Curiosa carrera la de
Michael Schenker. Tras sus inicios de muy joven en
Scorpions, junto a su hermano
Rudolf, y un paso absolutamente
glorioso por
UFO (siento la nula objetividad, pero amo a esta banda), con el inicio de los años
80 formó su propio grupo, con el que llegó a la cima, creativa y de popularidad, con el álbum
Built to destroy en
1983. En aquellos años,
Michael reinaba como uno de los dioses de la guitarra junto a nombres como
Eddie Van Halen o
Gary Moore. Después vinieron tiempos convulsos y decisiones inesperadas, como su
nefasta unión con el cantante
Robin McAuley. Nuevos discos, nuevas giras y nuevas peleas con
UFO y más trabajos en solitario, pero sin alcanzar la
brillantez de antaño, dejándonos con la sensación de que algo se había perdido por el camino. Y si hace unos años reformó el
Michael Schenker Group con los clásicos
Gary Barden y
Chris Glen, ahora se dedica a presentar su último disco
Temple of Rock girando con diversos músicos (en
Estados Unidos con
McAuley otra vez, que pesadilla). En
Europa le acompaña la sección rítmica que vivió los mejores años de
Scorpions, es decir, los míticos
Francis Buchholz y
Herman Rarebell al bajo y a la batería respectivamente. De cantante
Doogie White, un tipo al que parece ser que le va la marcha, si tenemos en cuenta que ya ha trabajado con otros guitarristas de
carácter difícil, como
Ritchie Blackmore o
Yngwie Malmsteen.
Y el directo que vimos en
Apolo...curioso. Hora y media dedicada a los inolvidables temas del
M.S.G. (
Into the arena,
Armed and ready,
Cry for the nations,
On and on o
Let sleeping dogs lie), con sólo uno del nuevo disco (
Before the Devil knows you're dead), gemas de
UFO (
Lights out,
Let it roll,
Shoot shoot,
Rock bottom y
Doctor doctor), y temas de
Scorpions (
Lovedrive,
Another piece of meat,
Rock you like a hurricane,
Blackout o
Holiday). Y digo curioso porque me resulta
extraño que aparezcan estas canciones de la banda germana, pese a la presencia de dos de sus miembros. De todas maneras, menudo
set-list. No creo que nadie en la sala se quejara. Por lo menos algunos de los sujetos que allí había, que parecían salidos de otra
época, estaban realmente felices.
Qué gran guitarrista es
Michael, y que placer resulta el ver sobre un escenario a los afables escorpiones. El que no me acabó de convencer fue
Doogie White, buen cantante pero demasiado aficionado al grito. Pero fue un buen concierto, claro que sí, únicamente empañado por los
espantosos teloneros que nos torturaron previamente con su
Heavy cutre que ya habría sonado desfasado en
1988; y encima con un terrible volumen revienta-tímpanos. Eso por no hablar de las ínfulas operísticas de su cantante. En fin, mejor recordemos a los verdaderos protagonistas de la noche, que se lo merecen.
Mr. Wolf
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web del grupo