domingo, 24 de abril de 2011

STACIE COLLINS. ROCKSOUND. 23/04/11





De nuevo Rocksound en marcha, tras los problemas que ha sufrido recientemente por asuntos de permisos con el ayuntamiento, y que felizmente han sido solventados. Nada fácil, si tenemos en cuenta que por estas tierras lo máximo que se considera como cultura musical por parte de las administraciones es Operación Triunfo y engendros similares. Nos alegramos de que se haya arreglado todo.
Y los que nos acercamos a la sala en la noche de Sant Jordi (bastante buena entrada, por cierto) fue para ver a esa fiera de Nashville llamada Stacie Collins; mujer que poco a poco se va haciendo un nombre con sus discos y sus directos, y que cuenta con amigos como Dan Baird o Warner E. Hodges (ahí es nada). Desde luego, valió la pena. Dos horas en las que pudimos disfrutar de esa mezcla entre Rock clásico, Blues y Country; con su bonita voz, su vigor sobre el escenario y momentos para el recuerdo como su paseo entre el público mostrando su maestría con la armónica. Además de una excelente banda entregada al buen rollo y a la fiesta sobre las tablas. No se puede pedir mucho más.
Un placer disfrutar de los temas de sus álbumes, como Hey mister, The lucky spot, el espléndido Tied to you, Baby sister (brutal), I won't do ya like that o The very last time. Y que decir de las abundantes versiones, con espacio para los clásicos Walkin' the dog, I ain't got you o un Baby, please don't go que puso el local patas arriba. También tocaron Happy y parte de Jumpin' jack flash de los Stones; It's a long way to the top de AC/DC y el irresistible If you wanna get to heaven de los Ozark Mountain Daredevils, cantado por el sudoroso Al Collins, bajista, marido de Stacie y miembro también de Jason & The Scorchers.
En definitiva, una gran noche de Rock'N'Roll, con unos músicos intensos como pocos sobre el escenario, pero de lo más agradable fuera de él, como pudimos comprobar tras el concierto. Les esperaremos por aquí en la próxima gira.

Mr. Wolf

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miércoles, 30 de marzo de 2011

ROGER WATERS. PALAU SANT JORDI. 29/03/11









Fabuloso concierto el que ofreció Roger Waters en el Palau Sant Jordi, la perfecta síntesis entre una música eterna, mágica y alegórica con un espectáculo total combinando una puesta en escena muy efectiva con los uniformes, las banderas y el atrezzo relativo a los regímenes totalitarios; la construcción durante el concierto del muro que acaba encerrando a los músicos y que es destruido al final; unas proyecciones efectistas, evocadoras, llenas de símbolos en perfecta sincronización con el movimiento teatral de Roger Waters y de sus músicos; y los muñecos gigantes del profesor, la madre y el cerdo volador, además de la avioneta que se estrella contra el muro provocando una explosión al inicio del espectáculo, un carrusel continuo de sensaciones muy bien construido, aunque sin llegar a distraer de la gran interpretación musical de una banda que sonó perfecta y poderosa, amplificada hasta el infinito por el sonido cuadrofónico y la mejor calidad y nitidez de sonido que yo haya tenido la oportunidad de presenciar en un gran recinto de conciertos. La banda contaba con el gran Snowy White y Dave Kilminster a las guitarras, G.E. Smith a la guitarra y bajo, John Carin y el hijo de Roger, Harry, a los teclados, Graham Broad a la batería y comandando a los coristas la prodigiosa garganta de Robbie Wyckoff. Para los conocedores del disco The wall, de 1979, y de la exitosa y mítica, aunque ruinosa gira de 1980-81, el concierto siguió fielmente el patrón esperado, aunque el mensaje se adecuó a los nuevos tiempos con severas críticas a las intervenciones militares en Irak y Afganistán, además de universalizar el mensaje de recuerdo para todas las víctimas de las locuras de las guerras y del terrorismo, incluso con recuerdos para algunas víctimas de ETA y de la guerra civil española.
Las 18000 personas que abarrotaron el Palau Sant Jordi se emocionaron con temas clásicos de la historia del Rock como Another brick in the wall part. 2, Mother, Bring the boys back home, donde las imágenes del reencuentro de los militares con sus hijos nos puso los pelos de punta, Comfortably numb, In the flesh o Run like hell. Casi tres horas de concierto con una pausa de unos 20 minutos en un espectáculo que me emocionó y me entristeció a partes iguales, ya que ver una demostración de talento de tal calibre en la estructuración de un show basado en un disco conceptual en la que todas las partes son importantes me hizo recordar que los tiempos en que algún genio creador podía permitirse invertir mucho dinero en el trabajo de creación de un disco, y por extensión de una gira basada en ese disco; en la actualidad la forma de consumo de música ha cambiado tanto que la mayoría de músicos que casi no ganan dinero con sus discos (además de que ahora mucha gente compra canciones sueltas), no se empeñan en grandes producciones, sino que el dinero lo ingresan de verdad con los conciertos, por lo que cuando el músico va cumpliendo años tiene que interpretar siempre los mismos y viejos temas y sus nuevas grabaciones tan sólo le sirven de pretexto para organizar una gira; cuando Roger Waters y los últimos representantes del Rock más clásico se retiren no parece que vayan a tener el relevo de una nueva generación ansiosa de recoger el testigo. No me interpretéis mal, no digo que no se siga haciendo buena música, pero el concepto de Rock de estadio al servicio de una gran producción discográfica está llegando a su fin.

Mr. Sheep

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lunes, 21 de marzo de 2011

BLACK LABEL SOCIETY. RAZZMATAZZ. 19/03/11




Las entradas agotadas para el concierto inicialmente previsto en Razzmatazz 2 llevaron a la sala grande la noche igualmente grande con la banda de Zakk Wylde. Un tipo fiero como pocos sobre un escenario, y que después de muchos años tocando con Ozzy Osbourne, ahora ya se dedica en cuerpo y alma a su propio grupo, con el que ya se ha creado una sólida discografía y un reputado directo, convirtiéndose en un referente de la música más potente de la actualidad.
Los británicos Godsized abrieron la noche. Debo reconocer que se trataba de una banda desconocida para mí, y la verdad es que me sorprendieron con sus riffs contundentes y su entrega, aunque nunca entenderé a estas bandas que tocan a un volumen exageradamente alto. ¿Qué necesidad hay de reventarnos los tímpanos?
A un volumen más normal salieron a escena Black Label Society, arrancando como un cohete con The beginnig...at last, a la que siguió hora y media sin bises con el repertorio habitual de la gira: What's in you; la espléndida Overlord (en la que no pude dejar de pensar en su esperpéntico videoclip); la siempre emotiva dedicatoria a Dimebag Darrell, amigo de Zakk, con In this river; Fire it up, que desembocó en el único punto negativo del concierto, como fue el (en mi opinión) pesadísimo solo del señor Wylde; The blessed hellride (una de sus mejores canciones); Suicide Messiah; y el final con Stillborn. Luego, abrazos con sus músicos y agradecimientos al entregado público. Un auténtico guitar-hero (la verdad es que toca muy bien este hombre) con voz poderosa, Zakk Wylde nos deleitó con su preciosa colección de guitarras, incluyendo la siempre espectacular de doble mástil.
Un tipo curioso, con influencias de Rock sureño o Elton john, entre otras. Lo que está claro es que tras pasarse media vida con el Madman, ahora tiene cuerda para rato con su banda. Por muchos años. Y si nos ofrece más conciertos así mejor.
Por cierto, ¿cuántos escupitajos llegó a soltar Zakk en escena?

