Tras el paréntesis estival volvemos a
la música en vivo, y para iniciar la temporada nada mejor que una
sesión de Rock clásico americano, curiosamente de la mano de
unos australianos: AdamEckersley
Band.
Tienen dos discos publicados en los dos
últimos años, que llevan por título The first album y Thesecond album (hagan sus apuestas para el nombre del tercero),
en los que muestran lo que decíamos, su pericia en ese Rock
clásico, sureño, o como le queráis llamar. No inventan nada nuevo,
pero lo que hacen saben hacerlo bien, recordándonos a todos esos
nombres míticos que siempre tenemos en mente. Canciones como Talk
about love, Wheels, en la que a los asistentes nos tocó
hacer los coros, Tookthat woman o ese cañonazo
llamado Sex & money son una buena muestra de lo que digo.
Y a la hora de buscar en el cajón de los temas ajenos no se puede
decir que tengan mal gusto, con el maravilloso Can't you see
de Marshall Tucker Band (¡qué grandes
y qué olvidados!); con ese All along the watchtower en su
versión hendrixiana; o con ese Midnight rider de los
Allman Brothers Band, imprescindibles en
estos casos.
Forman la banda Adam Eckersley
como cantante y guitarra (sí, lo habéis
adivinado, el líder del grupo), Dan
Biederman a los teclados, Scott
Greenaway al bajo y Benny Elliott
a la batería, todos ellos barbudos y melenudos. Ignoro si el quinto
miembro, Duncan Toombs, ha abandonado el
grupo, pero por lo menos parece que en esta gira no está con ellos.
En definitiva, una buena noche de
Rock'n'Roll, que demuestra que para hacer buena música no es
imprescindible provenir de Alabama o de Georgia. Y creo
que todos los que formaban la aceptable entrada de Rocksound
pensarán lo mismo.
Para acabar, me gustaría recordar la figura de Javier Ezquerro, promotor de conciertos que falleció hace unas semanas. No puedo decir que fuéramos amigos, simplemente nos saludábamos y alguna vez habíamos intercambiado cuatro palabras, pero sí es cierto que me supo muy mal la noticia. Se hace raro estar en Rocksound y no encontrárselo.
Todavía estoy en una
nube, me ha costado mucho salir de esa especie de ensoñación en la que he
estado sumergido este primer fin de semana de Julio, la vuelta a la realidad ha
sido dura, como lo es a veces despertar después de un buen sueño.
Hace apenas unos meses
recuerdo esbozar una sonrisa al leer que una especie de colega algo friky, al
que nunca había conocido en persona, pero al que seguía por estos mundos
paralelos de internet, estaba montando un concierto de homenaje a The Band en
un pueblo de Burgos llamado Frías.
Recuerdo que pensé que menos mal que todavía
hay gente que se esfuerza en poner en marcha iniciativas tan románticas y fuera
de cualquier circuito comercial como montar un festival en un entorno rural y
alejado de las grandes ciudades. En un primer momento no se me ocurrió que
pudiera organizarme y liar a alguien para que me acompañara en esta aventura,
pero poco a poco las cosas se fueron alineando y cuando vi que Joserra Rodrigo
involucraba a Danny and the champions of the world y sobre todo a Bantastic
fand, supe que debía asistir.
Adoro a The Band, sus
discos, su historia y su influencia en la música posterior. Pensar en poder
escuchar sus canciones en directo y a un montón de músicos ofreciéndonos sus
propias creaciones imbuidas del espíritu de la Big Pink de Woodstock era algo
irresistible.
El entorno en el que se
iba a celebrar el concierto parecía de cuento, un pueblo medieval, su precioso
castillo, sus calles empedradas, sus casas colgantes. Además el precio del
abono era un regalo, así que una vez solucionado el tema del alojamiento en
algún pueblo cercano y la logística organizativa, fue pasando el tiempo
mientras crecía mi alegría al ver involucrada en esta historia a gente a la que
aprecio musicalmente y de los que me siento cercano en lo que a música se
refiere, como es el caso de Nacho Para con sus Bantastic fand y el madrileño
Daniel Insa; amigos virtuales a los que quería conocer en persona.
Al final todo ha superado
mis expectativas, he podido asistir con parte de mi familia, hemos podido
conocer la comarca con pueblos tan bonitos como Oña, Orbaneja del Castillo o
Poza de la Sal e incluso ellos que no están tan imbuidos de la fiebre musical
que me domina desde que tengo uso de razón, han disfrutado mucho la
experiencia.
La llegada a Frías el
Viernes no pudo ser mejor, el impacto de su belleza, el nerviosismo previo a la
recogida de los abonos, la recogida de un par de cajas del delicioso vino
conmemorativo, y sobre todo encontrar al artífice de todo esto con una sonrisa
en la cara y con la sensación de reencontrar a un amigo al que hace tiempo que
no ves.
El primer concierto
programado era el de los cántabros Copernicus dreams, que afrontaron con
valentía el hecho de abrir el fuego, todavía bajo la luz del Sol y con poco
público, nos regalaron un montón de buenos temas de su disco Sunrise como Shock
the monkey to live, la festiva You say, Just call o Leave for live, además
ofrecieron las primeras versiones de The Band, clásicos como Theweight, It
makes no difference o el I shall be released de Dylan. Derrocharon simpatía y
calentaron al personal para lo que quedaba de noche.
Los donostiarras Frank
fueron mi gran descubrimiento del festival, sólo había escuchado un par de
temas y la verdad es que estuvieron pletóricos. La voz de Sara Comerón es
espectacular, como una mezcla entre la ingravidez de Joana Serrat y la fuerza
de Maria McKee; Andoni Etxebeste y ChristianRodríguez forman una gran base
rítmica por la que la guitarra solista de Íñigo Bailador serpentea arrastrando
solos de la escuela Crazy horse. Los temas de The Mud and the thirst tienen una
gran traslación al directo, ahora que ya he podido escuchar el disco puedo dar
fe de ello, y Memory of thetree y Fire de su primer mini lp sonaron a gloria. También versionaron a The Band con
This wheel’s on fire, a Fleetwood Mac con Landslide y a Neil Young con Like a
hurricane. Deseando verles en una
sala.
