En estos últimos años estamos viendo en concierto a grandes músicos que vivieron sus mejores días en los 70. Músicos que sin llegar a un nivel de máxima popularidad sí que se hicieron con un nombre y un prestigio destacables. Así, últimamente hemos podido ver por aquí a gente como Pat Travers, Robin Trower o quien hoy nos ocupa: el pequeño guitar-heroRick Derringer. Ya tuvimos oportunidad de verlo en el Festival de Blues de Cerdanyola 2003 con su banda acompañante, y esta vez se nos presentó con la formación original y clásica de Derringer. Ellos son el guitarrista Danny Johnson, el reputado bajista Kenny Aaronson y el batería Vinny Appice. Como era de esperar, el repertorio se centró en su época dorada y así, desde la inicial Let me in hasta el fin de fiesta con Hang on sloopy tuvimos justo lo que deseábamos, es decir, temas como Still alive and well, Beyond the universe y, por supuesto Rock and Roll hoochie koo. Llevaban 32 años sin tocar juntos, pero no lo pareció en ningún momento, habiendo buen rollo y simpatía sobre las tablas, destacando Kenny con la misma imagen de tipo enrollado que ha tenido siempre. Y como dijo Rick, todos contentos al seguir manteniendo el pelo sobre la cabeza después de tanto tiempo. Buen concierto, lástima del solo de batería. Eres muy grande Vinny, pero estas exhibiciones de técnica instrumental me parecen tremendamente aburridas.
Se contrata un grupo con cara y ojos, negociando precios y tiempo en el escenario.
Se invita a grupillos desconocidos hoy y mañana, inflando su relevancia en los medios con declaraciones como "todos tienen coincidencias con Radiohead, recomendados por Thom, etc". Supongo que se les paga una miseria.
Se contrata un espacio gigante convertido en un parque temático "sacapasta" (merchandising, bebidas a 4 euros, etc).
Se sigue sacando pasta de unas firmas comerciales que empapelan el festival (carteles, pins, globos aerostáticos, stands, etc) a cambio de figurar.
Es estira un poco más la máquina tragaperras: si quieres sentarte a ver esos grupillos en el Auditori encima has de pagar un recargo allí mismo de 2 míseros euros.
Se cobra por todo ello unas entradas a precio desorbitado a la medida del típico Fiber (moderno-pijo con pasta que lo mismo le da Radiohead que David Bisbal: lo que importa es la fiesta, el lucir, el folleteo y la kurda).
Resultado: la cagada del Daydream Festival.
Nos jodemos los que nos gusta realmente Radiohead y que hubiéramos pagado gustosos 45-50 euros sin grupitos, sin parque temático, sin firmas comerciales, sin suplementos, sin Fibers, etc.
Pero mucho me temo que ésto es la consecuencia directa de la piratería en internet. La consigna ahora es "ya que no podemos sacar pasta de los discos, exprimamos el tema conciertos". Así que hay que joderse, digo.
Y ahora, el concierto:
Me gustó la puntualidad, Me gustó el diseño del escenario con esos fluorescentes multifunción cayendo del techo. Me gustó la iluminación con contínuos cambios de tono. Me gustaron las pantallas, centradas en ellos y no en dibujitos e imágenes. Y me gustó la nitidez del sonido. Y las tablas de Thom Yorke, con esos bailes espasmódicos únicos. Y su pinta de desgarbado con su misterioso ojo (ha convertido una discapacidad en la imagen del grupo. Parece decir "Radiohead es diferente"). Me gustó la banda, comedida pero concentrada, cristalina y dura. Me gustó el repertorio, ni muy raro ni muy complaciente, con cosas del excelente nuevo disco, con grandes éxitos del OK Computer y con algún single de los otros, pero también con espacio para la experimentación marca de la casa. Me gustó la duración, dos horitas muy bien llevadas. Y me gustó especialmente la puesta en escena de Banger and Mash con esas dos baterías a tope y la de You and Whose Army? con ese magnífico efecto de la webcam centrada en su cara (ver video)
No me gustó que el escenario estuviese un poco bajo, ni la insuficiente potencia del sonido para un espacio abierto, ni que se dejaran algún gran éxito (Karma Police o Creep, pero ya sabemos que este último no lo tocan nunca), pero sobretodo, sobretodo...no les paso que se presten a estos engaños del falso festival. Y no me vale el rollo de que el grupo no tiene culpa. En este caso hablamos de Radiohead, osea, la banda que puede hacer y deshacer lo que quiera que para eso son los más influyentes músicos del planeta ahora mismo.
