Triple sesión de Punk & Roll y High energy en una tarde
de Miércoles perfecta para disfrutar de conciertos de gran intensidad y
entrega. Por desgracia no llegué a tiempo para disfrutar del dúo australiano
Good Sniff, que acompaña a sus paisanos Cosmic Psychos en toda su gira. Bajo y
batería como inusual formato para defender unas canciones resultonas. A la
gente les gustaron, y a mí me dejaron con ganas de tener otra oportunidad en el
futuro para poder disfrutarlos.
Al atractivo doble cartel australiano, en Barcelona tuvimos
la suerte de que le añadieran a nuestros queridos Deadyard. Y una vez más,
demostraron que no tienen rival encima de un escenario. En cuarenta y cinco
minutos nos dejaron temblando.
Fotos de Deadyard cortesía de Mario Olmos
Salieron a matar desde el minuto uno. Pablito Migraña se
desgañitó y dominó el escenario como nadie, Carlos Santolobo dominó las
canciones con naturalidad, y llevó el tempo del bolo desde su privilegiada
guitarra. Xavi Morell tuvo mayor protagonismo que en anteriores ocasiones con
su guitarra azul. Rau exprimió su bajo a tope, entregándose en cada nota, y
Marc Morell volvió a ser el motor de la banda detrás de su batería. Arrancaron
con The Escapist Song, y tocaron Stench Of The City, You Gave MeSun, Coffin
Ride, Old & Angry, la coreadísima Armaggedon It, Four Seconds, Migraine
Boy, la rítmica y bailonga Monkey Monggah Blues, y la locura final con su
clásica versión del Sabotage de los BeastieBoys, y su himno The Boys Are Out.
Deadyard son la mejor y más querida banda de Punk n’ Roll de la escena catalana
y lo demuestran en cada bolo. Los chicos de Good Sniff y el guitarrista de los
CosmicPsychos, John McKeering, no se perdieron el concierto desde el lateral
del escenario, y disfrutaron tanto como el resto del público.
Cosmic Psychos saltaron al escenario con un dominio de las
tablas brutal, y volvieron loco al personal con un derroche sonoro
espectacular. Fuzz y distorsión a tope para noquear al público, que disfrutó
mucho y se entregó a los pogos durante todo el bolo. Ross Knight al bajo y voz
principal, JohnMcKeering a la guitarra y el batería de los Dune Rats, BC Michael
Marks, que parece el nieto de los cazurros de Melbourne se mostraron muy
compenetrados. Nos hicieron felices con su entrega, su puesta en escena
cutrísima, impagable el look de McKeering; y con sus letras irónicas y llenas
de giros hilarantes. La cara de tarado que pone McKeering y sus movimientos de
barriga son sello inconfundible de su puesta en escena. Y es que claro, con un
nuevo disco y gira llamados I Really Like Beer, no hay espacio para sutilezas.
Fotos de Cosmic Psychos cortesía de Mario Olmos
Repertorio calcado al de Madrid con himnos cerveceros como
Pub, Nice Day To Go To The Pub, I LikeBeer, y joyitas como Feeling Average,
Rip N’ Dig, I’m Up, You’re Out, Dead In A Ditch, 10 Can Trip, Thank You Mother
For The Rabbits, Tootbrush, Mean, Dead Roo, Better, Not Bitter, Don’t Feed MeJelly, Go To The Hack, Fuckwit City. Para el final las cachondas She Is A Lost Cause y
David Lee Roth.
Los australianos nos dejaron cansados y sudorosos, y
volvieron a demostrar que su mezcla explosiva y básica entre la contundencia de
Motörhead y el Punk irreverente, es perfecta.
La noche acabó con Ross y John enseñando el culo y
abandonando el escenario con una chulería y desparpajo únicas.
Después de estar degustando su excelente último disco,
Pregúntale a Sarah Connor, casi en bucle el último mes, por fin volvía a tener
la ocasión de ver en directo a Nat Simons. Por diferentes e involuntarias
razones no pude disfrutar de su directo en el Azkena, y tampoco pude disfrutar
de su visita a la sala Upload del pasado año, así que no la veía desde su
íntimo y maravilloso concierto en la sala Yesterday de Santa Coloma de Gramenet
en 2023. Aquel día disfruté mucho con las canciones de la cantante madrileña, e
incluso tuvo la amabilidad de concederme una pequeña entrevista para un podcast
local en el que colaboraba.