El grupo estrella de la
primera jornada eran Danny & The champions of the world, y comenzaron un
poco torcidos por algún fallo de sonido, pero se recuperaron rápidamente y con
su simpatía y entrega se ganaron al personal, que acabó rendido a sus festivas
canciones llenas de Soul, de Rock y de alegría, son el grupo perfecto para
levantarte el ánimo.Every
beat of my heart, Cold cold world, Staytrue, It’ll be alright in the end, Clear
water, This is not a love song, thinking about my friend, en fin, un gran
repertorio con algún guiño a Joserra como el Street people de Bobby Charles; el
patio del castillo estuvo on fire y bailó y saltó con la descarga de los
Champs.
Después de la exhibición
de Danny y los suyos no era fácil salir al escenario, pero Still river salieron
dispuestos a todo, comandados por el vocalista Dan Cabanela fueron de menos a
más y continuaron con la fiesta hasta pasadas las dos de la madrugada. Sonaron
temas de su último trabajo Wood & wire y su guitarrista Juan Gumuzio
derrochó talento y me dejó con la boca abierta. Muy bien.
El Sábado les tocaba
abrir el concierto a unos jóvenes bilbaínos, The Walnut Co.; les había visto
tocando en internet y sabía de su respeto y admiración hacia The Band, pero
cuando les vi atacar sus canciones y versionar a los maestros se me encogió el
corazón. No se puede tocar de forma más sincera. Ver a su cantante a la batería
con el cuello girado cantando y sufriendo con la interpretación de Stage fright
fue uno de mis momentos favoritos del festival. Sonaron sinceros y reales, sus
fallos sonaron como aciertos y se ganaron al público desde el principio. A ver
si publican disco, me tendrán el primero haciendo cola.
Lamentablemente casi no
pude ver a La Gran esperanza blanca, pero por lo que pude escuchar estuvieron
muy bien. Había que organizarse para cenar algo y no se puede llegar a todo,
prometo intentar enmendar mi error en el futuro, una banda de Rock en
castellano con 30 años de trayectoria lo merece.
Sabía que la banda de
Getxo The Fakeband iban a destacar entre el cartel, pero la verdad es que no
estaba preparado para su maestría y desparpajo. Comenzaron con algunos temas
propios que sonaron a gloria, Rock, Country Rock, Power Pop y tablas para una
banda que lo tiene todo, fuerza y grandes melodías, varios registros vocales y
grandes músicos. Don’t save my life y Way up north sonaron a gloria y la parte que
dedicaron a recrear temas de El último vals fue una maravilla. Don’t do it, un
soberbio Who do you love con Dan Cabanela de Still river haciendo de Ronnie
Hawkins, Helpless de Neil Young con Miguel Guzmán a las voces, The Weight y
Such a night con la colaboración de Joserra Rodrigo, una preciosa The night
they drove Old Dixie Down con Bosco de los Walnut a las voces, Sara Comerón de
Frank y Juan Gumuzio de Still river
brillaron en la bonita versión de Evangeline y unas portentosas Ophelia y
Caravan al estilo Van Morrison con sus patadas al aire y todo. En fin, toda una
fiesta con el público entregado y mis sentimientos a flor de piel.
Parecía que después del
espectáculo con The Fakeband los siguientes lo tenían crudo, pero es que los
siguientes eran Bantastic fand. Aparte del sueño de Joserra, ellos eran mi
razón para viajar desde Barcelona a Frías. Sus dos discos son muy buenos,
especialmente Welcome to desert town, y en un mundo justo sus canciones
sonarían sin cesar en las emisoras de radio y en los mejores recintos de
conciertos del país; pero mientras eso sucede lo único que podemos hacer es
propagar sus buenas nuevas en forma de canciones para ganar adeptos a la causa.
Nacho Para de cerca parece un poco tímido, pero tras una máscara de cierta
preocupación se esconde un tipo afectuoso que aprecia de verdad a los
interesados en sus canciones y su banda, pude charlar brevemente con él, pero me pareció que
éste tipo es uno de los míos, y sólo espero que no pase mucho tiempo para que
pueda volver a ver a su banda en directo. Contaron con la sobria presencia de
Carlos Ashworth en los dos primeros temas I’m ready y Can’t you see? Y su sitar
puso la nota exótica a la primera parte del concierto. Nacho parecía preocupado
al principio por el sonido, que aunque no fue perfecto al inicio fue mejorando
poco a poco hasta acabar sonando bastante bien. No todo el mundo les conocía
entre el público, pero para cuando acabaron se los habían ganado a todos, y es
que con temazos como Mymorning, Far from home, Givin’ up the battle, when she
came to the city, Muses, Find the door o Calling eso es fácil. Emocionante ver
a Joserra atacar con la harmónica en Calling, y soberbias versiones dylanianas
como Love sick o Hazel. Hubo tiempo para que Paco del Cerro y FernandoRubio
cantaran algún tema, y la sensación que me dejaron fue la de haber visto a una
banda grande de verdad.
El cierre del festival lo
puso un grupo local, Zimmerband, que revisa el repertorio de Dylan, adaptándolo
al castellano; muy libremente, por cierto; y de una forma divertida y también
reivindicativa, a ésas altas horas ya quedaba poco público, pero eso no les
hizo cortarse y se entregaron a fondo. Buena guinda para el pastel.
Sabía que Joserra Rodrigo
iba a hacer algo especial de su celebración del último vals de The Band, pero
todo superó mis expectativas. Fue mágico y lo recordaré siempre con una sonrisa,
sólo siento haberme perdido los pequeños escenarios por el pueblo, esos micros
abiertos donde gente tan válida como Jon Urrutia, Carlos Ashworth y Daniel Insa
dieron color al día de Frías, pero al no estar alojado en el pueblo no pudo
ser. Que sepas Joserra que me tendrás pendiente de tus pasos, sean con Crazy
Chester, con tus colaboraciones en los medios y con tu próximo libro.
Volvimos a Vitoria para disfrutar de nuestro festival favorito. Llevamos
doce años acudiendo a nuestra cita con el Rock, el Soul, el Blues, el Garaje y
el Metal en un entorno inmejorable. La única sombra en nuestras previsiones era
la meteorología, que este año ha resultado bastante molesta.