Mataron a los discos y matarán los conciertos si sigue así la cosa.
New York Dolls, sin duda una de las mejores bandas de la historia. ¿Que ya no se encuentra entre nosotros el insustituible Johnny Thunders? Cierto. ¿Tampoco están ya Arthur Kane ni Jerry Nolan? Cierto también. Pero se mantienen, y de que manera, David Johansen (cada día más parecido físicamente a Mick Jagger) y el simpático Sylvain Sylvain, y además tienen al hombre más apropiado para tocar el bajo en este grupo, como es Sami Yaffa. Tener a estos músicos en un lugar como Apolo es un lujo que no nos podemos perder. Mientras los insufribles teloneros se dedican a masacrar el sagrado repertorio de los Stooges vemos como la sala se va llenando. Parece ser que por fin tendremos una buena entrada en un concierto, ya era hora. Pasan unos minutos de las 22.00 horas, suena música operística, se apagan las luces y ahí tenemos frente a nosotros a las muñecas neoyorkinas. Steve Conte da el clásico silbido y arrancan con Babylon, seguida de Puss n' Boots y la coreada We're all in love, primer tema que tocan de su último trabajo. Nos dejan su típica versión de Piece of my heart. Van combinando los temas históricos con otros más nuevos, y así caen Plenty of music, Lookingfor a kiss, Dance like a monkey, Human being y el recuerdo a Thunders de You can't put yourarms around a memory junto a Lonely planet boy. Regalan rosas al público. Suena un atronador Trash y enlazan con Jet boy. Apoteósico. Huele a final de show y así es. Ha pasado una hora y veinte. ¿Ya? No nos hemos dado cuenta. Sylvain nos hace corear el nombre de la banda y vuelven en el bis con Personality crisis. Las primeras filas enloquecen. Demasiado. Que se lo digan al roadie que acaba entre el público en un conato de pelea. Los ánimos se calman y tocan Gotta get away from Tommy. Es el final, ahora sí. Se encienden las luces. Se acabó. Hemos visto a una de las mejores bandas de la historia.
Muchas veces se habla sobre la edad de algunos músicos de manera incluso despectiva, diciéndose que deberían retirarse y dejar paso a gente más joven. Eso me parece una auténtica estupidez. Y es que deberíamos sentirnos agradecidos de que muchos de estos "viejos" sigan al pie del cañón, alegrándonos con sus discos y conciertos. Obviamente hay algunos que no han grabado nada digno en años, incluso hay quien se ha convertido en un personaje patético, pero meter a todos en el mismo saco lo considero un grave error. Al Kooper, el músico, el productor, el hombre que ha colaborado en decenas de grabaciones míticas pasó por Bikini y dió una auténtica lección a esos listillos que lo consideran un abuelete desfasado. Y es que se puede decir que nos arrasó con esa exhibición que impartió en algo más de hora y media, acompañado de una brillante banda. Con guiños a Bob Dylan y Jimi Hendrix, versiones de Ray Charles y RollingStones, una emotiva dedicatoria a los desaparecidos miembros de The Band y clase, mucha clase. Inolvidable el final de concierto, cantando mientras se paseaba por la sala y bailando con una afortunada asistente. Su buen humor y simpatía sobre el escenario siguieron luego en la sala contigua, donde firmó discos y entradas a todos los que se lo pedimos. Gracias Al, esperamos que vuelvas por aquí.