Su actividad discográfica ha sido muy intensa en los últimos
años, pero después de dos discos en directo, muy buenos, por cierto, en los dos
últimos años, tenía muchas ganas de disfrutar de temas nuevos. Su último disco
es muy variado, lleno de canciones pegadizas y emocionales que suenan más
roqueras que nunca, e incluye algunos temas que se me antoja que serán unos
clásicos en su repertorio a partir de ahora.
A priori, un domingo al mediodía no parece el mejor horario
para disfrutar de un directo rockero como el de Nat y su banda, pero la verdad
es que su concierto en la estupenda sala La Nau de Barcelona fue una gozada. Y
como ella misma nos dijo sobre el escenario, al salir parecía que hubiéramos
disfrutado de un concierto nocturno, al celebrarse en el interior de una sala
oscura. También comentó lo idóneo de este tipo de horarios de vez en cuando
para poder atraer a público joven e incluso niños a los conciertos, y puede que
tenga razón, pero yo no dejo de pensar en que la paupérrima escena de salas de
directo en la ciudad condal tuvo la culpa de no encontrar acomodo nocturno
para su propuesta.
Apareció en el escenario acompañada de Laura Solla a la
guitarra solista, Mariana Pérez a la batería y coros, Jaime Hortelano a la
guitarra y teclados, sublime cuando cogía la Rickenbacker, y Pablo Rodas al
bajo. Nat alternó la acústica con la eléctrica, y demostró que tiene una de las
voces más personales del país.
Estaba claro que era el concierto de presentación del nuevo
disco, de hecho tocaron todas las canciones que lo componen, demostrando que
todas tienen la suficiente fuerza como para ser incluidas en su directo.
Arrancaron con la nostalgia irresistible de Delorean,
emularon a los stones con la estupenda AlainDelon. Nos pusieron las pilas con
el buen rollo de Quién lo impide, y nos hicieron menear la cabeza con el Pop
preciosista de Haces que mi mundo sea mejor. Jaime Hortelano le sacó un sonido
precioso a su Rickenbacker en este tema. Nieve en el desierto bajó las
revoluciones y nos llevó a su clásico Extrañareligión. Me encanta el sonido y
la atmósfera de esta canción. Nos dijo que estaba en una etapa en la que le
parece que Efímero es su canción preferida del disco; el sonido country y el
triste magnetismo que desprende el tema puede que le haga tener razón. Tan
extraño para mí es una canción perfecta, con un estribillo precioso y unos
grandes coros. Menudo regalo le ha hecho José Ignacio Lapido con esta canción.
Los ojos del peligro aceleraron la marcha con los golpes certeros de Mariana
Pérez a la batería. Me encanta su manera de tocar la batería, aportar buenos
coros y hacerlo con una sonrisa contagiosa en la cara. Tuve la misma sensación
cuando la vi hace poco acompañando a Maika Makovski. Una de las pocas
concesiones a su pasado discográfico fue Ley animal, y sonó perfecta. Llamas de
dragón es mi canción favorita del nuevo disco, el riff es hipnótico y el
trabajo de Laura Solla a la guitarra es brutal. Bueno, Laura estuvo pletórica
en todo el concierto. Cada vez que la veo en directo me gusta más. Con la banda
rockeando de lo lindo siguieron con la excelente Especie en extinción, y
enfilaron la parte final del concierto con su particular versión del Call me de
Blondie, irresistible. Finale de su disco Felina sonó a gloria, y con Déjalo
ser dejaron a todo el público coreando la canción y pidiendo a gritos el bis.