Mr. Wolf

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miércoles, 2 de marzo de 2011

DELICATESSEN BCN. THELONIOUS MONK







THELONIOUS MONK


En 1964 la revista norteamericana Time dedicaba su portada a un músico controvertido y enigmático, después de este espaldarazo se acabarían las estrecheces económicas de un personaje tan genial como esquivo y oscuro; para una selecta minoría de aficionados y para la gran mayoría de músicos de la escena jazzística el talento innovador y arriesgado de todo un virtuoso del piano hacía años que era incuestionable, pero para el mundo había nacido un icono del Jazz del siglo XX, Thelonious Monk.



Foto:Portada de la revista Time, marzo de 1964


A día de hoy está considerado como uno de los padres del Be Bop junto a Charlie Parker y Dizzy Gillespie, pero su importancia dentro del Jazz no se limita sólo a su revolución dentro de este estilo, ya que es evidente que sobre todo en sus grabaciones en solitario demuestra un virtuosismo que le hace acercarse al Blues y a las baladas o a los tiempos lentos de una forma respetuosa pero rompedora y original. Su estilo absolutamente personal no fue aceptado por la mayor parte de la crítica, ni tampoco por los managers y personas que controlaban los grandes circuitos de actuaciones, que le postergaron durante años, sólo a partir de los años sesenta su figura fue incuestionable.

Su estilo evitaba las progresiones lógicas en los temas y frecuentemente se limitaba a alternar entre dos acordes, con lo que se le puede considerar todo un antecedente a la corriente del Jazz modal. Sus temas eran complejos armónicamente y su estilo de interpretación tendía a omitir las notas clave de los acordes, consiguiendo así difuminar el tema para hacerlo más libre dentro de sus improvisaciones solistas.

A lo largo de su carrera escribió unos setenta temas que en su mayor parte son considerados hoy auténticos clásicos del Jazz, como Misterioso, Straight no chaser, Monk’s dream, Round midnight, Well you needn’t, Off minor, Blue Monk, Epistrophy, Trinkle tinkle, Evidence o I mean you. En los últimos años de su carrera se dedicó a reinterpretar sus propios temas y dejó de componer quejándose de que ya nadie sabía tocar bien el material que ya había compuesto.

Nació en 1917 en Carolina del norte, pero se crió en el barrio de San Juan Hill en Nueva York, como otros muchos músicos se inició en la tradición musical religiosa, acompañando al piano los himnos de su madre. Poco después recorrió todo el país acompañando a una cantante y predicadora, y en esta época la gran pianista Mary Lou Williams le descubrió e intercedió para conseguirle una plaza en la prestigiosa escuela de música Juilliard, donde estudió entre los años 1937 y 1939. Comenzó con el Jazz en serio en el trío del batería Keg Purnell y poco después subía un peldaño en su carrera al asociarse al gran Kenny Clarke, actuando regularmente en templos jazzísticos como Milton’s o el Kelly’s stables entre 1940 y 1942. En ese año conoció y se hizo amigo de uno de los grandes maestros del piano, Bud Powell.

Sus primeras grabaciones fueron como acompañante de Coleman Hawkins, y empezó a ser reconocido cuando trabajó en la Big band de Dizzy Gillespie, quién ya había comenzado su particular revolución Be bop junto a Charlie Parker desde principios de los años cuarenta. En 1947 publicó el primer disco a su nombre para el sello Blue note en formato de trío, el magnífico Thelonious Monk. Genius of modern music. Volume 1. El periodo comprendido entre 1947 y 1951 fue de gran creatividad grabando grandes discos tanto a su nombre como en colaboración con grandes del Jazz como Art Blakey, Milt Jackson, Lucky Thompson o Kenny Dorham. Las cosas se empezaron a torcer con su arresto en compañía de Bud Powell por consumo de drogas en 1951, se pasó dos meses en la cárcel y le retiraron el permiso para tocar en Nueva York hasta 1957. En estos años su actividad musical se redujo mucho y tuvo graves problemas económicos hasta que volvió a tocar en el club Five spot con músicos como John Coltrane, Roy Haynes o Johnny Griffin. En 1954 grabó junto a Miles Davis algunos grandes temas como Bag’s groove o The man I love pero mantuvieron una relación personal muy tensa y no volvieron a trabajar juntos. Su retorno en 1957 tuvo mucho éxito y repercusión y tras seis meses de actuaciones continuas en Nueva York se embarcó en grandes giras por Europa y Japón. A partir de 1959 estableció una gran relación profesional con el saxofonista Charlie Rouse que duró hasta 1970 y actuó tanto en trío como en cuarteto e incluso alguna vez con una big band.


En 1971 sus problemas de inestabilidad emocional se tradujeron en una actitud casi autista con los que le rodeaban y tuvo que ser hospitalizado, después de salir del hospital se embarcó en su última gran gira formando parte de los Giants of Jazz junto a Dizzy Gillespie, Art Blakey, Sonny Stitt y Kai Wilding. Grabó un gran disco con Art Blakey y Al Mckibbon y en una histórica sesión en Londres temas suficientes en solitario para la publicación de tres discos, fueron sus últimas grabaciones. A partir de 1972 sus problemas mentales le llevan a un retiro del que tan sólo saldría muy ocasionalmente para algún concierto puntual, el último de ellos en 1976. Murió en 1982 dejando un gran legado musical y una extraña y oscura fama de hombre ingobernable y excéntrico, a esto siempre ayudaron sus extraños sombreros y su costumbre de levantarse del piano en pleno concierto para dar unos pases de baile.


En 1989 Clint Eastwood produjo una gran película documental sobre su vida, dirigida por Charlotte Zwerin titulada Straight no chaser donde se pueden apreciar tanto su genio musical como su enfermiza relación con las personas que le rodeaban; era evidentemente un tipo complicado pero con una visión muy clara sobre su música en particular y el Jazz en general que se pueden resumir en un par de citas:

“Toca lo que tengas ganas de tocar, no lo que quiere el público. Toca lo que quieras, y más pronto o más tarde el público llegará, aunque tarde quince o veinte años”.

“El aspecto más hermoso del Jazz es que, verdaderamente, hace apreciar la libertad. El Jazz y la libertad van siempre juntos: esto lo explica y lo resume todo”.

Creo que uno de los primeros temas de Jazz que escuché siendo un adolescente fue Round midnight y estoy completamente seguro que fue debido a este tema por lo que comenzó mi amor por el Jazz, por lo que nunca le estaré suficientemente agradecido al gran Thelonious Monk. Aunque si tuviera que escoger mi disco favorito no sabría si quedarme con su primer disco o con esa joya llamada Brilliant corners.