No voy a engañar a nadie. La verdad es que desconocía a esta banda hasta hace muy poco, pero pensé que si Lemmy los avala por algo debe ser. Así que ahora, tras varias visitas a YouTube, entre otras webs, y la compra de sus discos el problema ha sido subsanado. Apenas había una treintena de personas para ver el concierto, siendo chocante la frialdad de la entrañable Mephisto para los que hemos vivido noches de calor insoportableen este mismo lugar. Muchos podemos recordar a Gluecifer o Michael Monroepor poner dos ejemplos de concierto-sauna, aunque esta vez no fue el caso, lógicamente. Pese a estar en familia, el grupo de Nina C. Alice no se limitó a cumplir tocando un rato, sino que estuvo sobre las tablas durante más de hora y media, lo cual es de agradecer en esta época de conciertos de sesenta minutos. Sonaron impecablemente temas como The Goddess, Life's a bitch o la explícita Fuck you, haciendo olvidar al personal el frío ambiente de la sala. A la salida, los rostros sonrientes demostraban que la noche había valido la pena. Y es que si Lemmy los avala por algo debe ser.
Debo reconocer que siento una especial simpatía por estos canadienses. En primer lugar por ser unos auténticos supervivientes, con rupturas, abandonos de sus miembros en el peor momento y la indiferencia generalizada por parte de prensa y público. Pero Billy Hopeless y su eterno compañero Rob Zgaljic ahí siguen, sin tirar la toalla. En segundo lugar está su música, claro. Y es que adoro esas canciones de riffs potentes pero al mismo tiempo cargadas de melodía y estribillos contagiosos con que nos han obsequiado en cuatro discos hasta el día de hoy. Se presentaron en Apolo 2 con una formación renovada, y nos ofrecieron el que posiblemente ha sido su mejor concierto en Barcelona, donde pudimos ver a un grupo sólido en el que destacó de manera rotunda su frontman. Y es que lo de Billy Hopelessfue algo espectacular. Flirteó constantemente con la camarera del local, a la que improvisó un (You're the) Devil in disguise a capella, ofreció whisky a las primeras filas, cantó entre el público abrazado a la encantadora Rachel Arieff (del Anti-Karaoke), bailó con ella, se subió a la barra, se disfrazó de esqueleto imitando a Glenn Danzig y acabó casi desnudo y empapado en sudor. Brutal. Además nos regalaron un segundo bis que nadie esperaba ya con las luces encendidas....¡y un tercero! según dijeron por sugerencia de su querida camarera (graciasPaula). Gran concierto, cuyo único punto negativo fue ver la sala medio vacía . Y mi pregunta es: ¿Dónde estaba el público rockero esa noche?
La banda de los hermanos Lee volvió a nuestra ciudad, en esta ocasión a una sala de mayor aforo bastante llena de un público entregado de antemano. Y la verdad es que no fallaron a nadie. Nos ofrecieron una buena noche de música, diversión y simpatía, con temas como It takes balls, One for the money o Roll in smokin' que volvieron literalmente locos a los habituales de las primeras filas. Aunque para locura la que se desató con la primera canción del bis: nada menos que Panama de los grandiosos Van Halen. Es evidente que no son unos Zeppelin o Stones, pero sí una banda de lo más convincente y auténtica, y dentro de la imagen campechana de todos, destaca su pintoresco bajista Leif Robinson Swift, quien, salvando las distancias, recuerda al mítico Steve Dawson de Saxon. También es digno de resaltar el hecho de que actuaran como teloneros Men, cumplidora banda mallorquina, pero habría sido de agradecer que se hubiera notificado en la entrada o en la web de Apolo. Y es que no cuesta nada informar un poco al sufrido aficionado a la música en vivo de esta ciudad, ¿verdad?