El Viernes llegamos con tiempo suficiente a la plaza de la Virgen Blanca
para beber unas cervezas y comer algún pincho, pero la lluvia apareció en el
inicio del concierto de Julián Maeso y sólo pudimos disfrutar de tres temas.
Una pena, porque tiene una excelente banda soulera. Julián Maeso pudo
resarcirse por la tarde ya en el recinto del festival, pero nosotros por
desgracia no pudimos disfrutar de su concierto, otra vez será.
Cubiertos por abrigos y chubasqueros aparecimos por Mendizabala con la
descarga Blues Rock de Jared James Nichols, pero nos decantamos por la
propuesta de The London souls; el dúo de guitarra y batería, mezclado con sus
voces, nos dejó con ganas de disfrutarlos en mejores condiciones. Buenos temas,
buena actitud y tablas para enfrentarse a las inclemencias meteorológicas y el
poco público frente al escenario, ya que la gente siguió el concierto protegida
de la lluvia por las carpas.
Daniel Romano sonó muy bien, más rockero que en su última visita a
Barcelona, pero estuvo algo distante con el público; tiene buenos temas, pero
está claro que salen reforzados en las distancias cortas.
A priori Vintage trouble tenían un papel difícil, la hora temprana, un
público frío y la lluvia enfriando el ambiente, pero los de Ty Taylor salieron
dispuestos a despertar al personal, y vaya si lo consiguieron. Puede que
abusaran un poco de la interactuación con el público, pero sus escasos 50
minutos y la frialdad del ambiente les hizo salir enchufadísimos. Tocaron temas
de sus dos discos y la gente despertó del todo con ellos, y es que la verdad es
que entrega no les falta. Impagable ver surfear a Ty Taylor sobre el público y
bajo la lluvia. En ese momento eran lo que el festival necesitaba.
Teníamos muchas ganas de ver de nuevo a Lucinda Williams, es una de
nuestras artistas de cabecera y con su calidez dejamos atrás la lluvia y volvimos
a disfrutar con su enorme cancionero. Y eso que el concierto comenzó titubeante
por parte de la banda y sobre todo por culpa de un sonido malo e insuficiente
que lastró la mitad del show. Abrió con Protection y poco a poco fue ganando en
intensidad con temas como Unsuffer me o Dust; para mí el punto de inflexión
estuvo en una impresionante Foolishness, que ya mereció por sí sola nuestro
viaje a Vitoria; a partir de aquí el concierto ya no bajó el pistón, para
acabar con una gran versión del Rockin’ in the free world de Neil Young.
Con el buen sabor de boca que nos dejó Lucinda nos dirigimos al escenario
David Bowie para disfrutar con Blackberry smoke; los de Charlie Starr
estuvieron muy bien y se ganaron a la gente con sus grandes temas; pero yo los pude
disfrutar poco, mi chubasquero no resultó tan eficiente como parecía y a estas
alturas estaba completamente empapado, así que tuve que salir a buscar el coche
para cambiarme y con todo el dolor de mi corazón rockero me perdí buena parte
del concierto. Otra vez será.
The Hellacopters eran los cabezas de cartel después de que Primal Scream se
cayeran del festival, cosa que yo particularmente agradecí; y no defraudaron a
nadie. Conmemoraban el veinte aniversario de Supershitty to the Max! y
ofrecieron un conciertazo con el repertorio y la formación de esa época. Nicke
y Dregen derrocharon ganas y buen rollo y descargaron un trallazo tras otro. El
sonido una vez más estuvo flojo, pero el público disfrutó de lo lindo con temas
como Spock in my rocket, (gotta getsome actio)now!, 1995 o Fire, fire,fire.
Tenía muchas ganas de ver a Danzig, sus cuatro primeros discos me gustan
mucho y había mucha expectación en el ambiente, pero la desilusión fue
tremenda. Glenn Danzig saltó al escenario como un toro bravo, agresivo y más
heavy que el infierno, pero falto de voz y de forma física se ahogaba después
de cada tema. La banda sonó plana y ni siquiera la guitarra de Tommy Victor
estuvo a su nivel. El público visiblemente contrariado fue abandonando su
concierto para refugiarse en el sonido luminoso New Orleans style de Luke
Winslow-King. Una pena, aunque escuchar Am I demon, Twistof Cain y Mother en
directo tuvo su punto.
Para acabar la noche la proyección de la película Gutterdämmerung sirvió
como un bonito homenaje para Lemmy, aunque después de un día tan intenso nos
dejó un poco planchados. A otra hora hubiera sido más disfrutable, aunque ver
actuando a todo un Henry Rollins tuvo su gracia. La banda que tocaba detrás de
la pantalla de proyección sonó realmente bien.
El Sábado sí que pudimos disfrutar en la plaza de la Virgen Blanca con el
buen rollo de Luke Winslow-King. Rock & Blues con una banda engrasada en la
que destacó el guitarrista italiano Roberto Luti.
Los sonidos metaleros de Raveneye nos dieron la bienvenida al recinto y los
combinamos con el sonido contundente y progresivo de The Vintage caravan; pero
el primer plato fuerte del día llegó con los imprescindibles Radio Birdman, que
estuvieron aún mejor que en su concierto de 2004 en este mismo festival. Es
increíble ver a músicos tan veteranos ofrecer una descarga de Garage punk tan
espectacular. El sonido fue muy bueno y unos rejuvenecidos Rob Younger y Deniz
Tek nos llevaron en volandas hasta el bis con Tv eye de los Stooges.
Conciertazo.
Imelda May nos sorprendió con su cambio de look, dejando atrás ese aura de
fantasía Pin-up y mostrándose más cómoda y relajada que la última vez que la
vimos. Derrochó simpatía y sensualidad en un gran concierto en el que volvió a
fallar el sonido del escenario Lemmy, sólo mejoró hacia la mitad del show.
Siempre es un placer ver en directo a la irlandesa, nunca defrauda.