Con la emoción a flor de piel interpretaron una emotiva Más
que a todo lo demás, balada clásica donde las haya. Sonó tan bien que incluso
nos olvidamos de los grandes arreglos de cuerdaque tiene en su versión discográfica. Y con la cañera Big Bang acabaron
un gran concierto que dejó satisfecho al público, que tuvo ocasión de acercarse
al final del concierto a una simpática Nat Simons, que agradecida, se hizo
fotos y firmó todo lo que le pusieron por delante.
Pregúntale a Sarah Connor es el sugerente título del nuevo
disco de la madrileña Nat Simons. Publicado a finales de Febrero, es un disco
que rezuma amor por el Rock en su máxima expresión. En él se mezclan todas las
influencias que nos ha mostrado en sus trabajos anteriores. Rock, Glam, Pop y
un poco de Country. Todo ello bien ensamblado, demostrando que conoce
perfectamente el oficio, dando como resultado un trabajo vigoroso y ecléctico
que se escucha en un suspiro y te deja con ganas de más.
Desde su debut en 2013 con Home on High, Nat Simons no ha
parado de grabar y tocar por los escenarios de todo el país. Currándose en los
últimos años desde la más absoluta independencia, una carrera que ha ido en
línea ascendente, y que le ha llevado a su último trabajo, Pregúntale a SarahConnor. Un trabajo autofinanciado con la ayuda de muchos fans. Grabado en
Middletree Studios en Nashville y producido por Álex Muñoz. Fred Eltringham y
Jamie Dick se han ocupado de la batería y percusiones, Joe Pisapia ha tocado el
bajo, alguna guitarra acústica y teclados. Álex Muñoz de las guitarras, Paul
Thacker del saxo y Marina Iñesta, más conocida como Repión, de los coros. Nat
Simons está espectacular a la voz en todos los registros que le piden las
canciones.
Una delicia de disco que está trufado de nostalgia en las
letras, con muchos recuerdos al pasado, o mejor, a la juventud pasada, en temas
como el inicial Delorean, donde nos sitúa en la cultura ochentera con mucha
gracia.
Alain Delon es una canción con un sonido muy stones, que nos
habla de los tíos plastas que van de guaperas, y que fardan de ser más listos y
más cool que nadie. El sonido del saxofón de Paul Thacker le da un brillo
especial.
Llamas de dragón es posiblemente mi canción favorita del
disco. Está construida en torno a un gran riff que la acaba convirtiendo en la
más rockera del lote. En la letra expresa su descontento con la situación social
actual, y es una llamada a la reacción.
Especie en extinción es un grito de liberación y una canción
de reafirmación personal. Me encanta que sea tan rockera tanto en las formas
como en el fondo, o sea en la letra.
Nieve en el desierto es una canción con aire psicodélico
sobre el desamor. Es un dueto con Jairo Zavala, Depedro, y en su letra
repetitiva consigue que entremos en una especie de mantra muy intenso.
Efímero es un tema de aire country que trata el tema del
desamor, y como hay que dejarlo atrás para mirar hacia adelante. Me encanta el
verso “nunca sabrás lo que siento viendo morir nuestro amor tan efímero”.
Haces que mi mundo sea mejor muestra el lado más Pop de Nat
Simons, y tiene una parte que recuerda al mejor Tom Petty, con esa deliciosa guitarra
de 12 cuerdas que suena tanto a los Byrds. Nos cuenta que podemos evadirnos de
los problemas gracias a una canción. Y es que no hay nada más bonito que el
poder sanador de la música. La más noble de las artes.
Vuelve el sonido más stoniano con Quién lo impide. Una
canción optimista que nos anima a ver el lado bueno de las cosas y que apuesta
por la valentía.
Los ojos del peligro gira en torno a otro gran riff, y nos
motiva a ser valientes para luchar por lo que queremos, sin temor a lo que
podamos perder para conseguirlo.
Tan extraño para mí es un temazo que ha compuesto José
Ignacio Lapido para Nat Simons, después de su colaboración en el disco en
directo de Nat, 7 vidas en la sala (directo desde Wizink Center). Para los que
somos fans incondicionales del genio de Granada es un regalo del cielo.
El disco se cierra con un baladón clásico llamado Más que a
todo lo demás. Una bonita canción de amor dedicada a alguien muy especial. Los
arreglos de cuerda le sientan fenomenal.