Antonio Sánchez










miércoles, 9 de febrero de 2011

NASHVILLE PUSSY. MEPHISTO. 07/02/11

Una vez más, el huracán Nashville Pussy pasó por Barcelona. En esta ocasión, por Mephisto, la misma sala que les acogiera en su ya lejana primera visita, en 1998. Ahora, con la más que consolidada formación actual; con los habituales Ruyter Suys, Blaine Cartwright (al que viéramos meses atrás con Nine Pound Hammer), Jeremy Thompson, y Karen Cuda, la bajista más duradera que ha tenido la banda.
Para preparar el terreno tuvimos primero la actuación del grupo local Mescaleros, de potente directo y poderosa imagen; y que tuvieron el detalle de dedicar un tema a la memoria del inolvidable Gary Moore. Bien por ellos.
Con los de Atlanta no hubo sorpresas. Conocemos de sobras su música y su actitud escénica, con la incendiaria Ruyter al frente. Desde la inicial Say something nasty ya nos dejaron claro que la noche sería una fiesta en la que repasaron su discografía ante una entregada audiencia. Speed machine, Hate and whisky, I'm so high, la festiva Why why why, Go motherfucker go o Snake eyes fueron algunas de las canciones que pudimos disfrutar. Además de esas versiones que ya han hecho suyas, como son Nutbush city limits y Rock'N'Roll outlaw.
Por supuesto, Blaine lució con orgullo su camiseta de Judas Priest (una vez más), Jeremy y Karen se mostraron como una engrasada sección rítmica, y Ruyter..........¿qué decir de Ruyter? No importa las veces que haya visto en directo a los Pussy, que siempre me impresiona esta heredera de Angus Young. Es un espectáculo ver como toca y como disfruta haciéndolo. Y encima, al acabar el concierto, se mostró simpatiquísima firmando autógrafos y haciéndose fotos con la gente. Un verdadero encanto.

Mr. Wolf

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jueves, 3 de febrero de 2011

SUPERSUCKERS + THIN LIZZY. APOLO. 30/01/11






Noche rockera en la sala grande de Apolo, con una excelente entrada, para ver a una banda mítica junto a unos de sus discípulos más aventajados.
Para empezar, Supersuckers. Una vez más en nuestras tierras (y van....). Y un repertorio que ya conocemos; y una actitud escénica ya vista, pero......¡cómo nos gusta este grupo! Un directo adrenalínico, con el siempre cachondo Eddie Spaghetti al frente, y temas como Rock 'N' Roll records (ain't selling this year), The evil powers of Rock 'N' Roll, Pretty fucked up o Born with a tail. Lástima que en esta ocasión no hubiera espacio para su set Country, probablemente debido a la escasa duración de su actuación, que no llegó a los cuarenta minutos.
Y después, Thin Lizzy. Una banda que para mí siempre ha ocupado un puesto de honor en mi vida. Y sí, Phil Lynott ya no está, y sin duda es un personaje irremplazable. De hecho, quince años atrás me costó aceptar un retorno sin él, hasta que pensé en que quien mejor que Scott Gorham y John Sykes para continuar con el legado del bajista irlandés. Y ahora, a los veinticinco años de su muerte, una nueva gira con cambios importantes en su formación. Con Gorham a la guitarra, por supuesto, y con la incorporación de Brian Downey, el batería de siempre de la banda en su época clásica. Sustituyendo a Sykes, nada menos que Vivian Campbell, el guitarrista de la primera etapa de Dio, y actualmente en Def Leppard. Además, el teclista Darren Wharton, que ya estuvo en el grupo en los 80; el bajista habitual Marco Mendoza, y el ex Almighty Ricky Warwick a la voz y tercera guitarra.
Con una banda que tiene esas guitarras dobladas como marca de la casa, y un repertorio semejante la verdad es que sobran las palabras. Are you ready, Waiting for an alibi, Jailbreak, Do anything you want, Dancing in the moonlight, Still in love with you (una de las canciones más bellas que se pueden escuchar), Whiskey in the jar (la locura en la sala), Sha la la, Cowboy song, The boys are back in town, Rosalie, Black rose..... ¿Qué más se puede decir?
Los más aclamados, lógicamente, fueron Downey y el elegante Gorham. Warwick cumplió perfectamente con su papel (difícil, también hay que decirlo), y Campbell demostró su clase.
Allí donde se encuentre el maestro Lynott, puede sentirse tranquilo y orgulloso: sus chicos están de vuelta en la ciudad.

Mr. Wolf

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miércoles, 2 de febrero de 2011

DELICATESSEN BCN. STEVE EARLE









Steve Earle



En estos tiempos que corren ser una persona íntegra y sincera que hable sin tapujos ni ambigüedades sobre los temas que le preocupan y ser capaz de desnudar el alma sin adornos ni artificios no está de moda, pero la carrera de Steve Earle ha pasado por todas las etapas posibles y en la actualidad estar de moda debe ser la menor de sus preocupaciones. Demasiado rockero para los amantes del Country, demasiado country para muchos rockeros, demasiado viejo para los jóvenes, demasiado moderno para los tradicionalistas, en fin Steve Earle va por libre y hace las canciones que le da la gana, no las que la gente espera que haga.

Stephen Fain Earle nació en la base militar de Fort Monroe en Virginia en 1955. Con 13 años asistió a un concierto de Lynyrd skynyrd en el que consiguió cruzar unas palabras con Ronnie Van Zant, éste le regaló su collar y le animó a seguir su ejemplo y convertirse en una estrella del rock algún día, y a partir de entonces el joven Earle se dedicó con todas sus fuerzas a conseguir su sueño.

Su carrera comenzó de forma fulgurante, era muy joven cuando comenzó a componer y a interpretar sus canciones mirándose en el espejo de outlaws de la música de raíces norteamericana como Hank Williams, Guy Clark y sobretodo Townes Van Zant, apadrinado por éste último se labró una gran reputación actuando incesantemente por todo el país y cuando se publicó su primer disco era ya un artista conocido, en ésta época se relacionaba también con cantantes de la talla de Lucinda Williams, Nanci Griffith o Emmylou Harris.

En 1986 debutó con el disco Guitar town, en 1987 publicó Exit 0 y con Copperhead road (1988) su fama explotó; en la tradicional escena de Nashville fue encumbrado como uno de los jóvenes con más talento y su carrera se disparó disco a disco con cada vez mayores ventas y actuaciones en recintos más grandes; pero con el éxito, la fama y el dinero, su vida personal se fue desmoronando debido a sus adicciones y a sus problemas con las mujeres ( se ha casado 7 veces ), de esta época surgió el disco The hard way (1990) en el que sus problemas con las drogas se hicieron muy evidentes. Esta espiral autodestructiva motivó su arresto y posterior condena a prisión, donde pasó año y medio (1993-1994); su estancia en prisión le hizo replantearse la vida y le sirvió para salir como un hombre limpio de drogas y con una mirada cada vez más lúcida sobre su vida personal, los problemas del mundo en general y de la sociedad norteamericana en particular.