El retorno de 091 es un extraño fenómeno que me tiene muy sorprendido, es
una banda imprescindible en el Rock español que pasó muy desapercibida mientras
se mantuvo activa y que tiene en José Ignacio Lapido a uno de los mejores
compositores del país. De repente tras anunciar su vuelta a los escenarios aparecen programados
en casi todos los festivales nacionales y como en el caso del Azkena en un muy
buen horario justo antes de The Who. La gran respuesta del público me hace
reconciliarme con el buen gusto y con mis congéneres. Estuvieron pletóricos y
fueron tocando un clásico tras otro con un sonido impecable, Tormentas
imaginarias, Debajo de las piedras, La noche que la Luna salió tarde, Otros
como yo, Sigue estando Dios de nuestro lado, Qué fue del sigloXX o La vida qué
mala es. Un ajuste de cuentas histórico con el gran público.
A las once de la noche y ya colocados en el escenario Lemmy, esperábamos
ansiosos el concierto de The Who. Es la gira de sus cincuenta años encima de
los escenarios y como en la de los cuarenta que pudimos disfrutar en Zaragoza
no salimos defraudados. Por fin un gran sonido, unas proyecciones de fotos de
sus inicios, unos efectivos músicos de acompañamiento, un repertorio
espectacular y sobre todo unos Daltrey y Townsend en estado de gracia, nos
dejaron apabullados ante tal exhibición de talento. El repertorio
de ensueño con I can’t explain, Substitute, Who are you, The kids are alright,
I can see for miles, My generation, Behind blue eyes, Join together, You better
you bet, 5:15, Love,reign o’er me, Amazing journey, Sparks, Pinball wizard, See
me, feel me, Baba O’riley y Won’t get fooled again. Se mostraron muy
simpáticos y cercanos con el público, sobre todo Pete Townsend, y nos
dejaron la sensación de que cuando se
jubilen ellos y los Stones no hay un relevo preparado para ocupar su lugar en
los grandes recintos. Imprescindibles.
Después del conciertazo de The Who no era fácil estar muy receptivo a lo
que venía a continuación, por un lado en el escenario Scott Weiland, Marky
Ramone se apropiaba de los clásicos de los Ramones en esta especie de banda
tributo que se ha montado. Prescindibles. Por otro lado en el escenario Bowie
los suecos Refused triunfaron por todo lo alto con su Hardcore punk, DennisLyxzén se mostró como un gran frontman y lideró a los suyos por un gran
cancionero que nos dejó con ganas de más.
Supersuckers cerraban esta edición del festival, y aunque siempre es un
placer ver tocar a Eddie Spaguetti y los suyos, la verdad es que hubiera
preferido otro tipo de repertorio. Se centraron en su etapa Country, y creo que
mezclar esos temas con parte de su repertorio Punk Rock hubiera conectado más
con la gente. No estuvieron mal, pero se quedaron un poco a medias.
En definitiva hemos pasado un gran fin de semana en Vitoria y esperamos
poder repetir, este tipo de celebraciones rockeras nos cargan las pilas de
verdad.
Ya ha pasado un año, así que nuestro festival favorito está de vuelta. Un Azkena que en esta ocasión presenta uno de los mejores carteles de su historia, con nombres como The Who, Danzig, Lucinda Williams o BlackberrySmoke, entre otros. Todo un lujo.
Obviamente, de todo lo acontecido en el festival tendréis puntual información en los próximos días.
¡¡Vitoria, vamos para allá!!
Enorme el amigo Farris.
Con su antigua banda, The Screamin' Cheetah
Wheelies, nos hizo felices con unos cuantos discos de
extraordinario nivel y un memorable concierto en el festival de
Azkena 2004. Para los que estuvimos allí, recordamos
especialmente aquel mágico momento en el que falló la corriente y
Mike levantó al público cantando él
solo a capella. Una garganta privilegiada para un fantástico
grupo de Rock americano, sureño o como queráis llamarlo.
Después de su disolución, una carrera en solitario más enfocada
hacia el Gospel o el Soul, como pudimos comprobar en
Bikini, donde actuó junto a sus Roseland
Rhythm Revue por primera vez en nuestra ciudad, tras un par de
visitas suyas en solitario, armado únicamente con su guitarra
acústica.
Sin sección de viento, cuatro músicos
y dos coristas acompañaban a Mike en un
concierto dividido en dos partes de una hora la primera y hora y
media la segunda. No está mal, ¿verdad? Con la cantidad de
actuaciones rácanas
de tiempo que nos toca vivir, siempre es reconfortante encontrarse
con noches así. Lógicamente, hubo temas de su más reciente etapa,
como The Lord will make a way somehow, Power of love o
This little light, pertenecientes a su último trabajo, el
exitoso Shine for all thepeople. También algún tema anterior, caso de Selah! Selah! Pero creo que lo que
más abundó fueron las versiones, con recuerdos a la Creedence,
BobDylan,
Bob Marley, Sly &
The Family Stone, Stevie Wonder o
Stevie Ray Vaughan, en lo que fue un
completo catálogo de clásicos: Knockin' on heaven's door
mezclado con Three little birds, Living forthe
city, Stand by me, Hold on I'm comin' oProud Mary (donde hizo subir al escenario a un par de personas
del público). Pero quizá el momento más emocionante de la noche
fue con Purple rain y su reconocimiento para Prince.
Piel de gallina, y eso que nunca he sido seguidor del músico
recientemente desaparecido. Mike también
nos habló de otras bajas como Bowie o
Lemmy, de quien contó un encuentro con
él en Los Angeles. Aunque sin duda, fue especialmente
destacable su feroz reivindicación de Malcolm
Young (al que orgullosamente lucía estampado en su camiseta),
diciendo que, pese a ser seguidor de Guns
N'Roses, consideraba que Axl Rose
no debería estar cantando en AC/DC.
Textualmente, dijo que sin Malcolm…
AC/DCis over. Está claro que lo
de Axl es la polémica del año, aunque
Mike lo dijera más por el mayor de los
Young que por Brian
Johnson.
Resumiendo, un gran concierto de un
excepcional cantante que mantiene intacta su poderosa voz,
junto a una más que competente banda en la que destacaron
especialmente las dos coristas. Dos soberbias voces negras que
acompañaron perfectamente a su líder y que también tuvieron su
cuota de protagonismo.
Y ya puestos a pedir, entre tanta
versión, habría estado bien que cayera algo de los Wheelies,
¿no? ¿Hello from Venus o Father speaks, quizá?