Al escribir esta crónica tengo una sensación agridulce, por un lado es una gran noticia el poder disfrutar en 2008 de unos temas que creías que no escucharías nunca en vivo, pero por otro lado es inevitable el pensar qué habría sido de esta banda si hubieran tenido un poco de suerte en su momento. Hace veinte años lo tenían todo para triunfar, una buena compañía discográfica, imagen, y sobre todo grandes canciones; pero tras publicar dos álbumes fantásticos todo se vino abajo. Dos décadas después tenemos a tres miembros originales y dos competentes músicos de acompañamiento en una gira hispana que viene motivada por el capricho que hace unos años tuvieron los promotores del desaparecido festival Serie Z; los componentes de la banda se volvieron a juntar y disfrutaron tanto que decidieron volver a reunirse para disfrutar de la música sin presiones de tanto en tanto. Antes del concierto coincidimos con parte de la banda en un bar cercano y todo era buen rollo con los fans, fotos y charla distendida junto a unas cervezas, después en escena nos encontramos con una banda que disfruta en las distancias cortas con la interpretación de unos temas que suenan a clásicos, quizás el exceso de ganas con el que salieron a escena hizo que el concierto tuviera altibajos, no por el repertorio ni por la entrega, si no porque los dos líderes del grupo no están en su mejor momento físico; por un lado Chris Gates a la guitarra está gordísimo, lo que limita bastante sus movimientos, y por otro el vocalista David Roach estaba bastante pasado de vueltas y pese a su entrega y simpatía lo pasó mal para llegar en condiciones al final del concierto. Desgranaron casi en su totalidad sus dos discos y además versionaron a Rose tattoo y AC/DC en una hora y veinte minutos. La sala estaba prácticamente llena de fanáticos del grupo, y el sonido, como es habitual en esta sala fue bastante penoso. Para el recuerdo temas como Blooze, Lifesentence, Misery, Hot rod, Hollywood, Simple man o Hands off. Aunque sólo sea para recordar buenos tiempos esperemos verlos de nuevo por la ciudad.
Mr Sheep
He de empezar esta crítica declarando mi amor eterno a este grupo por ese clásico olvidado que es su álbum homónimo de debut, y aunque fue grande escuchar sus grandes temas en vivo, también fue triste contemplar lo abandonado físicamente que está Chris Gates y el borracherón o colocón que llevaba el simpático David Roach. Concierto en la sala KGB es sinónimo de grandes problemas para aparcar, mal sonido, copas caras y mala ventilación; pero aún así la sala tiene cierto encanto. Los que no lo tienen para nada son esos clónicos de AC/DC llamados 77 que hicieron de teloneros y que tuvieron su momento de gloria interpretando junto a Junkyard el Whole lotta Rosie. La imagen triste de la noche fue contemplar a un solitario David Roach tirado en la calle al acabar el concierto y liándose un porro a duras penas, mientras cerca de él algunos asistentes al bolo lo miraban con una mezcla de admiración y de lástima. De todas formas si vuelven a venir allí estaré, aunque sólo sea para escuchar una vez más Shot in the dark o Longway home.
El pasado Lunes una leyenda visitó Barcelona para deleite de los aficionados al southern rock; uno de los pilares sobre los que los Allman brothers band sentaron las bases del rock sureño, el gran Dickey Betts. Los que esperaban un concierto correcto a cargo de un hombre de edad avanzada pronto se dieron cuenta de que a pesar de su aspecto, su talento y energia permanecen intactos. Durante tres horasDickey Betts desgranó parte del repertorio de los Allman brothers y de su trayectoria al frente de Great southern, al frente de una banda formada por tres guitarras, dos baterías, bajo y teclados. La banda técnicamente perfecta, en la que quizás la presencia un poco temerosa de su hijo Duane restaba presencia escénica. Por supuesto Dickey Betts dirige con autoridad a la banda y no permite despistes, y su fuerte carácter se dejó notar en las miradas, gestos y broncas dirigidas a toda la banda en general y a un atribulado roadie en particular. Hubo dos invitados sorpresa en el escenario: Raimundo Amador y Javier Vargas que disfrutaron de lo lindo acompañando a la banda. Algunos de los mejores temas de la noche fueron In memory of Elizabeth Reed (en una versión de treinta minutos), ramblin' man, Jessica o Southbound. En fin una noche histórica para la música en la ciudad condal.