Los dos primeros discos que publicó tras su salida de la cárcel son maravillosos, el primero lo grabó en solitario y en formato acústico, Train a comin’(1995), y el segundo, Feel Allright (1996), respaldado por su banda de acompañamiento más fiel (The Dukes); son dos discos llenos de grandes canciones donde habla sin tapujos sobre sus problemas personales y también plantea su esperanza ante un futuro en el que libre de las ataduras del pasado se manifieste dueño de su propio destino; canciones como Hard-core troubadour, Feel allright o una de las canciones sobre el mundo de la droga más sinceras que he escuchado en mi vida, Cocaine can not kill my pain. En 1998 se editó El corazón, el último de los discos que ha publicado con una multinacional (Warner Bros records), un trabajo lleno de grandes canciones como Christmas in Washington, Ft. Worth blues y la desgarradora Taneytown. Volvieron los premios y alabanzas por parte del público y de la crítica que siempre han aplaudido el renacer artístico de personas que han tenido graves problemas personales. A partir del disco The mountain (1999) Earle publica con su propia compañía discográfica (E-squared records) y empieza a vislumbrarse un cambio en sus letras que irán haciéndose cada vez más políticas en el siguiente disco, Transcendental blues (2000); los halagos y las críticas positivas empezaron a apagarse con la inclusión en su repertorio de temas de contenido político, siempre se mostró muy crítico ante temas como la pena de muerte (Billy Austin, Over Yonder, Ellis unit one), las guerras e intervenciones militares de su país en el extranjero(Rich man’s war, Conspiracy theory), la pésima calidad de la sanidad norteamericana y la política económica y social de las administraciones de los Bush (Condi, Condi, F the CC).

Este activismo político le haría embarcarse en alguna gira con músicos como Bruce Springsteen, REM o Tom Morello para pedir el voto tanto por John Kerry como por Barak Obama para sacar del gobierno de su país a los republicanos y ha colaborado también con gente del cine como Tim Robbins o Michael Moore en las bandas sonoras de sus películas. Sus discos más abiertamente políticos serían Jerusalem (2002) y The revolution starts now (2004), dos grandes discos, sobretodo el primero, pero serían trabajos que harían cambiar definitivamente el estatus de Steve Earle, que sería repudiado definitivamente por la escena ortodoxa y tradicional de Nashville y le harían reducir los aforos de sus conciertos y los medios para grabar, hasta el punto de tener que cambiar su residencia a la más cosmopolita New York y girar mucho más asiduamente por Europa, tanto con los Dukes, como en solitario o acompañado de su esposa, la cantautora Allison Moorer. Uno de los momentos más controvertidos y polémicos de su carrera vino con la publicación del disco Jerusalem, en este disco intentaba comprender a los talibanes y se cuestionaba los conflictos de oriente medio, la canción John Walker blues trataba sobre cuales podían ser las motivaciones para que un chico que había crecido en la consumista sociedad norteamericana, con la MTV y el espejismo del sueño americano se hubiera convertido al Islam y radicalizado hasta el punto de marchar a Afganistán con los talibanes dispuesto a enfrentarse a sus compatriotas; por supuesto gran parte de su público no entendió el mensaje de la canción e incluso se llegaron a quemar sus discos y muchas tiendas dejaron de vender su música. Esta última etapa de su carrera ha estado marcada por producciones austeras como la de su último disco, Townes (2009), un sentido homenaje al que fuera su maestro en los inicios de su carrera (Townes Van Zant), y acercamientos a la electrónica aunque sin perder su esencia country y rockera en Washington square serenade (2007), también se ha lanzado a la interpretación actuando en varias temporadas de la magnífica serie de televisión The Wire, y en la excelente serie sobre el desastre del Katrina en Nueva Orleans Tremè, apareciendo puntualmente en alguna película como Leaves of grass; ha publicado también un libro recogiendo once relatos cortos titulado Doghouse Roses, que ha sido traducido al castellano con el nombre de Rosas de redención y que es muy recomendable.

Su familia está llena de talento y los discos de su actual mujer (Allison Moorer), de su hijo (Justin Townes Earle) y de su hermana (Stacey Earle) están llenos de buenas canciones.

Esperemos que Steve Earle nos siga obsequiando con buenos temas y emocionándonos en directo ahora que viene a tocar asiduamente a nuestros escenarios.


Antonio Sánchez






sábado, 22 de enero de 2011

ADAM BOMB. ROCKSOUND. 18/01/11

Menudo personaje. Hablar de Adam Bomb daría para escribir un libro. Un hombre que podría haber sido miembro de Kiss o de Guns N' Roses; que ha tocado con John Paul Jones, Michael Monroe o Steve Stevens; que ha sido amigo de Johnny Thunders, y que lleva muchísimos años dando vueltas por el mundo con su clásica Gibson rosa a un nivel básicamente underground. Como prueba la asistencia de público al evento: apenas una veintena de personas. Un motivo por el que otros darían un concierto frío y con desgana, pero no es el caso. La apatía y la falta de profesionalidad no existen en el vocabulario de Adam, que junto a sus compinches Paul Del Bello al bajo y Violet The Cannibal a la batería nos mantuvo pendientes del escenario durante más de hora y media con buena música y buen espectáculo.
Ya la segunda canción fue Let there be Rock, de AC/DC, de los que luego también tocaron Riff raff. Más tarde un trepidante Rock bottom de U.F.O., Detroit Rock city y Firehouse de Kiss, además de temas en un macarrónico español y también en francés, como Je t'aime (donde nos tradujo la expresión "suck my dick" a varios idiomas), ¡y el Antisocial de Trust! Dios, quien me iba a decir a mí cuando de crío escuchaba este tema que un día vería a un músico neoyorkino tocándolo en vivo. Por supuesto, también cayeron sus himnos I want my Heavy Metal y Rock like fuck; y un divertido New York New York en el que subió al escenario un colega de la banda, que más tarde también tocaría el bajo.
Guitarra y platos de la batería en llamas, pirotecnia, confeti y diversión no faltaron en esta velada sleazy, únicamente empañada por la falta de público. Por eso Adam nos comentó que la próxima vez se lo digamos a nuestros amigos. Un crack.

Mr. Wolf

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lunes, 10 de enero de 2011

DELICATESSEN BCN. NICK DRAKE

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NICK DRAKE (1948-1974)

La vida del cantautor británico Nick Drake fue breve pero a nivel artístico lo suficientemente intensa como para que sea considerado un referente para una legión de músicos que veneran su obra. Tan sólo publicó tres discos en vida en un intervalo de tres años (1969 a 1972), ninguno de ellos vendió demasiado y las expectativas que tenía puestas en él su compañía discográfica (Island) quedaron en nada, e indirectamente pudieron contribuir a la depresión y los problemas mentales que le llevaron al suicidio por una sobredosis de pastillas.