Ya sabéis que en bcnenconcierto somos unos enamorados de la música, nos encanta escucharla,
disfrutarla en directo, leer sobre ella, ver películas que la contengan, y
sobre todo interaccionar con otros románticos como nosotros. Por esta razón no
podíamos pasar por alto una iniciativa tan inusual como la que representa un
pequeño festival en un pueblo de Burgos llamado Frías, en la que un puñado de
románticos como nosotros ha puesto en marcha un homenaje a uno de los conciertos más
importantes de la historia del Rock.
En 1976 en el Winterland
ballroom de San Francisco tuvo lugar el concierto de despedida de TheBand,
para muchos el grupo de acompañamiento más famoso que ha tenido el maestro Dylan, y para los amantes de la música americana de raíces una entidad con cuerpo
propio que puso los cimientos para toda la música americana que vendría
después.
Se despedían después de
16 años de carrera, comenzando como grupo de acompañamiento para grandes
solistas, y tras pasar por la extraordinaria experiencia de trabajar con Dylan
encerrados en un sótano de una casa en Woodstock, salir convertidos en una
perfecta máquina de Rock n’ roll. No todo el mundo puede presumir de haber
cambiado la historia del Rock, ellos junto a Dylan sí que pueden.
En The Band se
juntaban cinco talentos únicos : Rick
Danko, Levon Helm, Garth Hudson, RichardManuel y Robbie Robertson formaban
parte de un engranaje perfecto en el que tenían cabida el Rock, el Folk, el
Soul y el Blues y grabaron algunos de los mejores discos de su tiempo; pero en
1976 las tensiones internas llevaron al grupo a la disolución.
Para su despedida
montaron una fiesta excepcional en la que estuvieron acompañados de la flor y
nata de la música de su tiempo, Paul Butterfield, Eric Clapton, Neil Diamond,
Emmylou Harris, Ronnie Hawkins, Dr. John, Joni Mitchell, Ringo Starr, Ron Wood,
Bobby Charles, Muddy Waters, The Staple singers, Van Morrison, Neil Young y Bob
Dylan, además contaron con los arreglos
del recientemente fallecido maestro Allen Toussaint. Todo ello gracias al tesón de Robbie Robertson quedó plasmado por el cineasta Martin Scorsese en una gran película llamada El
último Vals, que se estrenó en 1978 y que marcó un antes y un después para el
cine musical y las filmaciones de conciertos.
Amo los discos de The
Band y me atrae cualquier noticia o evento relacionado con ellos, de hecho
recuerdo con gran emoción un concierto en Badalona del grupo Ollabelle en el
que militaba Amy Helm, la hija de Levon, en el que tuve la oportunidad de
hablar con ella sobre su padre y la importancia que habían tenido The Band en
mi vida; ella se emocionó tanto o más que yo, me agradeció mi preocupación por el
estado de salud de su padre y mi devoción por su música.
Esta devoción por la
música ha hecho que con el tiempo y la ayuda de las redes sociales haya ido
entrando en contacto con otros románticos con los que he compartido música y
opiniones; así que cuando uno de ellos se ha embarcado en la aventura de montar
un festival para homenajear al últimovals de The Band, el gran Joserra Rodrigo;
yo sabía que iba a organizar algo muy especial, y además cuando me enteré de
que gente como los Bantastic Fand o Daniel Insa se involucraban, después de
haberles leído y escuchado mucho en el último año, me entraron unas ganas locas
de estar presente.
Las bandas participantes
son todo un lujo para un festival pequeño y fuera del circuito de las grandes
ciudades. Danny and the Champions of the World es una excelente banda británica
sobre la que ya hemos publicado una crónica con motivo de su concierto de 2012
en el Rocksound de Barcelona, una mezcla explosiva de Rock & Soul que ha
ido mejorando con el tiempo y que liderará el Vals de Frías con ayuda de bandas
como Bantastic Fand, que desde Cartagena son capaces de hacernos sentir como si
The Jayhawks y Tom Petty convivieran en un mismo ente, y que han publicado este año un discazo como Welcome to desert town. The Fakeband desde Getxo
han firmado uno de los mejores discos americanos producidos en España, el
estupendo Shining on everyone y ya tienen experiencia versionando a The Band.
The Zimmerband son un grupo burgalés que homenajea el legado musical de Bob
Dylan con cariño y entrega. Los valencianos La Gran Esperanza Blanca llevan
treinta años cantando Folk Rock en castellano y tienen experiencia de sobras. Tengo
mucha curiosidad por ver en directo a los donostiarras Frank que vienen con
disco bajo el brazo, The mud and the thirst. Los bilbaínos Still river también
presentan nuevo disco, Wood & wire y su explosiva mezcla de Rock sureño con
aromas Blues y Soul. El festival lo abrirán los cántabros Copernicus Dreams , y
los bilbaínos The Walnut Co. vienen especialmente recomendados por Joserra, o
sea que el tiro está asegurado. Durante el fin de semana también podremos
escuchar en Frías a músicos como Daniel Insa, al que visito a menudo en su “
cuartito” de Facebook, Juano Azagra, Javier Sun, CarlosAshworth, Alfredo Lee
Perk o Jon Pierrot, un tipo muy especial del que hemos podido disfrutar hace
poco en Santa Coloma de Gramenet.
Bcnenconcierto andará por
festivales este verano como Crüilla o Azkena; pero estoy seguro que lo que han
montado Joserra Rodrigo y sus colegas en Frías será algo diferente. 700
afortunados disfrutaremos en un pueblo precioso y en el patio de armas de un
castillo espectacular de una ceremonia para amantes de la buena música y de un lugar de encuentro para los románticos musicales de este loco mundo.
Ya falta poco, el primer
fin de semana de Julio. Ya os explicaremos la experiencia.
Sinceramente, nunca me han interesado
demasiado las bandas tributo. Respeto a quien pague una
entrada para uno de sus conciertos, pero no es mi caso. Además,
últimamente proliferan por todas partes, dando la sensación de que
al final habrá incluso bandas tributo de bandas tributo. Pero el
caso que nos ocupa no es lo mismo. The
Steepwater Band son un grupo con una carrera impecable y una
clase fuera de toda duda, y el colofón a su gira española era este
especial concierto que comentamos. Un homenaje a los Rolling
Stones tocando íntegro el Get yer ya-ya's out!,
aquel memorable directo de 1970 de extraño título y
horrorosa portada. Pero además, el concierto también incluiría
temas propios y más sorpresas de las que ahora hablaremos. En
definitiva, una noche de lo más apetecible y que creó grandes
expectativas, llegando prácticamente a llenar el aforo de la sala.