Mr. Sheep
Otro concierto de vieja gloria venida a menos con ganas de ahorrar para la vejez, y bueno no seré yo el que niegue que este hombre tiene un glorioso pasado, pero es difícil que en su presente grabe canciones a la altura de sus himnos del pasado. La verdad es que me lo esperaba en peores condiciones, y aunque muy avejentado el hombre está en buena forma y sus manos son mágicas, pero es que el concepto global de show de tres horas, algún tema de media hora de duración, alternancia en los solos de las tres guitarras solistas, y cómo no, dos mega coñazos solos de batería es demasiado para el año 2008. La elección de los invitados hispanos fue un poco rara, con un Raimundo Amador totalmente fuera de lugar y un Javier Vargas que ha vivido días mejores, por lo menos a ellos se les vió disfrutar. No os creáis demasiado esta crítica, ya que a pesar de todo lo expuesto disfruté como un enano del concierto.
Unos años atrás nuestro hombre nos sorprendió agradablemente con su segundo disco Ride Free. Disco en el que conjugaba influencias como los Stoneso los Byrds sin perder su propia personalidad. Posteriormente giró por nuestro país dejándonos un buen sabor de boca, y ahora, casi un lustro más tarde ha vuelto para presentarnos su nuevo trabajo, llamado Seasons. Fue una lástima ver la sala pequeña de Apolo con tan escaso público (en claro contraste con la grande, en la que EinstürzendeNeubaten debieron tener un llenazo absoluto viendo como estaba de colapsada la entrada), pero eso no impidió que Jonny Kaplan y su banda nos ofrecieran una buena noche de Rock'n'Roll sin más pretensiones. Lógicamente tocaron mucho material del disco que venían a presentar, aunque las canciones mejor recibidas fueron las del anterior, como la preciosa Stick around, Greasy spoon o Will not follow, además de versionear el clásico Everybody knows this is nowhere de Neil Young. En definitiva, un hombre a seguir, aunque venga acompañado de un grupo algo insulso y falto de carisma. Pero competente, eso sí.
Extraño mundo el de los conciertos esponsorizados, sobre todo si el concierto es tan íntimo y personal como el de The Gutter Twins. Porque está claro que la oferta musical de estos dos outsiders del rock no es apta para todos los paladares; su personalísima mezcla de Rock, Soul y Pop con elementos épicos puede resultar cargante y pretenciosa para aquellos que no se detienen a escuchar todos los matices que desprende su música. Greg Dulli es el hombre con el alma negra, el motor del grupo y un gran entertainer, por el contrario Mark Lanegan es un culo inquieto musicalmente, pero una estatua en vivo y su comunicación con el público es nula; pero juntos son pura magia. El disco publicado por ambos, Saturnalia, genera división de opiniones debido creo yo a las grandes expectativas puestas en él, pero si se le dan varias escuchas no cabe duda de que es un gran disco. El concierto se dividió en dos partes, en la primera repasaron a fondo el disco y además tocaron temas que ya habían grabado en el pasado, ya que han colaborado juntos muchas veces a lo largo de los años; en la segunda parte fueron alternando temas de sus carreras en solitario y consiguieron erizarnos la piel con la mágica conjunción de sus voces. Buen sonido, la banda sobria y discreta y para el recuerdo temas como Live with me, Idle hands, God's children o Metanphetamine blues. De momento el mejor concierto del año.
Uffffff¡¡¡ Tres horas y media de concierto. Y todo, absolutamente todoThe Cure. Perdí la cuenta de los temas (¿35?, ¿45?). No soy fan a muerte de esta banda, pero les profeso un profundo respeto y simpatía. Son de esas bandas que te han acompañado toda tu vida: cuando estabas en el colegio sonaban, cuando iba al Insti sonaban, cuando salías con la primera chica sonaban, cuando te casaste y cuando tuviste a los peques..., siempre tarareando alguna canción suya. Sólo les presté un poco de más atención con el Desintegration. Pues bueno, aquí estuvo todo. Al llegar: el pabellón a reventar, una organización más que competente (por una vez no nos trataron como ganado), unos precios razonables, un escenario sobrio, una iluminación eficiente... El público; 35-45 años, dominando el negro pero sin demasiadas estridencias (algún maquillaje por aquí..., unos pelos crespados por allá). ¿Y ellos?, pues impecables. Tremendo Robert Smith de voz. Nítida, preciosista, enérgica la banda. Incluso sin los teclados. Repertorio bien batido: a ratos atmosféricos, a ratos bailables, a ratos duros. En fin, personales como su música. Puntos álgidos: A forest a mitad y Killing an Arab de fiesta final. ¿Y lo nuevo? Suena bien: suena a The Cure, que es mucho.