Drake murió a los veintiséis años y su evolución personal es compleja; es difícil imaginar cómo un chico sano y deportista cambia de la noche a la mañana y se torna un músico obsesivo y perfeccionista espoleado por algunos críticos musicales llevando a partir de entonces una vida enfermiza plagada de excesos con las pastillas y la marihuana a la búsqueda de un reconocimiento artístico que le llevara a conseguir un éxito discográfico que nunca llegó. Esta ansiedad por conseguir el éxito se agravó al no conseguirlo fácilmente y la inseguridad que le producía se tradujo en un comportamiento que paradójicamente le impedía llegar al gran público, dejó de actuar en directo y se negaba a conceder entrevistas y a promocionar sus discos.

Sus discos desprenden melancolía y tristeza y musicalmente pasó de adornar sus canciones con arreglos orquestales y jazzísticos, con el acompañamiento de músicos de Fairport convention e incluso del mismísimo John Cale de la Velvet underground, a desnudar sus canciones del todo e interpretarlas tan sólo con su guitarra acústica y ocasionalmente con un poco de piano. Sus letras son enigmáticas y oscuras, hablan de amor, incomprensión, soledad y sueños, y están trufadas de referencias a la naturaleza.

Su primer disco Five leaves left es una bella forma de expresar los pensamientos de un joven autor con unos arreglos musicales bellos y sutiles que parecían presagiar grandes logros para el futuro; entre sus temas más destacados figuran River man, Day is done y Fruit tree. Las ambiciones apuntadas en su primer disco se redondean musicalmente con un segundo disco exquisito, con letras más maduras, preciosas melodías y un acompañamiento musical excepcional, Bryter layter es un disco que lo tenía todo para haber llegado a un público lo suficientemente amplio como para que la frágil sensación de seguridad en sí mismo de su autor le llevara a proseguir una carrera que sólo empezaba a despuntar; pero el disco fue un desastre de ventas que provocó un enfriamiento en sus relaciones con la compañía discográfica que se acabó desentendiendo de él, entre sus mejores temas Hazey Jane, Fly, Poor boy o Northern sky.

La confianza en sí mismo desapareció y el proceso depresivo le llevó a abusar de la medicación que tomaba para superar sus problemas de insomnio y a abusar también de la marihuana; pero aún tuvo fuerzas para convencer a la discográfica para que le dejaran grabar tan sólo en cuatro horas un disco acústico, desnudo y eterno. Pink moon es sin duda alguna su mejor obra, en ella parece que la total ausencia de otros músicos y de arreglos lleven las canciones a lograr un nivel de intimidad con el que las escucha que hace que parezca que las haya compuesto expresamente para cada uno de los oyentes, y es que temas como Pink moon, Place to be, Things behind the sun, Know o From the morning son eternos; después de la publicación de éste trabajo y de su paso desapercibido en las listas británicas Nick Drake decidió apartarse de la música argumentando que después de un disco como Pink moon no tenía nada más que decir, y literalmente desapareció de la escena musical, se fue a vivir al campo con sus padres, que veían con preocupación cómo una profunda depresión se apoderaba de él; ocasionalmente volvió a grabar algún tema suelto que no llegó a publicar en vida y a la edad de veintiséis años murió en lo que parece que fue un suicidio.

Su muerte pasó tan inadvertida como sus discos para el gran público y el olvido cayó sobre él, incluso su discográfica descatalogó sus discos, pero poco a poco empezó a ser reivindicado por nuevas generaciones de músicos que se inspiraban en sus canciones y a día de hoy está considerado como un famoso artista de culto. Entre los músicos que lo citan como una de sus mayores influencias están The Black crowes, Robert Smith, Peter Buck, John Martyn, Paul Weller, Kate Bush, Lucinda Williams, Jackson Browne, Will Oldham, Tom Verlaine o Mark Eitzel; algunos han versionado sus temas como Norah Jones con Day is done, Brad Mehldau con River man y Poor boy, The Mars volta con Things behind the sun, The soundtrack of our lives con Fly o el mismísimo Elton John con River man, Way to blue y Poor boy.

Antonio Sánchez


















domingo, 26 de diciembre de 2010

DELICATESSEN BCN. NINA SIMONE



Nina Simone

Eunice Kathleen Waymon nació en el año 1933 en una familia de ocho hermanos que había vivido relativamente bien hasta que el crack del 29 arruinó a su padre, un mestizo de negro e indio; la nueva situación hace que su madre empiece a trabajar como criada para una familia blanca. La pequeña Eunice se destapó como niña prodigio cuando a la tierna edad de dos años era capaz de tocar en un órgano los himnos religiosos favoritos de su madre, la especial habilidad de la niña hizo que su madre pidiera a la señora de la casa en que estaba empleada que la ayudara a costear sus clases de música y piano ; durante cinco años recibió clases de piano clásico y aprendió a amar la música de Bach o Debussy. A los diecisiete años ingresó en la prestigiosa academia musical Julliard, en esta misma academia había estudiado el gran Miles Davis; pero al no contar con dinero suficiente para costear las clases y no recibir ninguna beca tuvo que dejar la academia y con ello abandonar su sueño de convertirse en una estrella de piano clásico. Para poder sobrevivir empezó a tocar en locales donde el repertorio exigido iba del Jazz al blues pasando por el soul, y fue en estos locales donde tuvo que empezar a cantar para poder cobrar un sueldo de verdad. En esta etapa se forjó un carácter fuerte y combativo, tuvo que ser fuerte para tirar adelante después de su frustración por tener que abandonar la música clásica; pero su primera etapa musical sería muy importante para construir un estilo pianístico absolutamente personal en el que se mezclaban sus influencias clásicas con la devoción que sentía por músicos de Jazz como Duke Ellington. Hoy en día el gran público parece que sólo la recuerde por su andrógina voz en temas como My baby just cares for me, pero su habilidad como pianista era excepcional; quizás se deba al machismo que unido al racismo de la época parece que sólo aceptaba a las mujeres en el Jazz como vocalistas; esta situación hacía aflorar el fuerte carácter de Nina Simone cuando se la comparaba constantemente con cantantes negras como Billie Holiday y ella replicaba asegurando que tenía más cosas en común con grandes divas como Maria Callas o Edith Piaf; de hecho definía su música como música clásica negra huyendo de términos como Jazz a los que consideraba un estereotipo para encuadrar a la música negra.