Los Stones
grabaron aquel disco en su etapa con Mick
Taylor a la guitarra, quizá en el momento más brillante
de la banda británica en toda su historia. No hay más que repasar
el listado de canciones incluidas: Jumpin' jack flash, Carol,
Stray cat Blues, Love in vain, Midnight rambler,
Sympathy for the devil, Live with me, Little
queenie, Honky tonk women y
Street fighting man. Menudo
repertorio. Y en este mismo orden nos lo soltaron los Steepwater,
tema a tema con todo el respeto y la clase necesarios para emprender
una aventura
como ésta. El público extasiado desde el principio, con momentos a
recordar, como cuando toda la sala coreaba los famosos uh,
uh de Sympathy
for the devil, que encima venía
después de un glorioso Midnight rambler que
dejó noqueado al respetable. Una primera mitad de concierto
insuperable,
y más para alguien como yo, que en mi podio particular los Stones
ocupan el puesto más alto junto a Led
Zeppelin.
La
segunda parte (sin descanso entre mitad y mitad) era difícil para la
banda de Jeff
Massey. Debían
mantener el listón
bien alto después de un repertorio ajeno imbatible, y sin ser lo
mismo, obviamente, no hubo ningún tipo de bajón. Abrieron con el
tema título de su último trabajo, Shakeyour faith, y nos
deleitaron con más temas marca de la casa, como Mama got
to rumble o el delicioso
I will never know, para llegar a
un explosivo
final con un Boom boom
que llenaría de orgullo a John
Lee Hooker, en una
orgía desenfrenada de guitarras a cargo de Jeff
y de Eric
Saylors, el último
fichaje del trío al que este hombre convierte en cuarteto. En el
bis,
Silver lining y un
Like a rolling stone
que volvió a poner a prueba nuestras gargantas. Pero aún había una
sorpresa más, con un segundo bis
de los auténticos, reclamado por un público insaciable. Así que
para poner un final exquisito a la noche, pasamos del maestro Dylan
al maestro Young
con Cinnamon girl. No
se me ocurre mejor manera de acabar después de dos horas y media de
un concierto para el recuerdo.
Exhibición
brutal de la banda de Chicago,
demostrando que se encuentran entre lo mejor del Rock'n'Roll
americano actual. Gracias.
Probablemente Slim
Jim Phantom sea uno de los baterías más espectaculares del
Rock'n'Roll. Y eso con el escaso kit que lleva siempre,
pero con el que sabe imprimir perfectamente esos ritmos endiablados
marca de la casa, como ha hecho siempre con los gloriosos Stray
Cats. En esta ocasión, teníamos la oportunidad de verlo en
solitario, con un contrabajista y un guitarrista dando forma a su
banda llamada Furious, en una
imprescindible noche de Rockabilly, que no se perdieron gran
cantidad de rockers luciendo orgullosos sus mejores galas y
sus espectaculares tupés.
Con una puntualidad absoluta, el trío
aparecía sobre el escenario de la sala, con la imagen de pirata de
Slim Jim contrastando con la elegancia
de sus acompañantes. Ya de entrada cayó el primer himno de los
Cats, Rumble in Brighton, y la
primera de las versiones de clásicos, C'mon everybody, en lo
que fue la tónica de la noche. Así, no podían faltar
Runaway boys o Rock this town, imprescindibles joyas de
su banda madre, combinadas con otras interpretaciones brillantes de
It's allover now, Please don't touch o That's
all right, que cerró el concierto. También estuvo bien recordar
aquella encantadora unión con Lemmy y Danny
B, aquel divertimento de versiones que tan bien sonaba,
con Matchbox a la cabeza.
Rockabilly de primera a cargo de
un personaje ya legendario. Lástima que el concierto durase apenas
setenta minutos, porque un tipo con su bagaje podría haberse
estirado un poco más. Así nos dejó la sensación de ser un
músico veterano, de vuelta de todo, que se dedica a poner el piloto
automático noche tras noche y poco más. En fin, esto es lo que hay
a veces. De todas maneras...un lujo.
¡Cómo me gusta esta banda! Me gusta
todo: la voz de su cantante y máximo compositor, Charlie
Granberg; sus duelos de guitarras que tanto recuerdan a Thin
Lizzy o Allman Brothers Band; su
contundente sección rítmica; o esos teclados de fondo, nuevamente
con su teclista original, MathiasStenson. Me gustan sus cuatro discos,
repletos de canciones irresistibles. Me gustan sus influencias y la mezcla de estilos que imprimen a su música. Y me gusta su
directo...¡arrollador! En su visita de 2013 a Rocksound
ya dejaron un gran sabor de boca, y ahora esperaba una mayor
afluencia de público, pero los presentes apenas ocupábamos media
sala. Una pena, porque estos suecos se merecen mucho más.
Si de inicio ya soltaron un The
spark that never dies a todo tren, era fácil deducir que nos
encontrábamos ante una noche grande y especial. Y lo fue. Asaltaron
Razzmatazz 3 sin importarles la escasez de público (por
cierto, poca gente pero absolutamente desbocada). Dieron un soberbio
repaso a su discografía, con temas como el muy celebrado Church
bells through the valley, el encantador Earth's gonna shake,
ese cañonazo de su reciente Understanding gravity llamado
When the music rule the world, o los imprescindibles Evil
will prevail, The lost river band o Northern country
boy. Como momento especial, el dedicar Shuffle day to day
a una chica (habitual de los conciertos de la ciudad) a la que
recordaban de su anterior visita. Por mi parte, sólo eché en falta
el adictivo Stickin' with you, y un tema con el que tengo una
fijación personal y que me parece una verdadera maravilla, como es
Poor boy. Ambos pertenecen a
su segundo trabajo, Madness
& grace, en mi
opinión su disco más redondo.
