y Motörhead; y con esa fiera llamada Ruyter a la guitarra desbordando pasión y entrega. Presentaban su reciente Pleased to eat you y aprovecharon también para soltarnos sus cañonazos de siempre, como First I look at the purse, I'm so high, Why why why o ese imprescindible Go motherfucker go final. Una vez más llegaron y vencieron. Lástima que en su puesto de merchandising tuvieran esos precios desorbitados (???).
Fin de fiesta y momento de irse a dormir, que al día siguiente se avecinaba tormenta. Y de la buena.
Mr. Wolf
Un día gris y lluvioso nos recibió en Calella para el día grande del festival. El cartel del Sábado era variado y a priori más que interesante. Aunque el aliciente máximo de ésta edición del CalellaRockfest era contemplar la vuelta al Rock de una de las gargantas más privilegiadas de su generación, el gran Mike Farris.
Pero vayamos por partes, abrieron Rocking horse, una banda formada por músicos veteranos curtidos en mil batallas, y la verdad es que aunque no sonaban mal, tenían un sonido bastante impersonal, que no te hacía entregarte del todo a su propuesta. Algunas buenas versiones que sirvieron para caldear el ambiente y prepararnos para contemplar el concierto de los suecos Electric boys, unos veteranos que ofrecen un Hard Rock con toques sleazys que logró conectar con un público muy receptivo. ConnyBloom a la voz y guitarra, Franco Santunione a la guitarra, Andy Christell al bajo y Jolle Atlagic a la batería ofrecieron un enérgico concierto que sólo se vio lastrado por un exceso de decibelios que saturaban su sonido. Buenos temas como Suffer, Rags to reaches, una sorprendente Electrified con la intro de Tom Sawyer de Rush, y el fin de fiesta con Charlie Granberg de Hellsingland underground uniéndose para una festiva All lips n' hips. Buen concierto.
La espera para el concierto de Mike Farris se nos hizo eterna. Es uno de nuestros artistas de cabecera, sus discos al frente de Screamin' Cheetah Wheelies son clásicos que en su momento no tuvieron toda la suerte y recorrido que merecían, y aunque en su etapa en solitario ha sacado buenos discos, a su Gospel le faltaba el carisma de su época rockera. Su nuevo disco, el excelente Silver & Stone, ha supuesto su regreso al Rock y la verdad es que después de verle en directo no ha podido estar más acertado. En el año 2004 al frente de los Wheelies ofreció un mítico concierto en el Azkena RockFestival, que para muchos puede que haya sido el mejor que se haya visto en Vitoria. Muchos recordamos aquel mágico momento en el que se fue la luz y Mike Farris se puso a cantar a capella y silenció a todo el público del festival. Después ha venido de gira con su grupo de Gospel Soul, pero esta gira de retorno a sonidos más roqueros ha sido una auténtica delicia. Su nuevo grupo TheFortunate Few está formado por el enorme, en todos los sentidos, Jordan Hymon, El bajista con pinta de empollón Justin Ferwerda y el super hero de la guitarra Bart Walker. Una banda más que solvente que se compenetra a las mil maravillas con un Mike Farris que está pletórico de voz y de actitud. El concierto fue una auténtica pasada, una maravilla cósmica que los que estuvimos allí recordaremos para siempre como uno de los conciertos de nuestra vida. Comenzó con algún tema del nuevo álbum como When Mavis sings, Snap your fingers, Are you lonely for me baby?, versiones llevadas a su terreno como Folsom prison blues de Johnny Cash, los primeros acercamientos al repertorio de Screamin' Cheetah Wheelies con la mágica Magnolia o Boogie King, y cuando ya estábamos rendidos a sus pies llegó su particular homenaje a Tom Petty con un Swingin' brutal, una festiva American girl y una emocionante Room at the top. Para los bises dos joyas como Father speaks y Hello from Venus. Brutal concierto, intensidad, simpatía, carisma, buen sonido. Mágico. Después del concierto se produjo un momento muy especial cuando la banda abandonaba la sala, con un Mike Farris simpático atendiendo al público, la gente comenzó a aplaudir en plena calle hasta que la furgoneta abandonó el lugar con un Farris visiblemente emocionado.
Después del huracán Farris, los Bellrays no lo tenían nada fácil. Cuando empezaron la gente aún comentaba el bolo anterior, y además fueron perdiendo público a medida que avanzaba el concierto, y puede que fuera por eso, pero no acabé de verles a gusto en toda la actuación, especialmente a LisaKekaula. Salieron a matar, eso sí, al más puro estilo ramoniano enlazaron un tema con otro durante el poco más de una hora que duró su actuación. Aún así hubo momentos muy disfrutables, con ese estilo tan personal de mezclar el Soul con el Punk Rock. Bad reaction, Mine all mine, Love and hard times o Black lightning hicieron disfrutar al personal. Bob Vennum a la guitarra, Justin Andres al bajo y un espectacular Stefan Litrownik a la batería cumplieron con su papel y nos devolvieron cansados pero contentos a la realidad de una noche lluviosa, pero inolvidable.
Un saludo desde aquí para la gente que monta y trabaja en un festival modesto, sí, pero modélico en su forma de gestión. Esperemos poder volver el año que viene.