En 1954 Eunice Kathleen Waymon pasó a ser Nina Simone uniendo el mote de niña por el que la llamaban con el nombre de la actriz francesa Simone Signoret. Sus primeras grabaciones fueron para los sellos Bethlehem y Colpix donde destacan los álbumes Jazz as played in an exclusive side street club (incluía su gran hit My baby just cares for me o I loves you Porgy), Nina simone sings Ellington o el directo At Carnegie Hall. Su etapa más prolífica en cuanto a grabaciones sería en la que grabó para Philips (1964-1967) con discos como Nina Simone in concert donde además de incluir sus grandes temas antiguos se atrevió a interpretar a Kurt Weill con Pirate Jenny o a tratar abiertamente el tema del racismo en la gran Mississippi Goddam, también se incluía aquí el tema Plain gold ring que versionaría años después Nick Cave; en el disco Broadway-blues-ballads hizo una versión magistral del tema de The Animals Don’t let me be misunderstood; después publicaría el exitoso I put a spell on you donde haría una gran versión del Ne me quitte pass y se incluiría su gran canción Feeling Good, una canción que ha sido versionada hasta por el grupo Muse; en Pastel blues podemos encontrar su relectura del tema de Billie Holiday Strange fruit; acabaría su periplo en Philips con los álbumes Let it all out, Wild is the wind y High priestess of soul, en el que su camaleónica capacidad para reinventarse la convirtió en toda una estrella del soul al estilo Aretha Franklin. Posteriormente grabó nueve discos con la compañía RCA (1967-1974) en la que el eclecticismo fue total y su acercamiento al Pop, al folk y al rock quedó patente en las versiones que hizo de gente como George Harrison (My sweet lord, Isn’t a pitty), Sinatra (My way), Leonard Cohen (Suzanne), Bee Gees (To love somebody), Pete Seeger (Turn turn turn) o Bob Dylan (The ballad of Hollis Brown, The times they are a changin’ y Just like a woman); en esta etapa obtuvo su máxima popularidad y también sus mayores críticas al acercarse a la música popular “blanca” teniendo un discurso político tan combativo con conexiones con gente como Malcolm X o las Panteras negras. Después del asesinato de Martin Luther King y debido a sus problemas legales con las compañías discográficas y con su decisión de dejar de pagar impuestos mientras durara la guerra de Vietnam, decidió abandonar los Estados unidos y se refugió en las islas Barbados, en Londres, Liberia, Suiza, Holanda para acabar echando raíces en Francia. De sus últimos años destaca sobretodo el disco Nina is back.

En 1992 publicó su autobiografía I put a spell on you y vivió sus últimos años ocupada en causas benéficas y dando conciertos ocasionales donde aún era capaz de ofrecer toda su magia. Murió en 2003 y ha sido versionada por gente como Jeff Buckley (Lilac wine), Sixteen horsepower (Sinnerman), y reconocida como una gran influencia por gente tan dispar como Alicia Keys, Lauryn Hill o Antony and the Johnsons. Su discografía está plagada de grandes canciones como Sinnerman, Four women, My baby just cares for me o Ain’t got no (I got life), pero si sólo pudiera escoger un tema de su discografía me quedaría con una maravilla incluida en su disco de 1967 Silk’n’Soul, Consummation; aunque su disco favorito siempre fue Nina Simone & piano (1969), donde no hay artificios ni ayudas de nadie sólo su voz y su gran amor por el piano.


Antonio Sánchez





lunes, 20 de diciembre de 2010

DELICATESSEN BCN. ROBERT JOHNSON







De vez en cuando y para desengrasar de la buena y no tan buena música de hoy, día repasaremos la historia de algunos de nuestros referentes musicales, algunos puede que resulten obvios a los que sigáis las críticas de conciertos de este blog, pero espero que os sorprendamos un poco, de tanto en tanto.

ROBERT JOHNSON


La primera vez que recuerdo haber recibido alguna información sobre Robert Johnson yo debía tener unos 14 o 15 años y despertaba a mi amor por la música en una época en que todo me sorprendía e intrigaba; evidentemente hablo de unos años en los que no existía internet y la información musical era bastante escasa en nuestro país. Recuerdo perfectamente estar escuchando una grabación en casette del disco de Cream Wheels of fire y flipar como un enano cuando escuché el tema Crossroads, en esa época yo devoraba todo el material que podía encontrar de Eric Clapton y me sorprendí el día en el que curioseando en una tienda de discos descubrí que ese tema no era suyo si no de un tal Robert Johnson del que nunca había oído hablar; poco tiempo después y decidiendo en casa de un amigo qué discos me podía llevar prestados empecé a descubrir a Robert Johnson por todas partes, sus canciones aparecían en discos de gente como Lynyrd Skynyrd (Crossroads en su disco en directo One more from the road de 1976), Steve Miller band (Come on in my kitchen del disco The Joker), ZZ Top (I believe I’ll dust my broom en su disco Degüello de 1979), también en la banda sonora de la película The blues brothers (Sweet home Chicago) y lo que más me sorprendió es que también el bluesman Elmore James tenía una versión del tema I believe I’ll dust my broom, y puesto que en el disco de James ponía que había muerto en 1963 había que deducir que el tal Robert Johnson debía de ser un compositor o un músico muy viejo.

En esa época sólo podía escuchar música en casa en un radiocasette por lo que les pedía a mis amigos que me grabaran sus discos y a veces hasta grababa directamente de la radio lo poco decente que pinchaban en esos años, a pesar de no tener donde escuchar discos empecé a pasar las horas muertas en las tiendas de música curioseando las carpetas de los vinilos y conversando sobre música con los dependientes, que en esa época sabían bastante de música, no como ahora; no fue fácil pero encontré por fin un disco de Robert Johnson llamado King of the Delta blues singers vol. 1, era un viejo vinilo muy antiguo y al verme con él el dependiente me comentó que también tenían el vol. 2 y que esos temas eran todos los que grabó Robert Johnson, las grabaciones eran de 1936 y 1937, entonces averigüé algunos pocos datos más como su muerte a los 27 años de edad y parte de la leyenda que se le asocia; sin haber oído ni una sola nota estaba convencido de que su música me iba a marcar y cuando por fin escuché en la tienda ese sonido primitivo, ese uso preciso del Bootleneck y esa voz fantasmal con unos falsetes increíbles quedé como hipnotizado. Desde entonces siempre que escucho su música me comporto como dominado por una liturgia que me hace contemplar sus carpetas y releer las letras de sus canciones mientras la aguja del plato se desliza sobre la superficie del vinilo, cuando le escucho quedo como en trance.

Con el tiempo y ya en posesión de un buen equipo de música adquirí la caja de Columbia records The complete recordings, que incluía en tres vinilos las 41 grabaciones que realizó Robert Johnson de sus 29 temas conocidos (algunas canciones fueron grabadas 2 veces). Los temas los grabó Don Law, un cazatalentos de la American records corporation durante 5 sesiones de grabación; las 3 primeras se grabaron en una habitación del hotel Gunter de San Antonio (Texas) los días 23, 26 y 27 de Noviembre de 1936 y las 2 últimas 7 meses después en la trastienda de un almacén en Dallas, los días 19 y 20 de Junio de 1937. De las primeras sesiones aparecieron cinco temas publicados en discos de 78 rpm, y sólo uno de estos discos tuvo un cierto reconocimiento, Terraplane blues. Su legado es ciertamente escaso 29 canciones, 41 grabaciones y sólo 2 fotografías, pero su importancia en la historia de la música es superlativa.