La
entrega
fue absoluta por parte de todos, con momentos a recordar como el de
ver a Peter
Henriksson yéndose
a tocar la guitarra sobre la barra, o al otro fiera de las seis
cuerdas,Mats
Olson, que se lanzó
desde el escenario a tocar correteando
por la sala. Y al terminar, se les veía a todos más que felices con
la respuesta de la gente, aunque no tuvieran una gran entrada.
Hellsingland
Underground a mí me
tienen completamente atrapado. Si no los conocéis haceos (hacedles)
un favor y escuchad
su música. Así seguro que para la próxima somos más gente.
Prometía ser uno de los conciertos del
año en Barcelona. El gran Sylvain
Sylvain, uno de los supervivientes de los míticos New
York Dolls, acompañado de una banda de lujo, con Sami
Yaffa, Stevie Klasson y Chris
Musto. Además, los tremendos Black
Halos completando un cartel explosivo. Prometía, sí, pero
acabó siendo una noche a olvidar para muchos de los que nos
acercamos a la sala Monasterio.
¿Qué falló? En primer lugar, la
elección de una sala que no tiene capacidad suficiente para
absorber al público que previsiblemente acudiría a un concierto
así. En segundo lugar, la escasa información antes del
evento, cuando saber cómo y dónde conseguir entradas se convirtió
en una ardua tarea. Ya sabemos que esta sala no es un prodigio en
cuanto a la información sobre sus actividades, pero tampoco la
promotora se esforzó demasiado, la verdad. Es más, puede ser
que yo mismo fallase y se me pasara, pero como pude comprobar, eran
muchos los que se encontraban en la misma situación. Y para
terminar, el desastre organizativo en la puerta de la sala,
con gente haciendo cola durante más de una hora para acabar
quedándose sin poder entrar, viendo como había otros con entradas
reservadas (que no pagadas) y otros colándose.
Todo ello sin ningún tipo de información por parte de los
responsables. Porque los trabajadores de la puerta (que eran los
menos culpables, desde luego), no tenían ni idea de nada, y
textualmente, llegaron a decirnos: “Si no podéis entrar, desde la
calle se escucha bien”. Sin comentarios.
Una promotora ineficaz y una
sala a la que espero no volver nunca me hicieron perder un buen rato
para acabar largándome asqueado y sin concierto (y como yo unos
cuantos más). Señores, esto no es Rock'n'Roll, esto es
ineptitud y una tomadura de pelo.
Hay tipos que sólo viéndoles ya te
das cuenta de que rezuman Rock'n'Roll por todos sus poros.
Keith Richards es el ejemplo más claro
de ello. Lemmy también lo era, sin
duda. Salvando las distancias, por supuesto, Stevie
Klasson es otro de la misma estirpe. Un músico con un bagaje
que incluye haber acompañado a Johnny Thunders
y haber formado parte de Diamond Dogs y
Hanoi Rocks merece todo mi respeto. Hace
unos años publicaba en solitario el fenomenal Don't shoot themessenger, y ahora regresa con sus Black
Weeds como banda de acompañamiento y publica disco y libro de
igual título: Rock'n'Roll tales from a crooked highway. Una
gira que no nos podíamos perder.
El inicio de concierto fue desolador,
viendo que los asistentes no llegábamos ni a una decena. El hecho de
competir contra un partido de Champions se notaba, así como
la escasísima promoción llevada a cabo por parte de todos: músico,
promotora y sala. De todas maneras, poco a poco fue apareciendo la
gente y al final aún se salvó la noche. Y valió la pena saltarse
el fútbol para ver un auténtico concierto de Rock'n'Roll,
con una colección de temas arrolladores; con recuerdo para los
Stones e incluso para Elvis
también; con versiones de clásicos Blues como son You
gotta move y Goin' down,
y con una banda dispuesta a tocar y disfrutar, frente a diez o frente
a cien personas. A recordar el final, con tres de los mejores
cartuchos
de su álbum debut, como fueron Goin mental,
White line fever y
Downbound train.
Acompañando al pequeño gran hombre, un grupo que sonaba como un
tiro, con Boba
Lee Fett, el que fuera
miembro de Hellacopters,
en la guitarra; y al bajo y la batería, dos ex Diamond
Dogs: Martin
Tronsson y Johan
Johansson.
Para
el próximo mes se anuncia gira de Sylvain
Sylvain con Stevie
en su banda que promete muchísimo.
En los oscuros tiempos
que corren para los grandes conciertos de Rock, el concierto de Chris Robinson
brotherhood ha sido como un pequeño milagro, como un oasis en el desierto de la
viciada y fraudulenta oferta de los grandes conciertos. Poder disfrutar de una
de las voces definitivas en la historia del Rock en el marco de una sala
pequeña, con buena acústica y a un precio razonable es una de esas raras
excepciones que no hay que dejar escapar. Y es que se puede criticar el giro
estilístico en su música que ha derivado en una especie de Grateful Dead
pasados de rosca en cuanto al minutaje de los temas y al desde mi punto de
vista excesivo protagonismo que tiene Adam McDougall con su sonido de teclado
omnipresente y atronador, pero lo que está claro es que es una apuesta honesta
y real, y que Chris Robinson es feliz con éstos chicos.
La banda está compuesta
por Adam McDougall a los teclados, Neal Casal a la guitarra solista y los coros,
Mark Dutton al bajo y Tony Leone a la batería, y el propio Chris se encarga de
la guitarra rítmica. El concierto estuvo dividido en dos partes con un breve
descanso, y se alargó cerca de las tres horas, el sonido fue bastante bueno,
con algún exceso de saturación en algún momento y con el volumen de los
teclados muy por encima del resto de los instrumentos y de la voz de Chris
Robinson.
El
repertorio estuvo basado en sus tres discos como Chris Robinson brotherhood, con temas como Taking care of business, Jump
the turnstiles, Someday past the sunset, Roan county banjo, Can youhear me, la
magnífica Rosalee, Ain’t it hard but fair, Beggar’s moon, Clear blue sky &
the gooddoctor, Vibration and light suite y shore power; pero tuvo tiempo para
acordarse de los Black Crowes en Roll old Jeremiah y en la funky I ain’t
hiding, y de su primer disco con los New earth mud en la espléndida Eagles on
the highway. Capítulo aparte merecen
las estupendas versiones que nos ofreció, la dylaniana A hard rain’s gonna
fall, Shake, rattle and roll de Big Joe Turner, la excesiva West L.A.fadeaway
de los Grateful dead, y para cerrar el concierto la gran Big river de Johnny
Cash.