Pregúntale a Sarah Connor es otro brillante trabajo para
añadir a una discografía excelente. Uno de los mejores discos en lo que
llevamos de año.
Se cumplen treinta años de la publicación de uno de los
mejores discos de los noventa, el 9 de Abril de 1996. Un disco que debería
estar en el olimpo de las grandes obras de la historia del Rock, y que
incomprensiblemente, sigue siendo casi desconocido para el gran público
rockero. No se ha vuelto a reeditar, y nunca tuvo una edición en vinilo, tan
solo en CD y Cassette. Atlantic Records nunca supo qué hacer con una banda tan
personal e inclasificable como Screamin’ Cheetah Wheelies. Cuando publicaron su
excelente disco de debut intentaron venderlos al público de los Black Crowes,
TheAllman Brothers Band y demás tótems del Rock sureño. Pero los de Atlanta
nunca encajaron del todo en esa escena. A ratos podían sonar a Rock sureño,
pero también eran muy Soul, muy Góspel, muy Psicodélicos, Jazzys o muy Hard
Rockeros. Y muchas veces todas esas influencias convivían con naturalidad
dentro de la misma canción. Unas canciones extensas y con mucho espacio para la
experimentación.
Hay quien prefiere su primer disco precisamente por tener
canciones más directas, en general. Pero, creo que con su segundo disco,
Magnolia, tocaron el cielo y llegaron a su cima creativa. Todo en Magnolia es
perfecto. Lo mejor son las canciones, con 4 o 5 obras maestras incontestables.
Canciones de esas que cuando acaban te dejan traspuesto, en otro mundo. Y que
necesitas escuchar una y otra vez. La banda está en estado de gracia en 1996,
con un Mike Farris pletórico a la voz, demostrando que ha sido, y sigue siendo,
una de las mejores voces de la historia del Rock. Si hubiera nacido en otra
época y fuera de raza negra, estaría en el olimpo de los dioses del Soul, como Otis
Redding, Marvin Gaye o James Brown. Rick White y Bob Watkins están espléndidos
a las guitarras, Terry Thomas hace un gran trabajo a la batería y Steve Burgess
se ocupa del bajo. La producción de Michael Barbiero pule el sonido de la banda
y consigue que nada falte, ni tampoco sobre, en un disco de canciones largas y
complejas. Warren Haynes colaboró en el disco, aunque no está claro en qué
partes. Y aunque se publicó en Atlantic, se volvió a grabar un año después
cuando la banda fichó por Capricorn Records, publicándose con una portada
diferente. Quizás por toda esta problemática con los sellos discográficos no
haya habido una reedición. Si algún disco merece una reedición en condiciones
para que los fans puedan hacerse con unas canciones mágicas, es éste. Lo que
daría yo por tener esta joya en vinilo.
Es un disco muy espiritual en sus letras, Mike Farris las
dota de un aire casi religioso, aunque sin hacerlo muy evidente. El espíritu
del Góspel sobrevuela por todo el disco. El tema que lo abre es Backwoods
Travelling, que se inicia con una harmónica cadenciosa y el sonido de unas
guitarras acústicas, que nos llevan por un tema con varias partes musicales,
que evoluciona libremente a la manera de los temas de Jazz. Este disco rezuma
libertad creativa y en cada canción hay desarrollos instrumentales complejos.
Mike Farris ya empieza a dar muestras de que su garganta es sobrenatural. Canta
a la insatisfacción y a los deseos por explorar la vida.
Gypsy Lullaby es la primera canción que compuso Farris en su
vida, como nos contó en su último concierto en Barcelona. Y vaya manera de
comenzar en la composición. Esta canción es un clásico instantáneo, llena de
Groove. Las guitarras, el teclado y la voz se combinan con una naturalidad
asombrosa. Farris tiene arranques en los que su voz tiene lo que aquí conocemos
como “quejío”, donde se rompe a la manera de un cantaor flamenco. Es otro tema
de temática ambigua, claramente Góspel, donde se vislumbra la dicotomía entre
lo carnal y humano frente a la inspiración divina.