Robert Johnson fue un músico y compositor excepcional que tuvo la virtud de escribir blues abordando no sólo temas como el desamor y la dura vida de los negros, también escribió sobre los miedos irracionales que atenazan al hombre, la intervención de lo sobrenatural en nuestras vidas y por supuesto abordó el tema del sexo de una manera bastante avanzada para la época que le tocó vivir. Nació el 8 de Mayo de 1911 en Hazlehurst, en el estado de Mississipi, fue el hijo ilegítimo de Julia Dodds y de Noah Johnson y entre lo poco que se conoce de su vida se sabe que se casó en Febrero de 1929 con una chica de 16 años llamada Virginia Travis, que murió al dar a luz junto a su bebé en Abril de 1930. Robert Johnson volvió a casarse con Esther Lockwood, quien ya era madre de un niño llamado Robert Lockwood, al que ejerciendo de padrastro enseñó a tocar blues, debió hacerlo bien, ya que posee también una interesante carrera musical. Robert Johnson tuvo fama de mujeriego y se dice que probablemente su muerte se debió a un envenenamiento por parte de un marido celoso; también se atribuye su muerte a otras causas podríamos decir que más “naturales” como la Neumonía o la Sífilis. Murió en Greenwood (Mississipi) el 16 de Agosto de 1938 y como no hubo autopsia el terreno quedó abonado para elucubrar sobre su muerte, y aquí es donde surge la leyenda.

Comenzó en la música como armonicista y según se cuenta como un poco talentoso guitarrista, en esa época acompañó a leyendas del blues como Charlie Patton, Willie Brown o Son House cuando actuaban en la zona de Robinsonville, que era donde vivía Robert en esa época. Después de la muerte de su esposa su carácter se volvió hosco y empezó a abusar de la bebida, entonces desapareció durante un año y cuando regresó sus amigos y conocidos vieron con sorpresa como se había convertido en un virtuoso guitarrista que además cantaba con una rotundidad y personalidad que le colocaban inmediatamente entre los mejores músicos de blues.

Según dice la leyenda Robert Johnson vendió su alma al diablo a medianoche en el cruce de caminos entre la autopista 61 y la 49 en Clarksdale, Mississipi, recibió a cambio el don de componer e interpretar blues mejor que nadie.

Al crecer su fama la zona del Delta se le quedó pequeña y viajó a Chicago, St. Louis, Michigan y Nueva York tocando con grandes bluesmen como Johnny Shines, Sonny Boy Williamson o Roosevelt Sykes e incluso con su hijastro Robert Lockwood Jr.; pero la muerte le llegó cerca de casa en Greenwood, y a pesar de las dudas que hay también sobre el lugar de su tumba parece que sus restos se encuentran en el cementerio de la Zion church en la ciudad de Morgan.

La influencia de su música en las generaciones posteriores ha sido y es importantísima, cada nueva generación de músicos de blues se mira en sus temas, los músicos británicos de los años sesenta llevaron sus canciones a la fama aunque no siempre le atribuyeron el pertinente reconocimiento en los créditos de los discos, e incluso en la actualidad bandas como Red hot cilli peppers (They’re red hot en su disco Blood sugar sex magik) o The White stripes (Stop breaking down) le dan a conocer a un público joven. Posiblemente el músico que más temas haya versionado de Robert Johnson sea Eric Clapton, lleva toda su vida tocando temas como Crossroads o Rambling on my mind (fabulosa su versión en el disco en directo Just one night) y recientemente ha publicado un disco entero de versiones del músico de Hazlehurst (Me and Mr. Johnson, 2004); otros que adoran esos viejos blues son The Rolling stones que han versionado varios temas y publicado en sus mejores discos temas como Love in vain (Let it bleed o Stripped), Stop breaking down blues(Exile on Main street) o Walkin’ blues(Rock and roll circus); entre los grandes nombres de la historia del Rock Led zeppelin grabaron una incendiaria versión de Travelling Riverside blues y se inspiraron incluso en las letras de Johnson para construir temas como Lemon song, Bob Dylan no sólo ha interpretado temas como Kindhearted woman blues, Milkcow’s calf blues, Rambling on my mind o I’m a steady rollin’ man, también tituló uno de sus mejores discos con el nombre del lugar en el que supuestamente Johnson pactó con el diablo (Highway 61 revisited); el gran guitarrista albino Johnny Winter ha interpretado Kindhearted woman blues, Me and the devil blues o When you got a good friend; entre mis versiones favoritas de sus temas figuran la de The gun club (Preachin’ blues en el gran Fire of love), Lucinda Williams (Stop breaking down blues en su disco de debut Ramblin’), las soberbias versiones que realizan Gov’t mule de temas como 32/20 blues o If I had possession over judgment day, las que grabó el gran Warren Zevon con R.E.M. como banda de acompañamiento en el disco que publicó bajo el nombre de Hindu love gods(Walking blues y Travelling Riverside blues, 1990), John Mellencamp (Stones in my passway en su disco de versiones Trouble no more)y los grandes Allman brothers band con Drunken hearted man.

Se recomienda la escucha de su música acompañada de un buen whisky y por supuesto en vinilo, dejando que los crujidos de las grabaciones originales se mezclen con los del polvo en la aguja del plato, es la mejor manera de sentirte transportado a los polvorientes y calurosos cruces de caminos del sur de los Estados Unidos.

Antonio Sánchez


domingo, 12 de diciembre de 2010

WOVENHAND. APOLO 2. 10/12/10

¡Qué extraño concierto! El viernes el bueno de Dave Eugene Edwards nos visitó encabezando Wovenhand en la sala Apolo 2 para presentarnos su nuevo disco The Threshingfloor, el séptimo ya en su dilatada carrera.
Wovenhand es un proyecto que nace donde muere 16 Horsepower, la anterior banda de este curioso personaje, predicador en sus ratos libres. Comparte con el mismo la base folk, country, pero se adentra sin remilgos en territorios mucho más oscuros hasta componer un sonido propio e inconfundible, cosa de que muy pocas bandas pueden presumir. Unir a banjos o acordeones del profundo oeste americano unas originales bases rítmicas donde destaca el potentísimo bajo de Pascal Humbert, y todo ello con una intensidad y dramatismo extremo, resulta de lo más experimental dentro de un panorama musical bastante adocenado.
La primera sorpresa fue que para la ocasión Dave Eugene se rodeó de 4 músicos en el escenario (6 cuando en el bis se agregaron los teloneros Seven Seas Duet), algo que se nos antojó innecesario para desarrollar su música. En el Azkena 2009 por ejemplo bastó con bajo y batería para dejar anonadado al personal. E incluso en soledad es capaz de dejar pequeñas obras de arte como el video que os remitimos abajo.
Aquí el soporte de unos saturadores teclados y un eventual coro no parecieron aportar nada e incluso resultó molesto al combinarlo con la potencia de sonido desmesurada para tan pequeño local.
Tampoco ayudó el repertorio. Junto a los dos temas del nuevo album (Sinking hands y la que da título al último disco) se apelotonaron un puñado de canciones la mayoría en la misma línea: interminables introducciones con Dave Eugene hablando en trance y desarrollo de marcado dramatismo construido sobre una muralla de sonido que echaba para atrás. Individualmente trallazos, pero en conjunto...
Se echó en falta alguna pausa en el discurso, alguna canción acústica...Imposible seguir la intensidad del concierto, siempre "arriba" y con los oidos a rebentar hasta quedarnos anestesiados, desgraciadamente.
Esperamos en vano además que sacara el acordeón que tan bien adorna algunas de sus mejores canciones. Podía haber aprovechado incluso más a los teloneros con sus instrumentos arabizantes, una línea que por lo demás parece que se adapta muy bien a su místico estilo. En fin, alguna variedad sobre lo expuesto.
Así las cosas, el concierto fué decayendo a partir de la reiteración de la propuesta. Una lástima, porque hay que decir que Dave Eugene se vació, todo un espectáculo con sus trances sobre la silla, con esa magnifica voz que recuerda a Peter Murphy. Resulta tan excitante su propuesta que sin duda lo seguiremos a la espera de mejores días. Materia prima hay en abundancia, y con solo unos retoques de repertorio y sonido esta crítica sería otra.
Para acabar, decir que nos quedamos con las ganas de una de las piezas que nos enamora "The beautiful Axe".
¡¡¡Hasta pronto David Eugene!!!

