Una de las
carreras más curiosas y extrañas que hay en el mundo de la música es la de
Peter Frampton. Guitarrista y cantante inglés, tras pasar de muy joven por varios grupos (con
Herd como más destacado), formó junto al gran
Steve Marriott (nunca será suficientemente reconocido este hombre)
Humble Pie, una de las mejores bandas aparecidas en
Inglaterra a finales de los
60. Tras colaboraciones con gente como
George Harrison o
Jerry Lee Lewis, se lanzó en solitario, y en
1976 obtuvo el bombazo con el doble en vivo
Frampton comes alive!, uno de los discos más vendidos de la historia y con el que se ganó su paso a la gloria, pese a esa fama que arrastra de ser uno de los
live albums más retocados en estudio. Y a partir de ahí...el desierto. Pese a seguir editando sus trabajos, nunca más volvió a tener un mínimo de notoriedad, y acabó perdiéndose en el olvido. Y en este
2011, con la excusa del 35 aniversario de su famoso disco, ha decidido lanzarse a la carretera, llegando incluso a nuestro país, donde los fans más
veteranos han conseguido saldar una deuda pendiente, como es ver un concierto de
Peter Frampton.
En un lugar que no me acaba de convencer, el
Sant Jordi Club, y sentados en sillas puestas para la ocasión, nos dispusimos a vivir una larga noche cercana a las tres horas, en lo que suponía la
recreación de su famoso álbum en la primera parte y otros temas en la segunda.
Frampton ya no es aquel joven apuesto de largas melenas que nos miraba desde la portada del
Comes alive!. Ahora es un señor de
61 años y con escaso pelo canoso, pero que se mantiene bien de voz y toca igual de bien la guitarra. Además, y como punto a favor, hay que decir que se mostró simpático y sonriente en todo momento. El disco sonó
entero, aunque no en el mismo orden. Inicio con
Something's happening y
Doobie wah. Tras
Lines on my face, el famoso
Show me the way como primer punto álgido,
It's a plain shame,
Wind of change,
Penny for your thoughts,
All I want to be (is by your side),
Baby I love your way,
I wanna go to the sun,
(I'll give you) money,
Shine on, su particular versión de
Jumpin' Jack flash y final con el mítico y aclamado
Do you feel like we do, con
talk box incluído, claro. Todos felices, viviendo en directo un disco que hemos escuchado
cientos de veces. Con una pantalla ofreciendo continuas imágenes de sus años dorados y frente a un público en algunos casos desatado. Hubo tiempo para los duelos de guitarra con
Adam Lester, y buen trabajo en general de toda la banda, con el bajista Stanley Sheldon, que ya formara parte del disco en su día. Hubo también un
recuerdo para los otros dos miembros que lo grabaron,
Bob Mayo y
John Siomos, fallecidos ambos unos años atrás.
La segunda parte del concierto fue otra cosa. Tras dos temas correctos, como son
Asleep at the wheel y
Restraint, trío de instrumentales (
Float,
Boot it up y
Double nickels). Buenos temas, pero no demasiado indicados para el directo, convirtiéndose en un momento de
bajón considerable. Levantó el vuelo con el fantástico
Four day creep, de
Humble Pie, para bajar otra vez con una
innecesaria versión instrumental del
Black hole sun de
Soundgarden. Ya en el bis, tiró de
Beatles para dejarnos un buen sabor de boca y salir con los acordes de
While my guitar gently weeps resonando en nuestros oídos.
Aquí no diremos que debería dedicarse a tocar el
mítico disco y nada más. Tiene todo el derecho a tocar otras cosas. Pero sí que ganaría con un concierto mejor estructurado y sin tanto instrumental. Pese a ello, esta visita de
Peter Frampton ha resultado ser una alegría para muchos, entre los que me incluyo. Y es que, por momentos, podíamos cerrar los ojos y pensar que estábamos en una noche de
1975 en el
Winterland de
San Francisco,
por ejemplo.
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