Mr. Sheep
Vamos a ver, Robert: ¿qué pasó con los teclados? The Cure ha tonteado siempre con las máquinas. No entiendo por qué en una gira de grandes éxitos se dejan fuera. The Walk necesita teclados, Lullaby necesita teclados.
Otra queja: esas pantallitas, chatos, que ofrezcan imágenes vuestras de vez en cuando. Tener en cuenta que los que estábamos al fondo del mega Sant Jordi, os suponíamos tan sólo.
Y por último: vosotros no trabajais, ¿no? . Porque eso de poner un concierto un lunes (¡¡un lunes!!!) y que acabe a la 1.30 va fatal para los que lo hacemos. He arrastrado el concierto toda la semana. Cabrones¡¡¡¡
Gran concierto en Badalona, el retorno a la ciudad del australiano Nick Cave se saldó como una gran lección de rock y de saber estar sobre el escenario; un gran mito del rock & roll que todavía tiene la suficiente confianza en su música como para evitar el complaciente concierto de grandes éxitos y ofrecer unas ruidosas e hirientes versiones de los temas de su último disco. Cuando un músico dispone de un repertorio tan amplio e influyente como el de Nick Cave, resulta sorprendente que las interpretaciones más destacadas de un concierto correspondan a sus temas nuevos, pero es que temazos como Dig, Lazarus, dig!!!, today's lesson, night of the lotus eaters o lie down here (& be my girl) ya suenan a clásicos; también sonaron algunos de los temas que han forjado la leyenda de Nick Cave como Deanna, into my arms o stagger lee. La sobria presencia escénica de la banda contrastó con un Nick Cave lleno de energia y sobrado de chulería, al que ese anacrónico bigote le da una imagen de bandido del lejano oeste muy apropiada. Esperemos que no tarde tantos años en volver.
Mr. Sheep
No seré yo el que me queje de la entrega y de la oferta musical que nos brindó el señor Cave la otra noche, aunque bien es cierto que la mayoría de los allí presentes esperábamos otro repertorio, teniendo en cuenta los largos años transcurridos desde su última visita y la cantidad de temas clásicos compuestos en este tiempo. De lo que si quisiera quejarme es del trato que se ofrece a los amantes del rock en este pais, y es que me parece muy bien que si se agotan las entradas para un concierto se traslade éste a un recinto más grande para que pueda asistir más gente, pero teniendo en cuenta que lo que se le paga al artista es un fijo, a éste tanto le da tocar en Razzmatazz que en el pavelló olímpic de Badalona, lo que es un robo y una vergüenza es pasar del precio inicial de 34 euros al de 50 o más euros al que se pasó cuando se cambió de recinto; en fin una pena la avaricia del promotor que evitó un lleno absoluto en el recinto badalonés. Se juega demasiado en este pais con la ilusión del aficionado a la música, que ve como una rutina que se le estafe en los precios, con los aforos y sobre todo con los horarios de los conciertos. De verdad que me gustó el concierto. Mr. Wolf
Es cierto que haremos anuncios de conciertos que vienen y tal, pero SOBRETODO vais a encontrar críticas a los conciertos que han pasado recientemente por Barcelona. Eso puede servir para los que van a ver a ese grupo pròximamente sepan cómo va a estar. O simplemente para que veias la opinión de Mr.Wolf (un poco duro siempre) y de Mr.Sheep(demasiado condescendiente) respecto de ese concierto.
Intentaremos incluir además información adicional: datos objetivos (sala, nº espectadores, precio, etc) y enlaces para saber más del artista.