Mr.Bull



Más info en la web del grupo

viernes, 3 de diciembre de 2010

ISOBEL CAMPBELL & MARK LANEGAN. APOLO. 30/11/10



Extraña pareja la formada por la dulce Isobel y el duro Mark. Mientras que ella proviene de los escasamente rockeros (y para mí escasamente interesantes) Belle & Sebastian, él tiene a sus espaldas un bagaje de gran brillantez. Su etapa con los imprescindibles Screaming Trees, sus trabajos en solitario o sus colaboraciones con Josh Homme o Greg Dulli le han convertido ya en una figura capital de la música de nuestros días. Lo curioso es que en esta aventura parece ser ella el motor principal de la banda, produciendo los discos y componiendo la mayoría de los temas. Y desde luego no podemos quejarnos, teniendo en cuenta que sus tres trabajos editados son altamente recomendables y difíciles de etiquetar en cuanto a estilo musical.
Harper Simon, con el único acompañamiento de su guitarra, fue el encargado de cumplir con la siempre difícil tarea del telonero. Evidentemente no estamos hablando del nuevo Dylan, pero sí nos entretuvo durante media hora con canciones agradables y algún comentario sobre el Barça-Madrid del día anterior. Minutos más tarde la pareja y su banda de cuatro competentes músicos tomaron el escenario y empezaron de un modo casi minimalista con We die and see beauty reign, para acelerar luego con You won't let me down again, en lo que fue la tónica de la noche: la combinación entre temas sosegados y otros más fogosos. Sus tres discos tuvieron parecida relevancia, con la bella Time of the season o la rockera Get behind me de su reciente Hawk. Who built the road, Salvation o la atmosférica Back burner de Sunday at Devil dirt. Y del primero, Ballad of the broken seas, tocaron entre otras (Do you wanna) come walk with me?, Revolver, Ramblin' man o esas dos joyas que son Honey child what can I do? y The circus is leaving town. Arrebatos guitarreros, momentos de Campbell al cello y el contraste entre su voz y la arenosa de Lanegan destacaron también en la casi hora y media de concierto.
Si en su visita de hace dos años vimos al serio Lanegan sufrir un ataque de risa (?), en esta ocasión constatamos que parece ser feliz con esta banda. Algún guiño y alguna que otra sonrisa a sus acompañantes sobre el escenario lo demostraron; además de dedicarse más tarde a alegrarnos a sus seguidores obsequiándonos con firmas y fotos, mostrándose abierto y cercano.
El proyecto Campbell-Lanegan parecía ocasional, pero parece ser que va para largo. Ningún problema, ¿no?.

Mr. Wolf

Más info en la web del músico
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miércoles, 24 de noviembre de 2010

DRIVE BY TRUCKERS.RAZZMATAZZ 2. 23/11/10



Tenía muchas ganas de ver a los de Athens en un concierto en una sala pequeña para poder apreciar de verdad su música intensa, épica incluso, que combinan con maestría con esos otros temas más bluesys y con algunas joyas con melodías más poperas, aunque la verdad es que de éstas últimas pocas pudimos disfrutar. El concierto vino precedido por una interesante y enérgica actuación del grupo telonero, The Whybirds, que cuajaron un buen concierto y se ganaron al público con sus temas con sabor auténticamente americano, a pesar de ser ingleses.

Drive by truckers nos ofrecieron un intenso concierto de dos horas que aunque con algunos altibajos podríamos calificar de muy bueno; el aspecto negativo del concierto fue el sonido que en general fue bastante malo, pero Patterson Hood y sus compañeros supieron sobreponerse a este problema a base de intensidad y entrega en un concierto que empezó a medio gas para ir remontando poco a poco hasta cuajar una excelente actuación que se vino un poco abajo en los bises, no creo que escogieran bien en esta parte final, aunque se lo podemos perdonar ya que hubieron grandes momentos. En el set list predominaron los temas de su último disco The big to do, del que tocaron seis temas: The fourth night of my drinking, This fucking job,Get downtown, (It’s gonna be) I told you so, Birthday boy y el excelente Drag the lake Charlie; también tocaron algunos de sus grandes clásicos como Where the devil don’t stay, Tornadoes, A ghost to the most, My sweet Annette, Love like this, esa preciosa canción llamada Feb 14, Marry me, Lookout mountain, 3 dimes down, Hell no, I ain’t happy y el mejor momento del concierto con Gravity’s gone y la emocionante Let there be rock, una canción que debería ser de escucha obligada para cualquier aspirante a músico de Rock; después de llevarnos al cielo nos dejaron con ganas de más, pero nos defraudaron a medias con los bises, interpretando temas como Uncle Frank, The thanksgiving filter, Zip city y una versión fuera de lugar del tema People who died de Jim Carroll.

El concierto fue muy bueno, pero si hubieran escogido mejor los bises y hubieran interpretado alguno de los grandes temas que compuso Jason Isbell antes de dejarles hubiera sido perfecto. Patterson Hood fue todo actitud, entrega y simpatía y no paró de beber vino y bourbon en todo el concierto, Mike Cooley fue ese genio un poco hosco que manteniendo un poco las distancias da la sensación de ser el jefe en la sombra, John Neff estuvo magnífico con la guitarra y el pedal steel, Brad Morgan mantuvo el ritmo y se mostró muy sólido a los parches y Shona Tucker envolvió bien los temas con su bajo aunque estuvo un tanto timorata a las voces.

Una buena noche de Rock n’ roll, esperamos verles pronto.

Mr. Sheep

lunes, 15 de noviembre de 2010

NOS VAMOS A AZKENA 2011

Haz clic en la imagen para entrar en su web

Un año más, la redacción al completo de Bcn en Concierto acudiremos a esa cita ineludible, paraiso y parque temático del rock, que se llama Azkena Rock Festival. Y están a la venta las entradas (con la posibilidad de hacerte un "pasaporte" rockero) de esta edición tan especial, la del 10º aniversario que promete emociones bien fuertes.

La redacción al completo: Mr.Wolf, Mr.Bull y Mr.Sheep

Para calentar el ambiente mientras llega junio, nos dejan pedir a la carta (otra cosa es que luego consigan traer a todos los que pedimos).






























¿Os imaginais?

!!Nos vemos en junio en Vitoria¡¡