Hello From Venus es una joya, una canción que debería ser
considerada como patrimonio de la humanidad. Es un tema melancólico en el que
alguien que ha salido del hoyo y que ha encontrado su luz y su inspiración,
desearía lo mismo para sus compañeros del pasado, que sufren y pelean en una
vida dura en su pueblo de origen. El sonido de un tambor da paso a una guitarra
sinuosa que explota, fluye y se desarrolla en un crescendo emocionante, en el
que la voz se eleva más que nunca, consiguiendo simplemente una de las mejores
canciones de la historia del Rock. Puede que sea la más góspel del lote. Seis
minutos gloriosos que deberían ser de escucha obligada en las escuelas y en las
emisoras de radio del mundo entero. La parte vocal del final siempre me pone
los pelos de punta.
I Found Love es un universo musical hecho canción. En este
tema escuchamos una lección en seis minutos de toda la tradición musical
norteamericana. El inicio sincopado de la batería nos lleva a un funky vacilón
y bailable, que por momentos suena a Góspel, tiene arranques Hard rockeros con
unas guitarras que echan humo, y que evolucionan hacia la psicodelia, para
volver al Hard Rock y fundirse con el Who Do You Love? de Bo Diddley, con
Farris desgañitándose en una exhibición vocal espectacular.
Magnolia es otra canción con muchos cambios de ritmo. Quizás
la más progresiva de su repertorio. Comienza con una intro suave y misteriosa,
con unas guitarras y una harmónica que vaticinan el huracán sonoro que se nos
viene encima, con uno de los mejores riffs de los Wheelies. Hacia la mitad el
tema se da un respiro para coger aire y volver a acelerar en una parte final
espectacular, donde música y voz alcanzan un clímax brutal.
Bajan las revoluciones al inicio de Good Time, una canción
que comienza como un Rhythm and Blues bailable, con un estribillo irresistible,
y que termina totalmente desbocada en una parte final que es puro Southern
Rock.
Messenger’s lament comienza con una batería muy Jazz y va
pasando por una parte progresiva, otra Hard rockera y otro gran riff sobre el
que se vertebra toda la canción. Puede que la más roquera del disco. En la
letra se refleja la lucha de Farris por huir de la autocomplacencia que gira en
torno a las estrellas de Rock. Algo que en el futuro le haría abandonar drogas
y alcohol para refugiarse en la espiritualidad y la religión.
Father Speaks es otro de los mejores temas del disco. Con
una letra dura en la que las palabras de un padre echan en cara a su hijo sus
malas decisiones, y en el hombre en el que se ha convertido. Ese estribillo que
se repite como un mantra es demoledor, "No me decepciones". Musicalmente va de
menos a más, y cuando se desboca es espectacular. Las mejores guitarras del
disco están en esta canción, y escuchar a Farris pasar del susurro al grito con "Don’t ever let me down", es una pasada.
I Dreamed es una canción de aires funkys que nos cuenta una
ensoñación amorosa con alguien al que no se puede agarrar, y al que
irremisiblemente se pierde.
You Are es la canción más jazzística del disco. Una manera
sosegada de despedir un disco musicalmente muy exigente. Las guitarras y el
teclado se funden en un temazo que rezuma buen gusto y en el que la voz de Mike
Farris suena contenida, muy diferente al resto del disco, totalmente al
servicio de la canción.
El grupo puso muchas esperanzas en Magnolia, y el disco no
fue del todo bien comprendido en su momento, lo que acabó provocando pocos años
después su separación. Sacaron algún disco más, también un directo, pero la
magia se fue perdiendo. Después de su separación han vuelto a reunirse muy
puntualmente, y han venido a tocar a España. En España tienen un núcleo de fans
muy fieles que les seguimos adorando. Mike Farris ha venido con diversos
formatos a visitarnos, siempre ofreciendo grandes conciertos. Sus discos en
solitario, con altibajos, son también muy sólidos y disfrutables. Pero lo que
consiguieron en 1996 con Magnolia quedará para siempre como una de las cumbres
del Rock, aunque no tenga todo el reconocimiento que se merece.