Buen concierto de un
artista único, magnífica ocasión para presenciar una propuesta musical bastante
inusual en los tiempos que corren; pero la sensación de que Chris debería limar
asperezas con su hermano Rich y reformar a los Black crowes estuvo presente en
mi cabeza durante todo el concierto, porque con los cuervos el equilibrio entre
los temas más rockeros y directos y las partes de largos desarrollos
instrumentales estaba más conseguido, además de que las guitarras deben tener
el principal protagonismo para disfrutar más de la música de raíces
norteamericana. A pesar de todos éstos “peros”, Chris me tendrá entre el
público cuando vuelva, sea con la banda que sea.
Una promesa de las de verdad. Si os
gusta el clásico Rock facturado al sur de los Estados
Unidos, Atlas Road Crew es una banda
a la que tenéis que echarle un ojo. Músicos jovencísimos, pero con
un talento fuera de duda. Evidentemente no han inventado nada nuevo,
y lo más probable es que no salgan nunca del circuito underground,
pero sí suponen un soplo de aire fresco, y resultó una agradable
sorpresa su concierto de Rocksound. Procedentes de Charleston,
y tras un EP titulado como el mismo grupo, en 2015
publicaron su disco de debut, el recomendable Halfway to hopkins.
Una vez más, escaso público, con un
nutrido grupo de norteamericanos que fueron tomando la iniciativa al
mismo tiempo que el alcohol se hacía dueño de sus cuerpos,
divirtiéndonos con sus bailes en la recta final de la noche. Desde
luego, mostraron más entusiasmo que alguno de los miembros de
la banda, porque de la misma manera que alabamos su talento, también
debemos destacar el escaso carisma de alguno de ellos, sobre
todo del teclista Bryce James. Soso,
soso.
Si de lo que hablamos es de la música,
ahí no hay objeciones. Nos gustaron, nos hicieron bailar y nos
emocionaron con sus canciones: Wasted time, Voices, I
want you to know, Abilene o la misma Halfway to hopkins
son más que destacables. Y las versiones, espectaculares: ese
Call me thebreeze de J. J. Cale
pasado por el tamiz Skynyrd; el
explosivo L.A. Woman de los Doors,
o ese mágico Rock'n'Roll de la Velvet
Underground (allí donde esté, Lou Reed
puede sentirse bien orgulloso).
Concierto generoso en minutaje, algo
extraño en un grupo joven, del que debemos destacar a su cantante y
guitarrista Taylor Nicholson, que sin
ser un animal de escenario, sí mostró más maneras y carisma
sobre las tablas que alguno de sus compañeros, como decíamos antes.
Empezábamos diciendo que son una
promesa y quizá algún día sean una realidad. Sangre nueva para el
Rock'n'Roll.
Nadie canta la palabra
baby con más clase que el señor Greg Dulli. Apenas un año después de su
volcánico y apabullante concierto con The Afghan whigs en la sala Apolo, nos
encontramos con una nueva visión de sus temas, en un formato un tanto más
reducido y ciertamente menos contundente, pero con un dominio del escenario,
del tempo y del espacio que hacen de cualquier visita del de Cincinatti una
velada imprescindible.
Actuó como telonero el
italiano Manuel Agnelli, líder del grupo Afterhours, acompañado de un
violinista e intercalando los temas en italiano con algunas versiones en
inglés. Sobrio e intenso consiguió llamar la atención de un público escaso que
disfrutó especialmente con sus versiones del State trooper de Springsteen y el
Lilac wine de James Shelton en una interpretación cercana a la de Jeff Buckley.
La banda estaba formada
por el gran Dave Rosser a la guitarra, el bajista madrileño Jorge Sierra, el
italiano Rodrigo D’Erasmo al violín y Manuel Agnelli al piano y a la guitarra
acústica; se echó de menos a un buen batería para darle contundencia y
profundidad a los temas, pero el gran repertorio y la actitud de Greg Dulli nos hicieron disfrutar como siempre
escuchando algunos de los temas del cancionero tanto de Afghan whigs ( If i
were going,Can Rova, Summer’s Kiss, Step into the light o It kills), como de
Twillight singers (Bonnie Brae, Martin Eden, Forty dollars, Papillon o Teenagewristband), Gutter twins (The body) e incluso del gran Amber headlines firmado
en solitario por Greg Dulli (So tight). Los temas se adecuaron estupendamente
al tipo de banda que le acompañaba y combinaron perfectamente con las versiones
como la tradicional Black is the colour, un pequeño medley dedicado a los
Beatles, el Please stay (once you go away) de Marvin Gaye y esa magnífica
revisión del Modern love de David Bowie con la que cerró la actuación.
La sala Barts sonó a
gloria como siempre, pero los asientos acabaron por estorbar a un público que
quería explayarse con más libertad; aunque al final animados por Greg Dulli nos
levantamos y disfrutamos de lo lindo, en una escena que me recordó a la de su
concierto en el auditori del Fórum de hace unos años.
El público estaba
entregado desde el primer momento y era perfectamente conocedor de lo que iba a
presenciar, así que no fue difícil que contagiara a unos músicos un tanto fríos
para que fueran entrando en calor. La familiaridad fue tan manifiesta que hasta
un personaje del público se subió al escenario, eso sí, muy educadamente, para
entregar a cada uno de los sorprendidos músicos un flyer promocional de su
banda, surrealista. La verdad es que la prohibición de hacer fotos con flash
nos hizo entrar más fácilmente en la propuesta musical y evitó la molesta y
lamentable imagen tan común en los conciertos actuales de la gente que ve las
actuaciones a través de la pantalla de sus teléfonos móviles; cosa que a mí
personalmente me molesta y me distrae.
Al final del concierto
Greg Dulli salió a firmar autógrafos y a charlar relejadamente con todo el que
se lo pidió, y me anunció que su próximo trabajo discográfico será al frente de
Afghan whigs. Espero que esté a la altura del excelente Do to the beast, y
sobretodo espero volver a verle pronto, porque hay muy pocos artistas que nunca
te defrauden en directo, a pesar de reinventarse en vivo constantemente.