Primera edición, y esperamos que haya muchas más, de este festival dedicado al
Rock'n'Roll y celebrado en la costera localidad de
Calella. Con un cartel más que apetitoso y unos precios increíblemente asequibles para los tiempos que vivimos. Así que no había motivo para la duda, ahí debíamos estar.
Viernes 11. Al llegar al recinto, el recibimiento fue el terrible sonido que sufrieron los locales
Blackway, con el bajo destrozando los tímpanos, resultando imposible acercarse al escenario. Otra vez será, chicos. Y esperemos que en mejores condiciones.
El primer plato fuerte del festival venía de la mano de
Bernie Tormé, guitarrista irlandés conocido por trabajar en los
80 con gente de la talla de
Ian Gillan,
Ozzy Osbourne o
Dee Snider. Sinceramente, hacía muchísimos años que le había perdido la pista, y la ilusión era enorme por ver a este pequeño
guitar hero. Y pese a encontrarse ligeramente resfriado y que el sonido había mejorado poco, no decepcionó. Con dos músicos acompañándole, hizo un repaso a toda su
carrera y se lució con su instrumento, como era previsible. Con recuerdos a su etapa con
Gillan, como
No easy way o su versión de
Trouble. Recuerdos a su banda
Electric Gypsies, caso de
Turn out the lights. Y también recuerdos a su colega
John McCoy, con
Can't beat Rock'n'Roll. Y como colofón, todo un
Smoke on the water con la ayuda de otro cantante. Afable y simpático, nos ofreció un buen concierto y nos hizo felices a todos los que en algún momento hemos seguido sus andanzas. Por cierto, su bajista fue de los músicos más
activos a la hora de presenciar otras actuaciones, encontrándose incluso al día siguiente entre el público.

Y acto seguido,
Warrior Soul, la banda de
Kory Clarke. Banda que salió a por todas desde el inicio,
arropando la cada vez más rota voz de su líder.
Kory se mostró
desbocado y teatral. Se revolcó por el suelo; se hizo una herida en la rodilla; se peleó continuamente con el pie de micro; volvió locos a los
roadies; dio órdenes a sus músicos cuando lo creyó conveniente y, en definitiva, ofreció un concierto magnífico. Canciones como
The drug,
Junky stripper o la que significó el explosivo final,
Rotten soul, son verdaderos
cañonazos hard rockeros que no dejan indiferente a nadie. Gran concierto, sí señor.
A continuación era el turno de los barceloneses
'77 y su
Rock'n'Roll influenciado por
AC/DC. Pero a esas horas de la madrugada el cansancio ya había hecho mella y quedaban unos cuantos kilómetros por delante. Y teniendo en cuenta que una retirada a tiempo se puede considerar una victoria, la decisión fue que era el momento de irse. Al día siguiente seguía la fiesta.
Sábado 12. Si el día anterior fue bastante rockero, éste era día de un perfil claramente bluesero. La tarde empezó con
Blind Cream, de
Mataró. Sólo llegué a tiempo de ver las últimas canciones, con un gran trabajo a la guitarra del jovencísimo
Jordi. Habrá que seguirles la pista.
Con su bonachón líder al frente, Danny Bryant Band eran los siguientes en tomar el escenario. Joven guitarrista inglés, nos gustó mucho a todos con su
Blues de alta escuela, su pericia a la guitarra y la simpatía mostrada con el público. Pese a su edad, ya ha editado un buen puñado de discos, habiendo recibido
excelentes críticas allá por donde pasa. Sin ir más lejos,
Eric Clapton o
Joe Bonamassa han sido algunos de los que lo han alabado públicamente. Tras unas cuantas
perlas musicales, llegó el turno para su particular versión de
Knockin' on heaven's door, ganándose plenamente a la audiencia. Gran trabajo que sirvió para prepararnos ante lo que nos esperaba a continuación.
Llegó el turno de
Mick Ralphs Blues Band. Antes del festival era el concierto que más me apetecía, y ante lo visto, puedo decir que no me equivocaba en mis previsiones. A
Mick Ralphs, legendario guitarrista de
Mott The Hoople y
Bad Company, ya había tenido oportunidad de verlo unos años atrás cuando vino junto al gran
Ian Hunter a
Barcelona, en lo que fue un concierto memorable. Y los que estuvísteis aquella noche en
Bikini ya sabéis de lo que hablo. En esta ocasión, se presentaba junto a su espléndida banda, con la que toca clásicos de
Blues además de temas míticos de su carrera. Y así fue. Impecable inicio con
Rock me baby y
Born under a bad sign. Poco después, la primera joya de
Bad Company, nada menos que
Feel like makin' love. Otro momento mágico fue el
Baby what you want me to do de
Jimmy Reed, que sonó fantástico. O el set acústico entre el otro guitarrista y su cantante. Y claro, el bis con
Can't get enough que todos esperábamos. En resumen, un concierto mayúsculo que resultó ser el
mejor del festival para muchos, entre los que me cuento. Eso sí, horrorosa la camisa hawaiana de
Mick.
Llegó el momento de
Gerry McAvoy's Band Of Friends. Es decir,
Gerry McAvoy y
Ted McKenna, bajista y batería de
Rory Gallagher durante muchos años, junto al holandés
Marcel Scherpenzeel sustituyendo al insustituible irlandés.
Emociones encontradas. El inmenso legado de
Rory interpretado magníficamente. Con clase, técnica y simpatía también, especialmente por parte de
Gerry. Con un gran trabajo a la guitarra del holandés de apellido impronunciable. Pero es inevitable pensar que
Rory no está ahí. Y no es lo mismo. Tienen todo el derecho a tocar su música, y me parece bien, pero resulta un poco extraño. Y el escaso carisma de
Marcel no ayuda, por no citar su timbre de voz tan parecido o usar una
Stratocaster de la línea de
Rory Eso sí, maravillas como
Follow me,
Tattoo'd lady o
Shadow play siguen sonando espectacularmente bien. Y siempre podemos cerrar los ojos y pensar que sobre las tablas está quien debería estar. Pese a todo, una buena actuación que se ganó claramente al público.
No lo tenían fácil
White Cowbell Oklahoma para cerrar el festival. Ya pasaban unos minutos de las dos de la madrugada, quedábamos pocos y nos encontrábamos muy cansados. Y estuvieron bien, pero creo que les faltó algo. Ya sabemos que en sus conciertos el componente
visual es importante, pero a esas horas quizá deberían haberse dejado un poco de bromas y parrafadas para centrarse en la música. Y están muy bien los sombreros vaqueros, el fuego, la sierra mecánica y todo el
espectáculo, claro. Y muy bien los temas de siempre, como
Cheerleader o
Put the south in your mouth, pero los parones fueron matadores. De todas maneras, una buena manera de
finalizar la segunda y última jornada en
Calella.
Y hasta aquí lo que ha sido este festival. Esperamos y deseamos que tenga una
larga vida, porque festivales rockeros no abundan por aquí. Además con muy buenos precios, como decíamos antes. En la parte
negativa, sin duda el sonido, que no fue muy bueno ninguno de los dos días, especialmente el primero. Y también el escaso público. No sé si debido a una pobre promoción, pero resulta preocupante encontrar el recinto a mitad de aforo tanto el primer día como el segundo. A ver si se soluciona en la segunda edición.
Nos vemos el año que viene en el
Calella Rockfest.
Mr. Wolf
Más info en la
web del festival